Capítulo XXIII

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Pelea


William


Dejamos la casa del Fer.

Yo quería quedarme ahí hasta que terminaremos con todo. La casa de la suegra de Kawi... ¡Si, no me importa que se encabrone el grandote! ¡Ese arroz ya se coció!

Kawi se pone a gruñir si le digo: ¿Para cuándo la boda con el Fer? ¡Si se nota que ahí hay amor Apache! Y no lo digo por la ascendencia indígena de mi compadre grandote, sino porque se me hace que esos dos se van a dar un beso y una patada todo el tiempo. Ahora que Fer ya no es un debilucho ser humano hay que andarse con cuidado con él.

En fin, decía que me quería quedar en la casa de la suegra de Kawi porque la señora ¡Cocina bien rico! De haberlo sabido yo si me hubiera ligado al Fer.
Pero, no lo sabía.
¡Ya ni modo!
Además, este corazón y está cuerpazo de infarto ya tiene dueña. Aunque la dueña me haya lanzado a los bordes exteriores de la Friendzone.

Y Kawi, como el mandón que es, que sólo su voluntad es ley y los demás tenemos que obedecer o ser golpeados salvajemente por el grandote, y como a mí no me gusta ser golpeado innecesariamente, pues no tuve más remedio que seguirlo para aventurarnos en la gran ciudad.

Yo no he estado mucho en la capital. Crecí en... Bueno, mejor eso te lo cuento otro día.

Kawi tiene departamento en la Ciudad. Viajamos hacia el poniente a una zona bonita, se nota que es de dinero. Nadie creería que Kawi tiene dinero y que es bastante cosmopolita. Con su aspecto y como le gusta disfrazarse de persona sin recursos, he visto que mucha gente lo pasa por alto. Es difícil pasar por alto a un hombre tan alto... Pero la gente es tan idiota y prejuiciosa que logra hacerlo.

Lo bueno de su casa en la Ciudad es que la tiene alquilada. Dos niveles los ocupa una familia y en azotea hay un departamento bastante decente de dos recamaras. Así que siempre está limpio a iluminado, en buenas condiciones

Fuimos a comprar comida para un par de días y llegamos a bañarnos, cambiarnos la apestosa ropa y a dormir como lirones anestesiados. Kawi dijo que había que darle tiempo a Fer de aceptar las cosas y organizar sus ideas.

Y pues Kawi sabe lo que hace ¿No? Y si no sabe, pues es su problema. Aquí el líder, afortunadamente, no soy yo.

Como a las once de la noche tocaron a la puerta. Estábamos viendo una película. ¿Y a quién crees que le tocó abrir? ¡Claro! ¡A mí! Te digo que este Kawi piensa que soy su sirviente.

Era Heeka.

Te lo juro que si no lo conociera, si me da el gatazo. Llegó vestido con un traje gris muy elegante. Digo, es bajito y moreno pero luce como millonario, con esa ceja alzada y la mirada altiva.

Entró, obviamente sin saludar ni agradecer que le abriera la puta puerta.

Kawi se levantó para saludarlo y abrazarlo. ¡O sea! ¿Por qué a mí no me abraza y me saluda? En este grupo de serpientes soy el más discriminado. Ya estaba cerrando la puerta cuando escuché un "¡Auch! ¡Fíjate Tarado!" con la voz enojada más dulce del mundo.

Era Mara. Sus rizos desordenados, si cara delgada y bonita. Me empujó con todas sus fuerzas que si son muchas y se metió. Bueno pues ya, dejé que me maltratara. Todos me maltratan.

— ¿Dónde está Ba'wa?—Preguntó Heeka—Debemos comenzar de inmediato.

—Él no está aquí ahora...—respondió Kawi. Si las miradas mataran, Kawi estaría muerto. ¿Y yo? Remuerto.

Ba ' Wa¡Lee esta historia GRATIS!