Capítulo 1: Libres

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~Cuba 1962~
Ahí se encontraba Erik de pié junto a Shaw que ya hacía tirado en el piso muerto, intentaba convencerlos a todos de que los humanos los odiaban, y no estaba equivocado ya que cientos de misiles se dirigían hacia ellos.

Erik sin problemas los detuvo e hizo que dieran la vuelta. Charles intentó detenerlo y en medio del debate entre ambos sufrió un colapso y cayó al suelo. Su amigo se acercó preocupado olvidando por completo los misiles. Se arrodilló junto a Charles, se quitó el casco e intento hacer que su amigo le dijera que se encontraba bien.

-Charles amigo, háblame-decía desesperado el rubio.

Los demás observaban la escena impactados, no sabían lo que pasaba. Al parecer se colapsó sin causa aparente.

-Estoy bien amigo- dijo Charles sonriendo débilmente. Ambos se incorporaron con dificultad.
Erik miró a su alrededor confundido mientras los demás se acercaban hacia ellos.
Y pasó lo inimaginable, Erik dejó de lado su "causa" y prefirió ayudar a su amigo Charles.

Después de lo ocurrido aquel día en la playa, todos optaron por volver a sus respectivos hogares.

Ese día dos grandes potencias habían aprendido que con los mutantes no se podía. Eran superiores a ellos y lo sabían. Hubo miedo y esto cada vez crecía más.
El mundo estaba consciente de la nueva raza que caminaba en el mundo y aprendieron la lección de no meterse con ellos por lo pronto.

Moira volvió a su trabajo sin recordar nada de lo ocurrido lo cual causó extrañeza entre los agentes.
De los secuaces de Shaw no se volvió a saber.
En cuanto a los X-Men, eran mejores amigos que antes, sin embargo, cada quien tomó su camino "un descanso", diría Charles, con la promesa de que se reunirían si fuera necesario.

Los días siguientes todos empacaron sus cosas de la mansión Xavier y uno a uno fueron abandonando el lugar dejando solos a Charles y Erik, quienes decidieron que merecían unas vacaciones.

Los próximos meses ellos se paseaban como los mejores amigos que eran. Cada que querían visitaban una ciudad diferente del mundo.
De día se la pasaban haciendo bromas y divirtiéndose como los jóvenes que aún eran, pero en las noches se iban a los clubes como dos galanes.
Como sabemos Charles era un maestro seduciendo a las chicas y conquistaba muchas con su agradable forma de ser. Erik no tenía la misma suerte con ellas, de vez en cuando captaba la atención de una para terminar siendo abofeteado por ella debido a su fría actitud y por más que Charles le ayudaba, no lo conseguía pero eso no les impedía seguir divirtiéndose. Ambos salían riendo al ver la cara de cada chica nueva a la que Erik hacia enojar, esa era la rutina, y con el tiempo decidían si era hora que cambiarse de ciudad.

La vida ahora más que nunca era increíble, ambos se sentían felices y libres, no tenían que preocuparse por nada ni nadie, era libertad pura.

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