Capítulo 16 (II)

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—Vamos. Por lo menos déjennos meter los pies un rato, para refrescarnos... —, tras un par de horas los ruegos de Jenn no se hicieron esperar. Ella y los demás querían acercarse al riachuelo para mojarse un poco, pero Anna se negaba en rotundo a que tocaran en agua. — Necesitamos un baño, y si no podemos tomarlo creo que lo menos que puedes hacer es dejar que nos acerquemos.

La joven ya se encontraba moviendo la cabeza cuando Lartër puso una mano en la pierna de su amiga y dijo, señalando el agua.

—Déjalos que vayan. Te juro que no les va a pasar nada... El agua no esta tan caliente como para quemarlos y tienen razón con lo del baño.

—Pero la corriente es fuerte, ¿Qué va a pasar si alguno se cae?

—Vamos a estar sentados —, dijo Madison tras un fuerte suspiro. —Te juro que nadie en este sitio tiene ganas de llevarse un buen susto, por algo tanto tonto como un riachuelo subterráneo.

Con ese razonamiento, Anna terminó asintiendo y señalando con la palma su objetivo.

—Hagan lo que quieran. Parecen niños chiquitos...

Los siete chicos festejaron su triunfo con una carrera hasta donde se encontraba la brotante agua.

—Al fin. Ya me estaba desesperando con tu negativa, Anna.

—¿Qué? Si yo tengo que...

Fata pellizcó los labios de Anna y negó.

—Primero: el Ocum no es fácil de conseguir. Es un árbol raro, e incluso para los guardianes sería complicado hallar una sola hoja de esa cosa.

—¿Y? ¿Eso qué...?

—¿Viste las iniciales del pergamino? ... Cuando las estaba leyendo, me pareció ver algo en la lejanía. Creo que es un recuerdo de Elliot, pero como estaba tan borroso no puedo estar segura.

—¿Un recuerdo? ¿Qué viste?

—Una cadena, y me parece que estaba rodeando un roble.

Anna se llevó las manos a la boca, intentando acallar la única palabra que se les vino a la mente a las tres y que solo Lartër se atrevió a pronunciar.

—Argauth...

—Bien chicos, ya es hora de irnos. El frío no va a tardar en sentirse y debemos estar fuera para cuando llegue.

—¿Frío? Este mundo es una locura —, las palabras de Robin fueron secundadas por Fabián y Jenn. A pesar de ello los chicos hicieron lo que se les pidió y volvieron a la casa arrastrando los pies.

Él último en entrar fue Elliot y cuando lo hizo Anna no le quito la mirada de encima y le dijo.

—¿Qué pasa? ¿Se te olvido algo?

—No. Es que, cuando estábamos en el agua yo... Olvídenlo.

La mujer iba a insistir pero en ese momento el movimiento de la casa los distrajo y los chicos volvieron a verse inmersos por el constante movimiento de esta, mientras salía a la superficie una vez más.

Apenas llevaba un tramo recorrido cuando una ráfaga de aire bajo, proveniente de las habitaciones del piso superior.

—Demonios... ¿Quién dejo la ventana abierta?

La mayoría de los muchachos negaron y cuando Robin alzó la mano para indicar que ella había sido la responsable, otra ráfaga se coló e hizo que todos se encogieran en sus lugares.

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!