1. Lechuzas

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Capítulo uno

Lechuzas


Tener once años y seguir esperando tu carta de Hogwarts significa una de las siguientes cosas:

a. te tocó la peor lechuza del universo porque tu suerte siempre te acompaña (lo cual podría aplicar a mí sin problemas);

b. eres squib;

c. eres squib y no quieres admitirlo, y ahora ves que toda tu familia tenía razón, pero sigues numerando opciones para no caer en la inevitable categoría.

Creo que es más que obvio que aplico para la última opción. Mamá siempre dijo que yo no iría a Hogwarts, y nunca tomó en serio lo que puedo hacerle al agua con mis manos. Ni siquiera mi interés por las pociones es suficiente porque, aunque me sé prácticamente las recetas de memoria, se necesita una varita para poder preparar bien los brebajes. Eso explica por qué la lechuza de mi hermana Karen se tornó morada cuando le di mi poción para encogerse. La única parte buena de que todos nieguen el gramo de talento que tengo es que no salí culpable en el juicio final sobre la lechuza.

Pero de todos modos me molesta que piensen que soy un fracaso tan grande. Siempre creí que me reiría en la cara de todos cuando por fin llegara mi carta informando que me aceptaron en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, pero ahora esto se está tornando serio. ¿Qué haré si debo estar por siempre en esta casa, viendo como todos se van el primero de septiembre con sus baúles y lechuzas a pasarla bien allá? Ya es suficiente ver cómo preparan todo hoy para ir de compras escolares al Callejón Diagon.

Estoy encerrada en el armario de la habitación que comparto con Selene, sinceramente la peor de mis hermanas. Ella descubrió mi anterior escondite en el cuarto de Karen y Natalie, y como eso fue poco después de lo sucedido con la lechuza morada, no quise atraer más sospechas y problemas a mí y cambié mi táctica. Creo que a Selene nunca se le ocurriría que estoy escondida justo detrás de ella. Descubrí hace poco que la mejor manera de esconder algo es dejarlo bien cerca de quien lo busca.

Cuando espío por la hendija entre las puertas del armario y veo que Selene ya se ha ido, corro a mi parte de la habitación y busco papel y mi pluma. Le escribiré a mi primo Draco para ver si le llegó su carta. Aún tengo la esperanza de que las cartas de los de primer año estén atrasadas, aunque no recuerdo que eso pasara en años anteriores con mis otros hermanos.

—¿Esperas tu carta, Leyla? —Selene está de vuelta en la puerta, escondiendo bien su sorpresa al verme adentro. Sus manos están vacías. ¿Tendrá mi carta escondida en algún lado?—. No te preocupes, tesoro. No llegará.

Ella se ríe cuando frunzo el ceño.

—¿Qué esperabas? —dice—. Solo mírate; ni siquiera eres digna de Hufflepuff.

—Vete.

—Tú no me mandas, pelinegra.

Selene es la que siempre se mete a discriminarme por ser diferente a todos en la familia, por no ser rubia. Somos nada menos que catorce hermanos, y trece de ellos son la viva imagen de ricitos de oro. Solo yo soy la oveja negra de los Blair. Quizás por eso soy la única a la que le gusta llamarse Blair-Black, el apellido completo, porque me siento mucho más unida a los Black que a la otra mitad de la familia.

Si tan solo recordara los pasos que seguí la otra vez para inundar la casa con mis manos, ahora podría mandar a Selene bien lejos. Debo anotarlos la próxima vez.

—¿No deberías estar en el Callejón Diagon? —pregunto entre dientes y apretando la pluma en mi mano.

—Sí, pero dejé que mamá comprara por mí. Ya estuve allí antes, en la tienda de Madam Malkin y en Ollivander's y en todos los otros lugares que jamás verás. No sabes cómo lo siento —dice con una sonrisa—. Te juro que me das ganas de llorar.

Leyla en Hogwarts: La piedra filosofal | (LEH #1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora