Reto 25

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Consigna: Escribe un relato sobre un personaje que en su infancia fuera pobre y ahora rico, o viceversa.


EL VENGADOR

Y nunca imaginé que las cosas podrían ser tan difíciles. Estaba acostumbra a tenerlo todo sin ningún esfuerzo, estaba acostumbrada a que todo me sobrara y a no valorar nada. Por eso ahora —que debía trabajar por lo que necesitaba— todo era demasiado complicado.

Papá siempre dijo que era el esfuerzo del trabajo lo que daba frutos. Pero yo nunca le vi esforzarse realmente. No al menos como se esforzaba Danilo nuestro jardinero o la señora Martha de la limpieza en sus oficinas.

Pero no estoy diciendo que él no hiciera nada. Después de todo mi padre era el dueño y director de esa empresa que era el patrimonio familiar. Una empresa que siempre creí me pertenecería. Y no ocurrió.

Ahora que lo pensaba con detenimiento, me daba cuenta que no pensé nunca en mi futuro. Tal vez porque no debía decidir nada para él. Mi futuro era claro. Yo me casaría con alguien que fuese capaz de administrar esa empresa que me sería heredada algún día. Pero tampoco pasó.

Y la verdad es que nunca imaginé que llegaría el día en que debería trabajar, pero trabajar en serio, para poder comer.

Había escuchado tantas veces que "El que no trabaja no come" pero, para mí, trabajar no englobaba trabajo físico ni dolorosas ampollas en mis manos. Tampoco significaba ese ardor constante en las piernas solo comparable a tres días seguidos en tacones sin parar. Para mí trabajar era lucir bien frente a muchos en un banquete, no fregar azulejos con ropa holgada y los cabellos desalineados.

Estaba preparada para asumir mi papel de mujer educada y elegante. Es por eso que no acepté del todo lo que ahora debía ser. Casi esclava en la casa de un patán que hace un año se hiciera con la fortuna de mi familia.

"Un simple ajuste de cuentas" dijo el joven hijo de un ex socio de mi papá. Un chico del que hace más de una década no sabía nada. Para mí solo había desaparecido, pues negocios no era algo que me contaran cuando fui niña.

Pero, al parecer, hace más de una década, un negocio en que nuestros padres trabajaban en conjunto salió mal, y su padre fue quien asumió la responsabilidad, quedándose sin todo, quedándose con nada.

"Mi padre era el culpable" o al menos fue lo que dijo ese chico del que no había recibido ninguna de las sonrisas que amé cuando fuimos niños. Ahora él poseía un rostro duro y frío. Ahora él tenía solo expresiones de reproche, de odio y todos nuestros bienes y propiedades.

Fue allí donde todo cambió para mí. Con su presencia mi vida y futuro conocido se fueron al caño. Yo me quedé sin nada. Pues después de perder todo lo que, con el trabajo de toda su vida, papá había conseguido se dejó ir en su lujoso auto a un barranco, perdiendo la vida.

Mamá se volvió loca, al parecer una realidad donde era pobre no cabía en su cabeza. Y yo debí aceptar la oferta de ese chico —que me miraba con recelo y reproche— de trabajar para él a cambio de las cuotas del hospital psiquiátrico y mis gastos básicos —que no cubrían más que alimentación y hospedaje prácticamente—.

Ahora trabajaba como mucama en la casa de uno que, hace diecisiete años, fuera mi amigo. Era la criada de un chico que antes me mimaba y ahora me exigía. Era la gata de un hombre que antes sonreía y ahora siempre tenía el ceño fruncido.

Tal vez ya lo imaginen, pero soy bastante inútil en el campo que ahora me desempeño. Fregar, sacudir, barrer, trapear, ya ni hablemos de cocinar, soy un total desastre en todo. Yo en serio que estaba preparada para ser como mamá, una señora de alta sociedad que vivía para ser buena imagen.

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