CAPÍTULO I

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Era un día nublado, hacía mucho frío y no era la mejor temporada del año. Mi madre me despertó temprano y estábamos por volar hacia el otro lado del mundo, literalmente.

Hace 12 años mi padre nos abandonó, yo tenía 7 años. Para ningún niño es fácil ver a sus padres discutiendo todo el tiempo y mucho menos verlos separados y, aunque en mi caso fue lo mejor, nunca entendí por completo el por qué mi papá se había ido, creí que tal vez había sido por mi culpa, él dejó de visitarme y no hubo llamadas, creí que tal vez yo lo había hecho enojar o algo. Estuve triste por mucho tiempo y no volví a ser igual, mi actitud cambió y me convertí en una niña solitaria pero no me quejo, a pesar de todo, tuve una linda infancia en la cual jugué y me divertí como cualquier niño debe hacerlo.

Mi madre trabajaba día y noche, no tenía tiempo para casi nada más y, después de algunos años, la ascendieron y gracias a eso las horas de que pasaba fuera no eran tantas como al inicio, era increíble pasar más tiempo con ella, nuestra relación no era la mejor ni la más profunda pero, su compañía no la cambiaría por nada. Cuando el internet llegó a mi vida, la convencí de que creara un perfil en alguna red social para conocer personas, no lo hice con la intención de buscarle novio o algo así, sabía que no era necesario que ella tuviera pareja para "ser feliz" pero, el destino hizo lo suyo: conoció a un hombre por internet, Nicolás, un Madrileño de unos cinco años más grande que ella, tiempo después, se enamoraron, no fue algo instantáneo, fue algo que duró varios años. Él tenía un hijo un año mayor que yo, su nombre era Álvaro. Él chico y yo platicábamos mucho, me llevaba bien con él y después de un tiempo, nos empezamos a llamar de broma "hermanos", no lo sabíamos, pero Nícolas y mi madre habían abierto un fondo de ahorros, el dinero que ahí guardaban lo usarían para comprar una casa y así, vivir todos juntos. Al inicio sentí desconfianza, pero mi madre estaba segura de lo que hacía y yo, por el amor que le tengo a mi madre, haría lo que fuera por verla feliz.

Después de un largo y un poco pesado viaje, llegamos a nuestro destino, era reconfortante saber que todo empezaba de nuevo; nuevo país nueva gente, el olor tan diferente de las calles, diferentes lugares, todo eso hacía que los malos momentos quedaran atrás.

Mi cabeza dolía un poco la cabeza y me puse mis lentes de Sol para bloquear el exceso de luz, casi no había podido dormir y al parecer, el famoso Jetlag estaba haciendo de las suyas, en cambio, mi madre estaba como nueva, sonriendo ilusionada y buscando con la mirada a ese gran hombre que se había robado su corazón. Mientras tanto, yo iba a buscar nuestras maletas.

—¿Necesitas ayuda? —Dijo una voz mientras yo colocaba torpemente una maleta en el carrito.
—Estoy bien gra... —¡Era él, en persona! —¡Álvaro! —Alcé la voz emocionada, él sonrió y nos dimos un abrazo. Álvaro es un chico alto, moreno, guapo, su barba lo hace parecer un poco mayor, su sonrisa es grande y sus ojos de un color claro.
—La mismísima Any en persona, que alegría verte. —Dijo amable.
—Igualmente, gracias ¿Y tu padre? —Dije, vi que a lo lejos se acercaba otra de mis maletas y la esperé pacientemente.
—Encontró a tu madre cuando venías para acá, los dejé solos y vine a ayudarte.
—¡Vaya, muchas gracias!

Recogimos todas las maletas y fuimos en busca de nuestros padres. Ahí estaban ellos, felices, dándose un fuerte abrazo, lo que hizo que Álvaro y yo los miráramos conmovidos.

—¡Pero miren eso! —Dijo Nícolas cuando notó nuestra presencia. —Any, eres aún más hermosa en persona. —Dijo el hombre dándome un abrazo, le di las gracias con timidez. Igual de alto que su hijo, su cabello un poco canoso, "las canas de la sabiduría" según él, y físicamente es muy parecido a Álvaro.

Cuando dejamos atrás las presentaciones y la bienvenida, tomamos las maletas y fuimos al auto de Nicolás. En el camino me puse un audífono y con mi oído libre escuchaba la conversación que se formaba en el auto. Mi madre platicaba con Nicolás como siempre, como si toda su relación hubiera sido todo el tiempo en persona, Álvaro se unía de repente a la charla y, aunque yo lo intentaba, prefería no decir nada y mirar por la ventana durante el camino.

Después de algunos minutos, llegamos a nuestra nueva casa, era grande, tenía un amplio jardín y tenía dos pisos, la fachada era hermosa, antigua con un toque de modernidad. Bajamos las maletas del auto y Álvaro se ofreció a meterlas. Nicolás no dejaba de decir que estaba muy feliz de tenernos ahí.

—Álvaro, acompaña a Any para que conozca su habitación —Dijo Nicolás. Álvaro sonrió y aceptó con gusto. Yo iba tras él.
—¿Lista? —Dijo deteniéndose en la puerta haciendo una pausa dramática. Yo le respondí que sí con entusiasmo. Él abrió lentamente la puerta y vi una habitación hermosa, más amplia de lo que me esperaba, las paredes blancas y azules con una gran ventana y una puerta que llevaba a un balconcito, en pocas palabras, la habitación perfecta.
—Espero que te haya gustado —Dijo mientras dejaba las maletas en el suelo.
—¿Estás bromeando? —Me miró confundido. —¡Es preciosa! —Continué. Él sonrió y me dejó para que acomodara algunas cosas, solo dejé la maleta en el closet y me puse algo más cómodo para cenar.

Todos conversabamos felices, riendo y contando anécdotas, todo como una familia. Cuando terminamos de cenar, mi mamá y Nicolás se quedaron platicando en la sala y Álvaro y yo subimos quedándonos en mi cuarto para platicar.

—¿Cómo te sientes aquí? ¿Fue fácil dejarlo todo? —Preguntó con interés.
—Bueno, estar aquí es como un sueño y no fue difícil, fue tranquilizante, así podré empezar de nuevo.
—¿Y tus amigos? —¿Amigos?
—Mi único amigo eres tú —Sonreí divertida tratando de evadir el tema. Él me miró esperando una respuesta más informativa. —No tenía muchos amigos allá. —Dije al fin.
—¿En verdad? No entiendo por qué.
—Pues no soy una persona muy sociable, es todo. —Continué. Le tenía mucha confianza a él, pero no para entrar en detalles. Siempre había tenido problemas para relacionarme con los demás, no era fácil para mí hablar con las personas, incluso me daba mucha ansiedad al estar dentro de una multitud, tengo eso a lo que se conoce como "fobia social", tal vez era fácil hacer amigos pero, era muy difícil conservarlos, siempre terminaba alejándolos y era más sencillo para ellos y para mí no tenerlos.
—Bien pero, mañana te presentaré a mis amigos, verás que será fácil hablar con ellos. —No estaba del todo convencida, pero acepté, él parecía emocionado.

Más tarde, él se fue a dormir mientras yo acomodaba unas cosas en los cajones para tener todo más en orden. Después de un rato me puse la pijama y dormí, Nicolás me había conseguido un lugar en una buena escuela, en la cual Álvaro asistía también, eso era tranquilizante, saber que no estaría tan sola. Mis clases comenzaban al día siguiente, era un poco apresurado pero, en cierta parte, me sentí muy emocionada de conocer nuevas cosas, nuevas costumbres. Todo apuntaba a que las cosas en ese país iban a ser mejores en muchos sentidos.

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