Olvidala

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No había pasado mucho tiempo desde que Victor había conocido a Adelo, ese joven poeta que un día simplemente apareció en su vida. Adelo era buena compañía, era alegre, ruidoso, atrevido, extrovertido, entre muchas otras cualidades que Victor jamás soñó volver a poseer. Era buena compañía para su corazón roto, era muy buena compañía esas tardes en que el ciego pintor tomaba su canvas y lo llenaba con pinturas de una manera que solo su astuta mano podía, Adelo siempre quedaba admirado con sus trabajos, como era posible que aun siendo ciego pudiera tan bien manejar colores?

– Recuerda que yo no nací ciego, querido amigo, aún recuerdo todos los colores que vi en mi juventud – respondia Victor

Y esto era verdad, un ricachón artista como Victor no se veía en todas partes, alto, guapo, cabello grisáceo y ojos de un amarillo brillante, un espectáculo para los ojos de cualquier mujer. Sin embargo había algo que deformaba su cara, esa cicatriz que recorría desde su ceja hasta cerca de su boca, Adelo jamás supo que había pasado en la vida de su amigo y no era capaz de preguntárselo, puesto que siempre que mencionaba su cicatriz podía sentir el dolor en el corazón del pintor.

Adelo era un poeta, cabello largo azulado y liso, con una coleta para retenerlo y sus grandes ojos color avellana. Cada semana buscaba una compañera diferente, y cada semana se enamoraba y de la misma forma le rompían el corazón, el joven poseía un libro lleno de poemas dedicados a las mujeres que habían roto su corazón buscando solamente su dinero, sus únicos momentos de consuelo era escribir mientras veía a su compañero pintar con sus dedos desnudos, le encantaba admirar como quitaba el vendaje de sus brazos y así sumergía sus dedos en la pintura para luego trasladarla a el canvas para plasmar una hermosa obra. Muchas veces los colores se equivocaban, Adelo jamás decía nada, la extravagancia como los arboles rojos y las nubes violetas hacia ver a la pintura aún más hermosa que antes. ¿Cómo era el posible de pintar aun sin el don de la vista? "Puedo sentir los colores, amigo mío, tal vez no perfectamente, pero se diferenciar muchos por su textura. Mi piel es delicada, por eso siempre tengo que cubrirla con vendajes."

Vendajes, cicatrices, ceguera... ¿Que había pasado en su vida?

Día a día Adelo se intrigaba más y más sobre aquel extraño que un día encontró en la plaza. Que se le fue presentado por un cercano amigo mutuo quien pensó que ambos podrían llevarse bien por sus habilidades en el arte, y al poco tiempo de conocerlo decidió mudarse a su hogar para así poder ayudarlo, ya que imaginaba que por su ceguera le sería más difícil vivir, y vaya que no se equivocaba.

La casa de Victor era enorme, y al mismo tiempo desordenada. No de ropa sucia o basura como las casas de las demás personas, más bien con pinceles rotos, pintura en la pared y en el suelo, botes vacíos en los sofás y en el resto de lugares, era fácil acostumbrarse a todo aquello y no había mucha necesidad de cambiarlo, más que limpiar uno o dos derrames los cuales podían hacer que el ciego resbalase.

Era un día como cualquier otro, Adelo se encontraba caminando hacia la cocina para tomar un té o un café, aquello que saliera más fácil de hacer, cuando escuchó ruidos provenientes de la habitación de su amigo, no entendía bien si eran sollozos, gritos o lamentos, mientras más se acercaba, más claramente se escuchaban, hasta que, lleno de curiosidad, abrió la puerta revelando a su compañero hincado frente a la pared, jamás había estado en la habitación de Victor hasta ese día, y lo que vio lo dejo en total shock.

Era la cara de una mujer pintada en la pared, sin embargo parecía que se hubiera pintado una y otra y otra vez, y que cada vez era para arreglar la anterior. A los bordes se veían manchas de pintura, como si hubieran lanzado un balde para cubrirla y nuevamente la pintaran. Se podía ver también como en esta nueva alguien había pasado su mano en toda la mejilla derecha, para llevar toda la pintura deformando su rostro, y esa no parecía la primera vez. Victor se encontraba sin camisa, su cuerpo lleno cicatrices de quemaduras y pintura, Adelo no supo que sentimiento se estaba apoderando de él, pero con la delicadeza de un amante levanto a Victor y lo sentó junto a él en la cama, tratando de calmarlo, él era un poco más alto que Victor, por lo que perfectamente podía abrazarlo para consolarlo. El ciego pintor no opuso resistencia, simplemente sollozó en los brazos de su amigo.

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