Veintisiete

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Todo le seguía dando vueltas a Sam. Lo sucedido en la caravana había sido tan intenso que todavía no podía procesarlo. El individuo asqueroso, el cuchillo, la pelea, su mejilla. Y luego, Samantha. Lo había matado. Había sido asombroso. ¿Quién era ella en realidad?

Cuando estuvo sentado en la terraza cubierta del merendero de la carretera, cuando la tuvo frente a él, la miró con intensidad. Se sentía más atraído por ella que nunca pero, también, más preocupado. Debía ser cauteloso. La vampira parecía completamente relajada bebiendo su batido de vainilla. Sam no lo entendía. ¿Era la misma chica? Ahí estaba, tan serena y ardiente; la increíble muchacha con la que le encantaba estar. Pero también era esa loca psicótica que había asesinado al pedófilo sin siquiera parpadear. ¿De verdad estaba interesada en Sam?

Todo fue tan rápido y el lugar tan oscuro, que el chico no estaba seguro de lo que había pasado. Se acordaba del ruido, del espantoso crujido que oyó cuando ella le rompió el cuello al hombre; y también recordaba que había visto el cuerpo de éste aflojarse y caer al suelo.

Parecía que estaba muerto, pero no podría asegurarlo. Tal vez Samantha sólo lo había noqueado; aunque, de todas maneras, ¿cómo? El tipo era fuerte y tenía un cuchillo.

Por millonésima vez, se odió a sí mismo. Había sido tan estúpido, tan ingenuo... ¿Cómo se le ocurrió creerle?, ¿cómo pudo caer en la trampa de un depredador cibernético?, ¿en verdad era tan idiota?, ¿en qué estaba pensando? También se sentía muy avergonzado, sobre todo por eso. Ahora estaba más convencido que nunca de que jamás encontraría a su padre.

Para colmo, había arrastrado a Samantha en todo aquel enredo y ni siquiera la había podido proteger. En lugar de eso, fue ella quien salió en su defensa. Qué vergonzoso. Lo más seguro era que lo considerara un idiota.

A Sam le preocupaba que se fuera, pero no podría culparla si lo hacía.

Samantha miró su mejilla y le preguntó:

-¿Te encuentras bien?

Entonces él se acordó y se quitó el pañuelo de papel que tenia pegado a la cara. La revisó. La hemorragia se había detenido, pe ro todavía le dolía muchísimo.

-Sí -contestó y luego la miró y se dio cuenta de que ella no tenía ninguna herida-. Y... dime, ¿cómo lo has hecho? Me refiero a... ¿cómo te has deshecho de él así?

Samantha se encogió de hombros.

-He hecho kárate la mayor parte de mi vida. Espero no haberte asustado, pero ese tipo era peligroso y no quise correr ningún riesgo. En realidad le apliqué una técnica bastante sencilla. Puedo enseñarte cómo hacerlo.

Ella siempre encontraba la manera de hacerlo sentir mejor. Era como si adivinara lo que estaba pensando y luego hiciera lo necesario para tranquilizarlo. Era fabulosa. En ese momento, todas sus preocupaciones salieron volando por la ventana.

-Lo siento mucho -se disculpó él-. Soy un verdadero idiota; no puedo creer que te haya llevado a ese lugar...

-Oye -lo interrumpió Samantha-, queríamos dar un paseo, ¿no?

Él la miró y ambos empezaron a reír a carcajadas.

La tensión se relajó.

Sam le dio un enorme bocado a su hamburguesa y Samantha se fijó en su muñeca; de inmediato, lo sujetó con sus gélidas manos.

Sam bajó la hamburguesa; no sabía lo que ella trataba de hacer. Samantha tiró a Sam del brazo y se quedó mirando su reloj. Estaba mirando su reloj.

Su expresión había cambiado por completo; ahora estaba muy seria, como en trance.

-¿Qué pasa? -preguntó Sam.

-¿De dónde lo has sacado? -le preguntó con muchísima gravedad.

Él miró el reloj; ya había olvidado que lo llevaba puesto. Siempre lo usaba, desde que era pequeño. Era parte de él y ya ni siquiera era consciente de su presencia. Era un reloj bastante raro, tenía que admitir, pero, a pesar de eso, no podía entender por qué Samantha lo miraba de esa forma.

-Es de mi padre -dijo-, o al menos, creo que le pertenecía. Era demasiado pequeño y no lo recuerdo. Siempre lo he tenido.

Sam lo miró con curiosidad. Estaba fabricado con algún metal raro; él siempre había pensado que se trataba de una aleación de platino. Tenía unos grabados peculiares a los lados. De hecho, parecía bastante antiguo y su tictac era un poco raro. Curiosamente, jamás había tenido que darle cuerda ni cambiarle la pila. Siempre funcionaba y daba la hora a la perfección.

Samantha lo recorrió con sus dedos.

-Toma -le dijo él, y se lo quitó-. Vamos, examínalo. Póntelo si quieres. Tiene algo genial en la parte trasera, pero nunca he podido descifrar su significado. -Se lo entregó.

Cuando lo tuvo en la palma de la mano, Samantha lo admiró con ilusión. Le dio la vuelta y lo revisó con mucho cuidado. La vampira había quedado estupefacta; genuinamente sorprendida.

-¿Qué pasa?, ¿puedes leer lo que dice? Creo que es como francés o algo así -comentó Sam.

-Es latín -corrigió ella en un murmullo. Se había quedado sin aliento.

Samantha miró a Sam con sus hermosos ojos bien abiertos, llenos de sorpresa y emoción.

-Significa: «La Rosa y la espina se reúnen en Salem»

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El final esta cerca queridos lectores, no mueran de ansias xp, estamos a dos capitulos de terminar este libro.

Amores (Libro #2 de Diario de un Vampiro)¡Lee esta historia GRATIS!