Capitulo 45.

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En esa semana, como dije, me dedique a estudiar. Me concentré mucho en eso, me distraía un montón y me encantaba. Trabajar también me gustaba y entretenía, disfrutaba de ir y aprender cada día algo nuevo. Sin embargo, no fue una semana productiva para mí emocionalmente: Harry no me mando un solo mensaje, y, aunque me mantuve en contacto con los chicos, no hubo señales específicas de él. Tampoco vi más a Smith, mí supuesto tío: desde que abrí la carta desapareció. Un día le pregunté a Beatrix por qué estaba faltando, pero solo supo contestarme que tenía ciertos problemas personales, y que se había pedido un receso. Así que tema emocional: 0%.

Recién era jueves y yo rendía el viernes. Estaba bastante nerviosa, pero había estudiado lo suficiente como para tener nueve o hasta diez. Como rendía a la mañana, avise que no podría ir a trabajar; así que desde que salí de la escuela el jueves, repase y repase.

Ya siendo viernes, me levanto bien temprano y me dirijo a Cambridge. Ese día hacía más frío de lo normal, pero había un sol radiante que inundaba toda la ciudad; también había más gente en la calle, seguramente el hecho de que haya sol en Londres cuando siempre llueve los incitaba a eso: a disfrutar del día. Una vez que llegue a las grandes puertas de roble de Cambridge, freno en el umbral y doy un buen suspiro. Chequeo la hora en mi iPod y veo que aún era temprano, y, para mi sorpresa, también tenía varios mensajes.

“¡Suerte Sam! Lo harás bien. Avísame cuando termines y vemos si hacemos algo, ¡ya tengo el fin de semana libre! Niall.”

“¡Ojala rindas bien Sam! Concéntrate. Te quieren: Louis, Liam y Zayn.”

“Hola Sam, ¿cómo estás? Hazlo bien hoy, nos veremos en la noche. Danielle.”

“¡Hola linda! Si necesitas saber algo, solo mensajea, ¡te deseamos lo mejor! Perrie y Ele.”

Cada vez que leía alguno, me salía una enorme sonrisa de adentro. Saber que mis amigos se acordaban de mí me garantizaba una felicidad inmensa, y muchísima más confianza en mí misma. Contesté cada uno y le especifique a Niall que no pasara por mí, ya que antes debía ir al hospital. Sin embargo, dejando de lado mi felicidad por tener tan buenos amigos, me di cuenta de que Harry no me había mandado nada. ¿Por qué siempre tan pendiente de él? Detesté pensar en él toda la semana, deteste todo lo que hasta ahora paso con él: detestaba la situación.

Entro con paso decidido y voy hasta la recepción. La misma mujer antipática me indica hacia donde está el salón, pero antes me pide unos datos que anota en un papel. Finalmente, me entrega ese papel que decía:

“Sam Riddle. Alumna a realizar examen ingreso. Entregar antes de realizar el examen, pedirlo devuelta y entregar en recepción.”

Era extraño ese “sistema de seguridad”, si así podíamos llamarlo; sin embargo, no hice caso y lo guardé en mi bolsillo rápidamente. Acto seguido me dirijo al salón: recorro un enorme pasillo angosto que en los costados tenía puertas con diferentes nombres, como por ejemplo: “examen final” o “examen de recuperación”; después de caminar unos largos minutos y chocarme con varias personas, llego a una puerta que decía: “Examen ingreso primer año - 8:30”. Veo mi reloj y recién eran las ocho, así que me senté en la sala de espera que estaba al final del pasillo. Decidí empezar a repasar, aunque claro, se me hizo imposible: Harry estaba dando vueltas en mi cabeza.

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