CAPÍTULO 1: LA PROFECÍA

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El brazo le volvía a arder y sabía lo que eso significaba, la estaba llamando. No era muy tarde pero era inusual que le llamara a esas horas. Debería ser urgente, si tardaba, lo pasaría mal.

Se desperezo y se apareció en la casa de los Goyle, no había ido mucho por allí, pero sabía dónde encontrarlo. Sin avisar a los dueños de la casa se dirigió al salón

Era amplio y cálido, en el centro, a la derecha, había una gran chimenea. Cerca de ella habían sillones, muy cómodos, al lado una mesa baja y amplia. El otro lado del salón estaba lleno de libros. Sin duda un buen lugar para pasar las tardes, tranquilo y acogedor.

Sin embargo, algo en el desprendía, miedo. No era un mueble, ni ningún objeto, ni siquiera el ambiente, era él. Ahí estaba, de pie, frente a la estantería, el señor tenebroso.

-Mi señor -dijo haciendo una reverencia- ¿Qué es lo que desea?

-¿Has recibido información sobre la orden?

-No, mi señor. Mis fuentes no han averiguado nada. Al parecer se están ocultando más de lo normal.

-¡¿Y esa es razón para no averiguar nada?! ¿Que hacen espiarlos como sucios muggles?- Su tono de voz hizo que la mujer se estremeciera.

Su cara rebosaba de ira, hacía más de un mes que uno de sus seguidores le había dado malas noticias. Noticias tan extrañas y perturbadoras, que no se las había contado a nadie.

-¿No tienes idea de lo que pasa, verdad?- Dijo en tono de burla.

No sabía que responderle, estaba aterrada. De un momento a otro la iba a torturar, no había hecho nada y probablemente era eso lo que más le enfurecía. Ella pagaría su mal humor, o eso pensaba, porque no fue así.

Se sentó cerca del fuego, pensativo, al rato hablo:

-Siéntate Bella

Su tono de voz había cambiado completamente. Era dulce y calmado y desprendía una tranquilidad absoluta. Como por arte de magia la mujer empezó a calmarse, se sentó a su lado, donde segundos antes, él había señalado. Como se había imaginado los sillones eran muy cómodos.

El tiempo pasaba y él no hablaba. Mientras tanto Bellatrix empezó a soñar despierta. "Si tan solo dejara de tener el mismo humor que un basilisco."

Él enseguida se percató de su sonrisa. Sabía lo que pensaba pero no dijo nada al respecto. Le repugnaba que tuviera esos pensamientos, así que decidió atormentarla un poco.

-Severus vino a verme hace unas semanas.- Su voz sonó tranquila, despejando el miedo que quedaba en la mujer, sin embargo algo en ella inquietaba. -Al parecer escuchó una profecía. Hablaba de un niño. Un niño que nacerá, para matarme.

La sonrisa de Bellatrix se borró de su cara, dando paso al miedo y al desconcierto. Mientras tanto el se deleitaba imaginando como se horrorizaba.

-Curioso verdad, alguien capaz de vencerme, cuyo nacimiento ha sido anunciado...-Dejó que esa frase calara en lo más hondo de la mujer. Disfrutando de como esta, se horrorizaba, continuó.

-Escucha, nadie absolutamente nadie, debe enterarse. Sabes de sobra lo que pasará si eso sucede. ¿verdad?-

-Si se...señor, ni lo; mencione. Sería algo, terrible.

-Uno no llega donde estoy yo, dejando cosas al azar. Debo ir tras ese niño y matarlo, yo mismo lo haré, pero antes debo encontrarlo.-

Volvió a callar, dejando, de nuevo, que ella volviera a sus pensamientos. Estaba aturdida, tenía miedo. Él, sabía lo que ella quería, lo que deseaba y lo que temía.

Sabía que le podía hacer lo que quisiera, cuando le apeteciera. Sin embargo prefería hacerlo todo, poco a poco, para hacer el juego más divertido, más desesperante. Pasado un rato se aburrió, pues ella no paraba de pensar en desgracias que le podían suceder.

-Vete, busca a quien esté esperando un bebé. Nacerá en julio y sus padres se han enfrentado a nosotros tres veces.

- Si señor, sus deseos son órdenes, ya mismo me pondré a ello.

Sin decir más palabras se apareció en su casa con más preocupaciones. De todos los seguidores de Lord Voldemort ella era, sin duda, la que más sufriría su pérdida y no solo por los innumerables asesinatos que había cometido.

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