《00》

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Llegó a su departamento después de darse de bruces contra la pared del pasillo y casi caer dos veces por las escaleras. Y no porque estuviese borracho. Cerró la puerta de su habitación y apoyó la espalda contra ella, dejándose resbalar hasta el suelo. Incapaz de sostenerse de pie agotado por tener que subir cinco pisos en escalera, en un estado tan deplorable, ya que otra vez el ascensor estaba descompuesto. De hecho no recordaba que algo funcionase en esa pocilga, alguna vez. Colocó los brazos sobre las rodillas y la cabeza encima, cerrando sus ojos como si pudiera borrar toda la mierda que había pasado ese día.
-Mierda... -murmuró dolorido, y malditamente enojado consigo mismo. Como si no tuviese suficiente ya con sentirse un fracasado impotente ahora podía declararse el idiota más grande de la ciudad. Corrección. El puto más estúpido. Cometió un error de principiante, de aficionado, solo por un par de billetes más. Es que deseaba tanto la calefacción nueva. Ese invierno estaba siendo realmente duro. Se frotó el rostro magullado con las manos sucias, con su propia sangre seca y el sabor a semen todavía en la boca.
Una especie de calambre lo recorrió de pies a cabeza aguijoneando sus terminaciones nerviosas y provocando espasmos que retorcieron sus tendones. Se golpeó la cabeza contra algo duro mientras los ojos se le ponían en blanco jadeó en voz alta y los pulmones se violentaron un momento para luego abrirse, absorbiendo el aire.
No tenía la fuerza para levantarse, por un largo momento permaneció allí, con los ojos entrecerrados sin brillo alguno, la habitación a oscuras y las persianas metálicas a medio cerrar, en pausa. Levantó el brazo con torpeza para dejarlo caer encima de sus costillas. Sintió los movimientos de su caja torácica arriba y abajo y notó el latir de su corazón contra la palma de la mano y supo que estaba vivo.
Sonrió con cinismo.
Si fuese de aquellos esperanzados de corazón, pensaría que el esquivar una vez más a la muerte era por algún tipo de propósito especial, un futuro más encantador y menos asqueroso lo esperaba. Pero él no era así, llevaba más de la mitad de su vida siendo consciente que él nada bueno traía consigo. Pues su madre se lo había repetido hasta el cansancio y cómo no creerle a quien te ha parido.
Solo era un malparido con suerte. Pero quizás algún día su suerte se acabe. La pregunta era si a alguien le importaría. El vacío que llevaba permanentemente en el pecho carcomió un poco más de él. No tenía familia y él único que le quedaba no parecía saber siquiera quién era.
De repente se sintió débil, melancólico y aún más estúpido que hace unas horas. Acusó a los golpes de ese repentino arranque depresivo. Él no era patético, no pensaba en esas fechas como algo importante. Atrás había quedado el niño que lloriqueaba porque quería una mesa adornada perfectamente, con rica comida, una familia sonriente y muchos regalos. Él ya no guardaba deseos, no añoraba nada. Pues para ser sincero se había cansado de obtener solo golpes, gritos y heridas.
Se mordió el labio con fuerza negando el nudo que se aguijoneaba su garganta, quemándolo.
Allí roto, no más por fuera que por dentro observo las luces que empezaron a iluminar el cielo puntual con sonoros estruendos, gritos de euforia y una que otras voces deseando "Felicidades".
-Feliz Navidad Jimin.- susurro para el mismo antes de volver a envolverse en un abrazo.
Y solo por esa noche, aun en contra de sí mismo, quizás porque era la noche más fría de todas, porque los golpes aun roían sus músculos Jimin volvió a ser ese niño débil harapiento que lloraba porque su mamá lo quisiera.

Fix Me {Kookmin} ¡Lee esta historia GRATIS!