Capítulo 68.

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—No—Dice enfadado—. No te casarás con él.

—Y dale... Yo quiero a Peter.

Me agarra las manos, lo que me trae tranquilidad, no sé por qué.

—No te cases... por favor.

Se acerca y joroba un poco para de nuevo hacerlo pero me alejo.

—No, no lo hagas.

—Nena...

—No, para.

Subo al coche y me dirijo a casa.

¿Por qué estoy así?

Me meto en la cama para intentar dormir pero me es imposible. Cuando estoy con Peter, cuando estoy con Tom. Tom me hace reír y sonrojar. Los pelos se me ponen de punta al mirar a Tom y a Peter también. Cuando siento sus...

Jenn... para.

Me levanto de la cama y me pongo mis sandalias. Tomo el móvil y escribo.

Yo: Ya tengo una respuesta, nos vemos en la cafetería White.

Nadie me dirá si me caso con él o no. Esto lo haré por que quiero.

Camino hasta la cafetería cuando le veo. Está caminando hacia mi dirección viendo el suelo. No hay nadie por la calle, hace demasiado calor. O al menos para mí.

Grito su nombre corriendo, él levanta la mirada y me espera con los brazos abiertos. Salto encima suya.

—Te quiero.

—Nena.

—De acuerdo, no lo haré.

—Me alegra tanto escuchar eso.

—Cuando estoy con Peter no es como cuando estoy contigo. Tú me haces reír y sonrojar. Peter... pocas veces. Los pelos se me ponen de punta al mirarte, pero a Peter no. Él me da una extraña sensación...

Tom me besa.

Peter no me hagas daño.

Digo entre sollozos.

Te quiero, nena.

Veo a Tom sonriéndome.

Si te mueres, no pienso ir a la cárcel por tu culpa.

Flashbacks aparecen haciendo que me duela la cabeza.

Inútil.

Cerda.

La cabeza me duele aún más.

Me besa mientras cierro los ojos.

Me tranquilizo al sentirle...

Me separo de él soltando su cuello.

—¡Jenn!— Me sujeta antes de caer al suelo.

—¿Tom?— Pregunto.

—Sí, soy yo.

—Tom...— Mi vista se vuelve borrosa.

Y vuelta al hospital... Me paso mi vida en el hospital. Dentro de poco tendrán una habitación exclusiva para mí.

Tom me ayuda a caminar como puedo. El dolor de cabeza es tan grande que escucho pitidos por todas partes. Él mueve la boca, pero no me entero de qué está hablando.

Una vez en su coche, mi vista se queda en el techo. Parezco drogada, pero es lo que puedo hacer.

—Doctora.— Tom llama.

La mujer se acerca rápidamente.

—No sé qué le pasa, padecía de Amnesia y esta tarde pudo recordarme. De repente se puso así.— Explica.

Una chica trae una silla de ruedas y me sientan.

—Ya hablaremos con usted. ¿Cómo se llama?

—Jennifer Muller.— Responde mirándome.

—Espere, por favor. Luego irá alguien a informarle.

Me llevan por un pasillo y entro en una habitación. Rápidamente me trasladan a una camilla y luego la mujer me abre los ojos iluminando con una pequeña luz.

—Dime hola.

—Hola...— Gimo.

—¿Qué te duele?

—La cabeza.

Antes de que pueda seguir, me desmayo en la camilla.

—¡Llama al doctor Marsh!

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