Veintiséis

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El yate se detuvo en el puerto de Edgartown. Kyle ya no podía esperar más, así que saltó casi diez metros desde la cubierta y aterrizó con destreza en el muelle. Al ruso lo dejó atrás para que amarrara la embarcación.

Pisar tierra firme lo hizo sentir mejor de inmediato.

El muchacho se apresuró. Apagó el motor, echó el ancla y siguió a su amo.

-¡Oigan, no pueden atracar aquí su barco! -oyeron gritar a un hombre barrigudo de mediana edad con las mejillas rojas-. ¡Es un muelle privado! Está reservado para...

Antes de que terminara la frase, Kyle lo sujetó del cuello con una sola mano y apretó con tal fuerza que lo levantó más de un metro del suelo y lo sostuvo en el aire.

Al hombre se le salieron los ojos de sus órbitas y la cara se le puso morada. Kyle hizo una mueca y, con un solo movimiento, lo arrojó al agua.

El vampiro esperaba haberlo matado; tal vez debió estrujarlo por más tiempo.

-¿Quieres decirme dónde está la chica? -preguntó Kyle entre dientes.

El ruso miró alrededor con nerviosismo. Trataba de orientarse. Levantó la nariz y husmeó en todas direcciones.

-Si la has perdido, te mato -musitó Kyle, amenazante.

El ruso volvió a husmear y se detuvo cuando señalaba hacia la avenida principal.

-Ha ido por allí -señaló.

Caminó hacia la avenida y Kyle lo siguió de cerca.

Kyle y Sergei subieron por la escalinata de la antigua iglesia ballenera de Edgartown. Al llegar a las puertas abatibles, Kyle las abrió de una patada, sin aminorar la marcha.

El estruendo fue considerable y Kyle atravesó el vestíbulo hasta llegar al centro del templo. Sergei iba detrás de él. Se detuvieron en medio de una gran sala y miraron a su alrededor.

No había nadie.

Kyle sujetó al ruso por los hombros.

-¡Estoy cansado de esto! -gritó-. ¡¿Dónde está?!

-Donde jamás la encontrarás -se oyó una apacible voz desde la parte trasera de la iglesia.

Kyle y Sergei se dieron la vuelta al mismo tiempo.

Allí, en la entrada, estaba Roger muy tranquilo.

Kyle percibió el cambio de energía y supo que se enfrentaba a uno de los suyos. Por fin. No más humanos para jugar. Por fin se estaban acercando.

Kyle avanzó poco a poco con Sergei a su lado.

-¡Ni lo sueñes!; tú me vas a decir exactamente dónde está, quién es, quién la acompaña y adónde se dirige -le dijo a Roger para presionarlo.

El guardián dio unos pasos hacia ellos y luego, de repente, cogió algo que les lanzó con rapidez.

Era una larga y afilada lanza de vampiros que se dirigía a ellos a toda velocidad. Kyle se agachó justo a tiempo, pero Sergei no. La punta de plata de la lanza le rasgó la cara; atravesó la piel y le cortó la mejilla antes de continuar su trayectoria. No fue un golpe directo, pero sirvió para provocarle una fuerte hemorragia.

Sergei gritó de dolor y se llevó las manos al rostro cubierto de sangre.

Kyle no titubeó. Subió tres escalones, dio un salto y, con ambos pies, le plantó una fuerte patada a su oponente en el pecho. Roger salió disparado hasta que se estrelló contra la pared.

Antes de que pudiera incorporarse, Kyle ya estaba encima de él intentando estrangularlo. Percibió la energía de Roger y se dio cuenta de que era un vampiro de los antiguos; un vampiro tan viejo que ya no tenía la misma fuerza de antes. Kyle era superior y sabía que lo podría matar con facilidad. Pero antes se iba a deleitar torturándolo..., y se iba a tomar todo el tiempo del mundo.

De repente Kyle notó que Roger hacía un rápido movimiento con la mano. Vio una luz amarilla y, antes de reaccionar, lo supo.

Se acababa de meter en la boca una pastilla para suicidarse.

Era demasiado tarde.

Su cuerpo se quedó sin vida en los brazos de Kyle.

Furioso como nunca antes había estado en su vida, Kyle echó la cabeza hacia atrás y aulló. Fue un rugido primitivo que provocó que todas las ventanas de la iglesia se hicieran añicos.

Amores (Libro #2 de Diario de un Vampiro)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora