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Reto 20

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ELLA

Su carácter era pacifico, y no porque la tranquilidad rondara su vida, sino porque le gustaba evitar los problemas y las cosas problemáticas.

Gustaba de ahorrarse problemas y de no preocuparse por muchas cosas. Creía firmemente que en la vida todo tiene solución así que preocuparse sería desgastante. Pensaba también que sí, por infortunio, llegaba a suceder algo sin remedio ¿qué caso tendría preocuparse?.

Le gustaba ocuparse de las cosas tan rápido como le eran posible. El tiempo para ella era precioso como para repartirlo sin ton ni son a las actividades cotidianas y molestas. Tampoco daba segundas oportunidades, eso también lo consideraba perder el tiempo. Y no lo intentaba dos veces, la mayoría de las veces porque todo lo hacía bien a la primera.

Pero esto no era cuestión de suerte, era porque ella era minuciosa, calculadora y detallista; se aseguraba de que todo fuera bien para no tener que repetir la acción. Y si se daba el caso de que no le saliera, lo dejaba. Esforzarse más de la cuenta no era lo de ella. Además creía en la causalidad. Creía que si algo pasaba era porque debía pasar, y si no lo hacía es que no debía ocurrir. Tal vez solo era por comodidad, pero no se tiraba a pelear contra lo que ella creía era el destino.

Siempre se describió como floja, pero se esforzaba más de lo que muchos lo hacían. Se esforzaba en hacer lo que tenía que hacer, rápido y bien; de ese modo tendría tiempo de hacer sus cosas favoritas.

Ella era apasionada en lo que le gustaba. Nunca disfrutó de sacudir, barrer, recoger la casa y mucho menos de lavar los trastos. Pero amaba leer, estar tirada en la cama, sofá o piso escuchando música clásica. Y, por sobre todas las cosas, le gustaba escribir.

Su vida no era precisamente desocupada, pero siempre se hizo el tiempo de ver sus series favoritas, leer un buen libro y poner en letras las miles de historias nacidas en la imaginación.

Más el tiempo le escaseaba en otras cosas. No tenía mucho tiempo para dormir, ya ni hablar de salir con sus amigos —la razón quizá de no tener muchos—. Pero era muy sociable, solía poder hablar con quien fuese por horas y tenía fama de buena charlante, aunque también elogiaban su forma de escuchar.

A ella se le daba bien conversar de los temas populares, pero eso de intimar no era lo suyo. Podía escuchar la vida entera de alguien, pero no compartía mucho de la suya, al menos no las cosas que ella consideraba íntimas.

Y es que conocía a la gente. Sabía de esa manía de las personas de meterse en los asuntos ajenos cuando no les interesaban en lo más mínimo. También sabía del riesgo que conllevaba ser el medio de entretención de los otros y lo ineficaz de escuchar los consejos de los demás para situaciones que ni siquiera logran imaginar.

Pero no es que tuviera un trauma al respecto, en su repertorio de situaciones a superar no se encontraba este. Es solo que a ella tampoco le interesaba la gente, aunque jamás se atrevería a hacerle mal a nadie. Le gustaba considerarse buena persona y siempre ayudaba a quien podía, sin involucrarse sentimentalmente por supuesto.

Ella no consideraba necesario amar a una persona para hacerle el bien. Creía que si podía ayudar debía hacerlo, aunque eso no le diera beneficios. Nunca hizo nada con la intención de entablar una relación con los otros, eso era otra cosa que no le interesaba.

Pero no es que fuera una solitaria, ella tenía muchas personas importantes en su vida, personas para las que siempre estuvo y por las que incluso dejaba de lado sus aficiones. Pero para esas personas ella también era importante, por eso estaban con ella aun cuando ella se encontraba tanto tiempo inmersa en su propio mundo.

Esas personas eran su familia y las amaba más que a nada. Pues aunque siempre dijo que no creía en el amor, el amor fraternal era caso aparte. Pero también creía en el amor al prójimo, aunque en ella se redujera a no hacer el mal a otros y ayudar en lo posible a quien lo necesitara.

Tal vez el único amor en el que ella no podía creer era el amor romántico, y puede que ese si sea por un trauma. Pero si miraba de nuevo ella, quien tomó la decisión de dejarle libre para que él buscara una felicidad que ella no le quería dar —por mero egoísmo— desde antes de todo, creía más que nada en el amor propio.

Egoísta era un calificativo que le gustaba darse. Aunque solía darse superficialmente a los otros, entregarse era algo que jamás haría. Había cosas que solo eran de ella, y de su mamá que, por alguna razón, era la persona más importante de su vida, aún sobre ella quizá. Pero esa era una cuestión profunda de pensar, así que no lo había pensado y menos decidido.

Entre las cosas que no se veía haciendo era darle su preciado tiempo a un sujeto que tarde o temprano alejaría de ella. Matrimonio estaba fuera de su diccionario práctico. Ser madre era otra cosa que no soñaba. Porque las madres entregaban todo por sus hijos: su tiempo, su espacio, su vida. Quizá era esta la razón de amar a su madre demasiado. Su madre le había dado lo que ella no le daría a nadie. Excepto a ella claro.

Le gustaba gastar dinero. Pero no era buena ganándolo. Cada trabajo que había tenido lo había odiado. Pero el que no trabaja no come y, aunque amaba comer, su dinero era para hacerse feliz.

Tenía esta extraña afición a la ropa interior y la ya popular manía de comprar tacones. De las dos, la única provechosa era la primera, que le permitía lavar una vez al mes y no verse preocupada por falta de ropa. Ropa era otra cosa que se acumulaba sin que se diera cuenta, pero no era que usara mucha tampoco. Solía ser de las que pasan el día en pijama y, por fortuna, sus trabajos solían proveerle de uniforme. Además tampoco salía.

Tenía ese complejo con su cuerpo. Pero no hacía nada por él. Bueno sí, contribuía mucho en no lograr la figura que le hubiese gustado tener. Comía demasiadas cosas que no debía comer, pero se amaba mucho como para limitarse del placer de comer cosas deliciosas, aunque podría considera que no se amaba lo suficiente como para comer sano. Tampoco hacía ejercicio, aunque en realidad le gustaba. Conocía varias disciplinas que disfrutó hacer y siempre planeaba retomar pero, más que nada, disfrutaba hacer nada. Realmente era floja.

Bañarse era más una afición que una necesidad. Desperdiciaba agua como desesperada, o al menos eso es lo que le decía su madre. Cantaba hasta inconscientemente. Bailaba cuando hacía limpieza, haciéndole segunda a la más loca de sus hermanas.

Era aficionada al orden, pero más por no tener que ordenar. Eso era por lo que no dejaba nunca nada fuera de su lugar. Le gustaba usar el cabello suelto. Por fortuna para ella tenía una melena risada y manejable. Amaba no tener que hacer más que poner crema de peinar para que su cabello luciera casi increíble.

Gustaba de viajar pero le parecía molesto el camino. Amaba verse bien, pero le fastidiaba arreglarse. Era un incordio y lo sabía, y puede que también lo amara. Aunque muchos no lo entendieran ella era lo que era y se sentía especial. Pero no más que los otros, sabía que todos somos especiales y únicos. Una fortuna porque ¿qué sería del mundo con muchas personas como ella?



Bien. Esto es mucho de lo que soy. Lo leí a mis hermanas sin explicar que me describía a mi misma y dijeron "Justo como tú". Y, aunque no estoy segura de que sea un placer conocer a alguien como yo, creo que es un placer que me conozcan. Y voy a confesar aquí que publicar cosas de mí no me hacen sentir muy cómoda, pero como dijo mi psicóloga —porque tengo una—, para superar los miedos, hay que hacer cosas que no te imaginaste hacer.

Gracias por leer. Besos hermosuras.

52 RETOS DE ESCRITURA 2016¡Lee esta historia GRATIS!