Capitulo 1

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Suena el despertador y como siempre soy la primera en levantarme. Las clases empiezan temprano y todavía tengo que conducir varios kilómetros hasta la universidad. Aparto las mantas para salir de la cama y el frio me recuerda rápidamente la situación en la que vivimos. Estamos en pleno invierno y no podemos poner la calefacción. El jefe de mi padre le debe varias mensualidades y nuestra situación es horrible. Nunca hemos sido una familia adinerada pero gracias a mi padre, siempre hemos podido vivir decentemente. Jamás le ha importado hacer horas extra o trabajar los fines de semana con tal de que no nos faltara de nada. Incluso hace dos años me compró un pequeño coche para que pudiera desplazarme sin problemas. Vivimos en un pueblo alejados de la ciudad y se me iba casi todo el tiempo viajando en autobús. Para nuestra desgracia, lo hemos tenido que poner en venta.

Desde que su empresa cambió de jefe, todo es un desastre. El muy sinvergüenza, prefiere gastarse el dinero en coches de lujo y fiestas antes que en pagar a sus empleados. No pueden abandonar el puesto para intentar buscar otro empleo, porque les tiene amenazados y si lo hacen perderán todos sus derechos. Además debido a la crisis que sufrimos,  es muy dificil encontrar otro pronto.

He descubierto a mi padre llorando a solas en varias ocasiones. Está tan agobiado que ya no sabe que más hacer. Mi madre está enferma y ya apenas puede comprar sus medicamentos. Hemos ido a varias asistentes sociales en busca de ayuda, pero parece que no tenemos derecho a ninguna porque mi padre oficialmente tiene trabajo.

Meto mis pies en las suaves zapatillas que tengo preparadas cerca de la cama y me pongo la bata de felpa que me regaló mi abuela sobre los hombros. Al menos así estaré algo más calentita mientras tomo mi desayuno. Camino sin hacer ruido para no despertarles y me fijo en que la puerta de la habitación de mis padres está abierta y él no está en la cama – Que raro – Me digo. Seguramente haya salido de viaje. Están preparando una especie de huelga y últimamente viajan a la capital para reunirse con los abogados del sindicato. Camino hasta la cocina y cierro la puerta. Voy hacia la cafetera y me fijo en que hay una hoja de papel pegada en ella. -¿Estará rota?- Me pregunto, la tomo entre mis dedos y leo lo que pone.

-Sara. Mi niña, mi preciosa hija mayor... - Arrugo mi frente, esto es muy extraño. - que orgulloso estoy de ti y de todos tus progresos. Que feliz me ha hecho verte crecer y descubrir en la gran persona  que te has convertido. Ojalá algún día puedas perdonarme por esto. Ojalá entendáis por qué lo hice y que me ha llevado a ello... – Mi cuero cabelludo se eriza y un mal presentimiento se clava en mi pecho.

No puedo más mi niña, no puedo seguir viviendo así. No puedo seguir viendo como mamá se niega a medicarse para que podamos comer. No puedo ver como después del esfuerzo que estás haciendo finalmente tendrás que abandonar tus estudios...- Mis manos comienzan a temblar.

Ayer me llegó la peor de las noticias. El cartero me entregó una carta y antes de abrirla supe lo que era. Nos han desahuciado... No soporto la idea de que el banco se quede con nuestra casa y os echen a la calle sin nada... me siento fracasado como padre. No merezco vivir y por eso he tomado esta decisión.

Lo único que te pido es que ayudes a mamá con el papeleo que tendrá que mover a partir de ahora. El estado tendrá que darle una pequeña paga de viuda y podréis seguir viviendo con ella. Al menos me voy sabiendo que tendréis un plato sobre la mesa. Cuida de tu madre y tus hermanos como yo lo he hecho hasta ahora... Os amo con todo mi corazón.

-¡NOOO! – Grito. Rápidamente recuerdo que no estaba en la cama. Estoy tan bloqueada que no recuerdo donde está la puerta– ¡NOOO! – Corro con la intención de salir a buscarle. Sabía que yo vería esa nota primero. Tengo que evitar que haga una locura. No puedo permitir que se quite la vida a la desesperada para que podamos cobrar una ayuda.

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