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Reto 22

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Consigna: Escribe un relato que tenga lugar durante una tormenta.


TAL VEZ...

Las finas gotas de lluvia, que hace segundos semejaran agujillas atravesando mi piel, eran ahora gruesas gotas que golpeaban mu cuerpo como si duros guijarros fueran. Un relámpago iluminó el cielo y, segundos después, un trueno retumbó haciendo estremecer mi alma, pues mi cuerpo tenía mucho rato temblando hasta los huesos. Igual que mis labios y brazos que no encontraban consuelo.

—María —Creí escuchar mi nombre. La verdad es que lo había escuchado casi claro, pero fingí que no. Necesitaba pensar que él no me estaba siguiendo, que no me estaba llamando. De otra forma perdería la fuerza que me estaba empujando a andar sin cubrirme bajo tremendo aguacero.

—María —El nombre opacado por el estridente sonido de las cien mil gotas de agua chocando contra el asfalto—. María —de nuevo y de nuevo fingí no escuchar. Solo continué con mi andar—. ¡Dije que te detengas! —gritó el hombre que atrapaba con fuerza mi muñeca y que, al jalarme, me obligó a darle la cara.

Sin poder oponerme le di la cara. Una cara empapada en lluvia y en llanto. Sus ojos entrecerrados, por protegerse del agua de lluvia, buscaron el piso con desespero. Saberse responsable de la dolorosa expresión clavada en mi rostro no le permitía sostenerme la mirada.

—¿Qué quieres? —pregunté y respondió en un susurro: —Que regreses a casa. —Bufé con incredulidad.

—Justo allí voy. —aseguré y reclamó: —Nuestra casa no queda en esa dirección. —Ahora sí que sonreí, pero no de alegría, de pura ironía. Y, a pesar de que estaba muriendo por decir tantas cosas, solo respiré profundo y, sin decir nada, zafé mi mano para poder seguir.

—¡María! —gritó de nuevo mi nombre y un trueno le hizo segunda a su desespero. Por mi parte doblé las rodillas llevando mi cuerpo al piso. Recién caía en cuenta lo mucho que me asustaban los truenos y rayos.

Su silueta oscura se inclinó frente a mí. Su mano se extendió para mí y pidió con cálida y suave voz: —Vamos a casa por favor —pero no tomé su mano. Yo seguía enojada con él por decir que si no quería vivir con él no tenía problema en invitar a alguien más. Pensé que si era tan dispensable no tenía caso estar allí. Por eso salí, a pesar de la tormenta que amenazaba con llegar a despedazar mi integridad. Como lo estaba haciendo justo ahora.

»Estaba jugando —dijo él. Pero a mí no me parecía divertido su juego. No era divertido tener que escuchar que para él, que era único en mi vida, cualquiera estaba bien.

Hincándose cerca de mí, cobijando mi cuerpo húmedo con su cuerpo empapado, dijo al abrazarme fuerte: —No puede ser nadie más, si no eres tú, no quiero a nadie a mi lado —provocándome llorar mucho más.

—Eres un tonto —reclamé dando leves, pero certeros, golpes en la espalda del hombre que me abrazaba.

—Soy el más tonto del planeta entero —declaró—, pero también soy el que más te ama y que siempre te querrá a su lado. Esa casa es para ti, completa —explicó— y si no la quieres compartir conmigo seré yo quien se vaya. —Él sonrió y yo me molesté de nuevo.

Realmente frustrada por ese maldito e interminable sentido del humor que no entendía mucho, le empujé con tal fuerza que cayó de sentaderas en el piso mojado. Él me miró perplejo mientras yo me incorporaba.

—Está bien —dije dándole la espalda y comencé a andar de nuevo. Caminando en dirección de esa casa que primero dijo nuestra y ahora era solo mía.

—Es juego, es juego —escuché a mis espaldas—, María no puedes vivir en esa casa sin mí —haciéndome sonreír por el tono asustado con que soltaba cada palabra. Fingí no escucharlo y comencé a acelerar el paso hasta terminar corriendo.

De rato sus pasos pisaban mis talones. Me atrapó en sus brazos y girándome en el viento me hizo reír a carcajadas. Tal como lo hacía él.

Todo parecía que iría de maravilla, pero el suelo estaba mojado y su aceleración y nuestro peso hicieron una tragedia. Él resbalo y ambos caímos. Y allí, en el suelo, tan cerca el uno del otro, nos besamos con todo el amor que sentíamos por nosotros y solo por nosotros.

—Quiero vivir contigo —dije mirando sus hermosos ojos grises, iluminando con su sonrisa ese rostro que me fascinaba—. Pero una sola broma más y te vas —aseguré reflejando total seriedad en mi rostro.

—Oye no —dijo preocupado y no puede evitar reír sonoramente. Nos levantamos del frío, mojado y duro piso, y comenzamos a andar a nuestro hogar—. Lo de no bromas era juego ¿no? —preguntó algo dudoso tomando mi mano.

Me detuve en seco y casi lo oí tragar el grueso de saliva en su garganta. Me acerqué lento a él mientras mi rostro no mostraba ni asomo de broma y, jalándolo de la camisa hasta dejar su rostro justo frente al mío, dije: —Tal vez —anchando una sonrisa y echándome a correr de nuevo, sabiendo que él siempre iría tras de mí, sabiendo que siempre estaría cerca de mí.



Y bien, esto es otro que me encanta. Las cosas bonitas son lo mío definitivamente. Y wattpad marca que "Sentaderas" debería ser "Asentaderas"... Y no sé, la verdad es que suena rarísimo "asentaderas". no me oigo diciendo "Me duelen las asentaderas". . . nope, definitivamente asentaderas no, siempre han sido y siempre serán "sentaderas". A nadie he escuchado nunca decir asentaderas en lugar de sentaderas ¿eh?. Y eso es todo, cambio y fuera xD

Gracias por leer. Besitos.


52 RETOS DE ESCRITURA 2016¡Lee esta historia GRATIS!