Capítulo 21

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El hospital estaba en penumbra. Los destrozos ocasionados por los infectados habían acabado con los fusibles y sólo podíamos ver con la débil luz anaranjada de las farolas que entraba por las ventanas mezclada con el reflejo del fuego que había en la planta baja. Styan y yo nos sentamos en unas sillas que había en el largo pasillo y suspiramos profundamente al mismo tiempo, lo cual provocó unas breves sonrisas.

—Quién nos iba a decir que íbamos a acabar así cuando nos levantamos por la mañana en la astro-academia, para ir a clase ¿eh?— dijo sonriendo sin gana.

—Sí.

—No me puedo creer que June ya no esté con nosotros.

—Yo tampoco.

—La echo de menos.

Asentí con tristeza. Sentía que Styan me escrutaba con la mirada y empecé a ponerme nerviosa. Él sabía que me pasaba algo y que, fuera lo que fuese no quería hablar. No podía permitir que supiese sobre el cuaderno y su contenido. Bastantes problemas me había causado a mí misma por meterme donde no me llamaban.

Volví a tomar aire y bajé la vista hacia mis manos, que estaban reposadas sobre mis rodillas. Las tenía sucias por el hollín que impregnó las superficies del hospital. Eché de menos la comodidad de mi hogar, en donde me lavaba las manos cuando estaban sucias, dormía cuando estaba cansada y comía cuando tenía hambre. Un súbito agotamiento se apoderó de mí y me di cuenta de que realmente estaba extenuada.

—Tal vez deberíamos dormir un poco. En poco tiempo volveremos a nuestra época y necesitaremos estar despejados— empecé a ponerme en pie, pero Styan me agarró de la mano impidiendo que terminase de levantarme. Perdí el equilibrio y caí sentada sobre sus rodillas. Intenté levantarme, pero me lo impidió.

—Ada, no te vayas. Quédate conmigo— me abrazó y me puse tensa. No esperaba aquella reacción. No era la primera vez que me abrazaba, sin embargo, tal vez por las circunstancias y por mi enorme tristeza, mi corazón palpitó deprisa.

Le devolví el abrazo y pasamos unos minutos así. Él no lo sabía, pero un abrazo era justo lo que necesitaba en aquél momento, con el corazón roto y los sentimientos a flor de piel. Me pareció sentir que unas lágrimas silenciosas mojaban mi hombro.

—Styan...— murmuré preocupada.

—¿Qué vamos a encontrar cuando volvamos? Omega ni siquiera existe ya... Y si vamos a Alfa, es posible que no nos guste lo que encontremos, ahora que sabemos la verdad.

Me incorporé y volví a sentarme en la silla a su lado. Yo era la que buscaba ser consolada, sin embargo, olvidarme de mi propio problema era lo mejor que podía hacer.

—No lo sé, Styan. Lo único que sé es que llegamos aquí por error para salvar nuestras vidas y que debemos volver a donde nos corresponde. Intentaremos salvar la Tierra en nuestra época, ahora que sabemos qué pasó y cómo combatirlo.

Styan suspiró cansado y se puso en pie, aproximándose a una de las ventanas del pasillo. Le imité y me paré a su lado.

—No sé si vamos a sobrevivir a lo que nos espera. Si combatiremos sólos o encontraremos aliados. No sé si moriremos después de ésto...

—Styan no digas eso— le reprendí.

—Pero antes de hacer nada, necesito escuchártelo decir, Ada— no me miraba. Su vista estaba clavada en la adormecida masa de cabezas que había frente al hospital esperando que el fuego remitiese para poder entrar.

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