Capítulo 3: "El cumpleaños de Amy"

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PON PON PON

El rey, la reina, Gitz y el ministro se encogieron al escuchar esos golpes que provenían del portón, pensando que eran los guardias de Darknest.

- A lo mejor es Amy... -pronunció Gitz, no muy segura.

- Gitz tiene razón... -añadió la reina.

- Iré a abrir. -se ofreció la rubia, pero su padrastro le cortó el paso, insinuando que iba a ser él el que iba a abrir.

Al abrir la puerta, el rey se encontró con un erizo cuyo rostro estaba tapado por una armadura, con su hija desmayada en brazos

Al abrir la puerta, el rey se encontró con un erizo cuyo rostro estaba tapado por una armadura, con su hija desmayada en brazos. El erizo azabache entregó a la princesa, el rey la sostuvo en sus brazos y el chico misterioso se retiró de allí sin decir una palabra.

Unas horas más tarde...

La eriza rosada levantó sus pesados párpados con lentitud. Giró su cabeza a la izquierda y a la derecha. Alrededor de ella estaban su padre, su madre, su hermana y el ministro.

- ¿Qué ha pasado? -cuestionó con una tierna voz adormilada.

- Te desmayaste. ¿No lo recuerdas? -habló su padre.

- Ah... Sí, ahora lo recuerdo. -pronunció, enderezándose. - Fue porque sentí mucho miedo...

- ¿¡Por qué saliste tan de repente y sin avisar a nadie!? -le preguntaba su madre preocupada.

- Quería saber lo que sucedía afuera... Lo siento mucho, no debí hacerlo. -habló la princesa, realmente arrepentida.

- Menos mal que no te pasó nada. -suspiró su madre.

- Eres tonta. -la insultó su hermana, con el ceño fruncido y lágrimas en sus ojos.

De pronto a Amy le vino un recuerdo a la mente.

FLASHBACK

- ¿Quién eres...? -formuló la de orbes verdes, extasiada por aquel ser.

- Eso no importa.

- ¡Claro que importa...! Eres de Darknest, ¿verdad? ¿Por qué me has salvado?

- Porque estábais en peligro.

- Gracias, si no hubiera sido por ti, seguramente habría muerto... -agradeció la de color rosa.

FIN DEL FLASHBACK

Al recordar ese momento, el rostro de la princesa obtuvo un color rojizo brillante, lo que significaba que le gustaba pensar en aquel individuo, y estaba empezando a sentir algo nuevo por él.

- Amy, ¿tienes fiebre? -le preguntó la de cabello rubio.

- ¿Q-qué? -volvió en sí.

- Estás toda roja.

- N-no es eso, es solo que tengo algo de calor. -excusó nerviosa.

- ¿Quiere que le traiga agua, princesa? -formuló el ministro.

The princess and the knight -【ShadAmy】¡Lee esta historia GRATIS!