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Reto 50

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Consigna:  Escribe un relato sobre una fiesta, un grito y una mentira que cada vez crece más.



¡SORPRESA!

—¡Ahhhh! —el grito arañó mi garganta—. ¡Me sorprendiste! —dije alterada después de deshacerme de la mano que segundos antes cubrió mi boca.

—Esa la idea —dijo burlón el joven que me abrazaba. Yo no podía dejar de temblar. Me había escapado de la fiesta de mi madre para estar en soledad, y llegando a mi habitación me encontré con alguien que en serio no me esperaba.

—¿Qué pasó? —preguntaron mi hermana y madre que habían venido a buscarme para que no me escabullera como la última vez. Empujé a mi hermano hasta el baño donde lo encerré y me recargué a la puerta recién cerrada.

—¡¿Por qué gritaste?! —preguntó mi madre angustiada y yo me concentré en que no quisieran ir al baño. La llegada de mi hermano era su regalo sorpresa. Además aún estaba muy alterada por el susto, y a mí no se me da bien razonar bajo presión. Por eso dije lo primero que se vino a mi mente.

—¡Un ladrón! —dije y pude sentir la mirada matona del joven en el baño. La cara de mi madre era de tal horror que me dolió el estómago, y mi nerviosa hermana menor ocultándose tras las faldas de mi madre me hicieron querer golpearme también.

«¡¿Un ladrón?, ¿en serio?... ¿no se te ocurrió que era mejor un ratón?» los reclamos de mi conciencia. Pero yo advertí que no se me daba bien pensar bajo presión.

—¿Para donde se fue? —preguntó mi madre y, debiendo seguir con el plan actual, dije: —Por la ventana.

«¡¿En serio?... ¿por la ventana del segundo piso que da al patio?» me golpeé internamente, arrepentida de mis palabras mientras escuchaba a mi madre sugerir que el inexistente ladrón se había dirigido a la cocina y ahora podría estar en cualquier parte de la casa.

—¡Vamos por las escobas! —ordenó mi madre y yo chillé. Esto se convertiría en una cacería de aire. El ladrón no existía. Mi madre tomó a mi hermana de la mano y la arrastró afuera. Yo hice una rabieta contra mí misma y cerré mi puerta con seguro.

Mi hermano salió del baño mirándome furiosamente. Lo entendía, pero en serio que no lo pensé.

—¿Un ladrón?, ¿en serio? —preguntó y me disculpé—. ¿Ahora qué? —cuestionó y moví la cabeza indicando que no tenía ni la más mínima idea. Mi madre era mujer de armas tomar. A este momento seguro tenía a toda la familia con sartenes, palos y escobas buscando al maldito ladrón por todas partes. Seguro había atrincherado la entrada para que, el que osó entrar en una casa ajena sin permiso, no saliera sin una buena paliza. Así era mi madre.

—¿Y si te disfrazas de ladrón? —sugerí y el joven frente a mí me miró como si yo estuviera loca. Y, aunque yo no estaba loca —digo, si era algo despistada, distraída, impulsiva y medio idiota... pero no estaba loca—, si era una locura lo que estaba sugiriendo.

—¿Y recibir escobazos en lugar de abrazos?, no volví para eso —dijo mi hermano negándose rotundamente a mi idea.

—¿Por qué te encerraste? —preguntó mi tía golpeando la puerta de mi habitación—, anda cobarde toma un bate que mataremos al ratero —dijo y mi hermano abrió tan enormes los ojos que juro que casi se salían de sus cuencas. Yo hice un berrinche insonoro. Esto se estaba poniendo mal.

—Después del primer escobazo diré que eres tú —prometí. Necesitábamos ponerle un alto a esto antes de que mi madre decidiera que el ladrón era uno de los asistentes a su cumpleaños y nos enjuiciara a todos.

—Sí tan solo pensaras antes de hablar —suspiró mi hermano—, ¿te creerán? —cuestionó pensando en aceptar mi propuesta. No lo sabía, pero era lo mejor que podíamos hacer.

—Somos gemelos... sentiré tu aura —dije intentando ayudar a mi hermano a aceptar su destino, pero logrando el efecto contrario.

—Si me matan te jalaré los pies en la noche —prometió él y yo me estremecí. Me dan mucho miedo los fantasmas.

—Voy a detenerlos a tiempo —aseguré y le pasé una pantimedia que, después de un puchero, se colocó en la cabeza—. Voy a extrañarte —dije y grité tan fuerte que me escuchó la colonia entera. Entonces lo empujé y abrí la puerta para que la horda familiar ajusticiara al falso amante de lo ajeno.

—¡Soy yo!, ¡Soy yo, mamá!, ¡Mamá deja de pegarme! —comenzó a gritar mi hermano sacándose la capucha improvisada. Y es que una vez que vi como todos intentaban acertar un golpe al chico en el piso, no pude hacer más que reír.

—Ay, pedazo de imbécil... asustaste a tu hermana —dijo mi madre abrazándome fuerte. Yo hice cara de asustada mientras moría de risas en el interior.

—Vas a pagarme esta —musitó mi hermano cuando mi madre le abrazó y yo me alejaba lo suficiente para no sentir su aura de ira.

Esto había terminado bien a pesar de todo. Así que todos fuimos a disfrutar de la fiesta, yo con el estómago dolido de tantas risas y mi hermano gemelo con el lomo molido de tantos palos.




xD no tengo idea de cómo es que escribí esto, pero me estaba haciendo pipí de la risa... Está súper loco ¿no?

Gracias por leer. Besos y abrazos de agradecimiento. 

52 RETOS DE ESCRITURA 2016¡Lee esta historia GRATIS!