XXXV. (Editado)

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Cuando me desperté a la mañana siguiente descubrí que estaba en la cama completamente desnuda. Me cubrí un poco con las sábanas y después miré a mi alrededor, pero no había nadie.

Entonces recordé todo lo sucedido la noche anterior. Había besado a Max y después habíamos subido a mi habitación. No había pensado en las consecuencias de aquello. Solo... solo quería confirmar que podía sentirme igual de viva con otro hombre que no fuera Eiden y me había equivocado. Me había acostado con Max y él en toda la noche me hizo sentir mucho menos que Eiden en unos pocos minutos. ¿Qué me estaba pasando?

—¿Será por la mordedura? —me pregunté en voz alta—. Quizás Alec tenía razón y esas marcas son una debilidad con él. Pero me hizo sentir...

No sabía ni cómo explicarlo. Simplemente necesitaba a mi lobo, pero no aprobaba lo que había hecho. Forzarme de aquella manera... no.

Me levanté y me enrollé la sábana al cuerpo para caminar hacia el armario. Pero antes de que llegara, la puerta de mi habitación se abrió.

—¿Nicole? ¿Te has quedado dormi...?

Axel se quedó mirándome con una expresión de sorpresa en su rostro. Me miró de arriba a abajo y después a mis ojos, pero rápidamente se giró hacia otro lado.

—¿Qué has hecho?

—Cosas de mi vida privada —me encogí de hombros—. Ahora, vete. Necesito ducharme y cambiarme de ropa. No tardaré.

El cazador cerró la puerta y yo suspiré. ¿Qué le importaba a él lo que hacía o dejaba de hacer? Parecía importarle más mi vida que a mí.

Cogí algo de ropa y me metí en el baño para darme una ducha rápida. Después me vestí, me recogí el pelo en una cola alta y salí de la habitación para desayunar e ir a mi entrenamiento.

Me costó encontrar la cocina, pero al final lo hice. No había nadie, así que tardé poco en coger un zumo del frigorífico y un dulce de uno de los muebles. Me lo tomé todo y salí a buscar a Axel para empezar ya con el entrenamiento. La verdad es que agradecía tener que hacer ejercicio ya que mi cuerpo empezaba a exigirlo. Mi alma de cazadora estaba despertando.

Encontré al cazador fuera de la mansión, esperándome. Me coloqué a su lado y él empezó a caminar sin decirme nada. Yo actué igual y los dos nos fuimos internando en el bosque.

—¿Me contarás qué pasó ayer? —me preguntó justo antes de detenernos.

—No —respondí—. Es mi vida y no tengo que dar explicaciones a nadie.

—¿Cómo vas a darme explicaciones si ni siquiera sé lo que hiciste?

Tenía razón, pero yo no me iba a dejar ganar tan fácilmente.

—Eres mayorcito, Axel, te lo puedes imaginar. ¿Empezamos? —alcé una ceja.

—Empezamos —inspiró profundamente.

El entrenamiento fue muy duro, pero Axel fue comprensivo conmigo, cosa que agradecí muy en el fondo. Hacer ejercicio me mantuvo distraída y ocupada para así no pensar en nada de lo sucedido el día anterior y eso me gustaba.

Al terminar, Axel trató de averiguar nuevamente qué era lo que había pasado la noche anterior con Eiden.

—Lo hizo mal —musité—. Intentó forzarme y tuve que librarme de él. No pasó nada.

Esa había sido mi respuesta, la cual no había convencido del todo al cazador.

—¿Y anoche? ¿Por qué estabas completamente desnuda en la cama, Nicole?

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