Capítulo 18

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Un enfermero me agarró del brazo cuando intenté aproximarme.

—Será mejor que no se acerque, señorita. Podría ser peligroso.

—Pero si es mi June... ¿Cómo podría...?— al escucharme hablar me miró. Sentí terror al ver aquellos ojos. No eran los ojos de mi June, de eso estaba segura. Se parecían más a los horribles ojos amarillos del monstruo de nuestros sueños. Debí haber hecho caso a mi instinto, al igual que a todas las personas que me advirtieron, pero el corazón se antepuso a la razón.

—Ada...— su expresión se suavizó de repente y su tono era suplicante, como si June estuviera ahí en algún lugar—. Esta gente me está haciendo daño. Ayúdame, por favor.

Mi primer reflejo fue marcharme, pero mi cuerpo no respondía. No podía soportar ver a mi amiga en aquellas condiciones, y además, pidiéndome ayuda.

—¡Ada, por favor! Ayúdame antes de que me hagan más daño...

Miré al enfermero, que estaba tan perplejo como yo y me soltó el brazo, como si me diera permiso para hacer lo que me pedía.

Sin pensarlo más, corrí hacia ella y le solté sus ligaduras.

—No te preocupes, June. Saldrás de esta. Voy a ayudarte y...

Un fuerte dolor en mi cabeza me forzó a callar y caí estrepitosamente al suelo. Con esfuerzo abrí los ojos y vi cómo June se levantaba de la cama de un salto. El enfermero fue hacia ella para intentar volver a inmovilizarla, pero ella le giró la cabeza hasta que un leve crujido hizo que el joven cayese inerte al suelo.

—June...— musité todavía un poco ofuscada por el golpe que había recibido. Ella me miró desde arriba con una sonrisa macabra, como nunca pensé que la vería.

Se estaba secando una mano machada de sangre en su camisón verdoso del hospital. ¿Esa sangre era mía?

Después de ver aquello, todo se volvió negro.

* * *

Escuché unas voces que al principio sonaban lejanas. No podía entender qué decían, pero parecían dos hombres hablando. Poco a poco se fueron haciendo más claras.

—¿Está viva?— preguntó la primera voz.

—Sí.

—¿Y tiene conciencia de lo que le está ocurriendo?

—Me temo que no. Ya no queda nada de su ser anterior.

Intenté moverme, para que vieran que estaba bien, pero mi cuerpo se negaba a moverse. Mis ojos no querían abrirse. Únicamente mis oídos podían escuchar.

—¿Y qué podemos hacer con ella?

—La única solución es matarla. Es muy peligroso que siga con vida. Su simple existencia es una amenaza.

El corazón se me aceleró al escucharlos hablar. ¿Estaban hablando de mí? La respiración se me agitó, y luché con todas mis fuerzas para poder moverme.

—Mira, parece que está recuperando la conciencia— dijo la primera voz.

Con dificultad abrí los ojos. La luz era suave, así que no me costó tanto poder ver lo que había a mi alrededor.

—Tranquila— me dijo alguien que se acercaba a mí, mientras me ponía la mano en la cabeza. Todavía no podía ver con nitidez, y aquella cara no era más que una mancha borrosa—. No intentes levantarte o te harás daño.

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