Capítulo 7

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            La primera explosión sacudió el silencio de la noche cuando salían del descampado y se metían por el camino de tierra a unos quinientos metros detrás de la urbanización.

            —Guido, te has pasado. ¿Qué has hecho?

            Zi había parado el coche y ella y Natalia le miraban con una expresión extraña.

            —Nada, te lo juro. Sólo he puesto mis redes.

            —¿Y lo de la corriente en la puerta?

            —Como mucho un calambrazo fuerte. El diferencial es de treinta miliamperios, como obliga la ley. Esto corta la corriente enseguida y no hay riesgo mayor que un buen susto.

            Una segunda explosión los volvió a sorprender.

            —¡Joder! ¿Qué está pasando?, larguémonos de aquí —dijo Zi. Metió una marcha y el coche se alejó por el camino de tierra a velocidad prudente y sin otras luces que la luna hasta que llegasen a la carretera principal.

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