Imagen: Eva y Alex

—¿Puede que tenga mi propio plan? —repitió Alisa al día siguiente con una expresión enigmática, como el que analiza un una adivinanza muy complicada.

Asentí con vehemencia.

—¿Qué creéis que significa?

Lauren frunció los labios y me observó de una forma extraña.

—Lena, me gustaría decir algo como que creo que significa que Alex está colgado por ti y tiene su propia cruzada para enamorarte, pero...

¿Por qué? ¿Por qué tenía que haber un pero después de esas maravillosas palabras.

—pero... —la insté a seguir, perdiendo la paciencia.

—Pero un chico como Alex prendado de una sola chica, dispuesto a comprometerse y renunciar a las buenorras que se lanzan a sus brazos...¿esas cosas pasan? Me refiero a aparte de en las películas y las novelas.

Miré a Alisa para comprobar que pensaba ella de lo que Lauren acababa de decir. Había arrugado un lado del labio superior como si algo le diera asco. Al ver que la miraba me sonrió con empatía y tristeza. Sin duda le fastidiaba que la vida no fuera como una comedia romántica.

—Es poco probable —coincidió.

Intenté ocultar mi decepción.

—¿Entonces qué creéis que quiso decir?

Ambas parecieron genuinamente confundidas y yo me hundí un poco más en mi silla.

—Sus motivaciones podrían ser varias, pero lo que está claro, es que no puede ser un flechazo por ti. Alex nunca da rodeos cuando le gusta una chica, va a por ello sin más. Además ni siquiera te ha pedido que le pongas la mano encima. Estar contigo no parece ser su razón secreta.

Lauren lo dijo sin maldad, simplemente analizando los hecho como un detective, pero sus palabas eran como un cuchillo clavándose en mi pecho más y más.

—¿Lena te está empezando a gustar Alex? —.Debió de leer algo en mi expresión—. Os lleváis también, funcionáis muy bien juntos y además te provoca orgasmos...sería normal que tuvieras sentimientos.

—Puede que un poco —confesé, demasiado cansada como para mentir del todo.

Alisa me puso la mano en el hombro.

—Es normal, tendrías que ser un bloque de hielo para ser inmune a él —concedió—. Quizá deberíamos olvidar todo esto antes de que te enamores.

Demasiado tarde pensé, pero me limité a asentir.

Esa misma tarde tuvimos el entrenamiento unisex. Para cuando empezó la clase, yo estaba llena de recelo hacia Alex. Me había pasado las dos últimas clases del día barajando distintas posibilidades que explicaran el interés personal de Alex en nuestro pequeño arreglo.

Empezamos el entrenamiento corriendo alrededor del campo. Escuché silbar a Alex a mi espalda, pero me hice la sorda y aceleré el trote entablando conversación con uno de los chicos que iban delante de mí.

Después de eso, estaba de pie, esperando a que la fila del grupo con el que me había tocado esquivar conos avanzara, cuando noté un balón golpeándome el trasero sin fuerza. Me di la vuelta y vi a Alex mirarme de lejos con una mueca maliciosa. Juntó las manos delante del pecho como si me suplicara perdón.

Forcé una sonrisa sin mucho entusiasmo y volví la mirada a mi fila. No quería ser tan brusca con él, pero después de una noche ilusionada con todo lo ocurrido entre nosotros la tarde anterior y lo que me había dicho antes de que me bajara de su coche, la conversación con mis amigas me había dejado como si me hubieran arrancado el corazón, y en esos momentos me sentía como si Alex estuviera jugando al futbol con él.

El Problema de Lena¡Lee esta historia GRATIS!