De nuevo lo hizo con pasión, pero también con amor.

Un amor que no merecías.

No era necesario que lo recordaras, no lo olvidaba por más que quisiera. Mis pensamientos no lo permitían.

Ni tu consciencia.

Exacto, ni mi perra conciencia.

—Creo que te despertaré más seguido de esta manera — susurró —me encanta cómo me has besado.

¡Ja! Si supiera que pensabas en su primo.

—¡Ya cállate! —pedí a esa estúpida voz y al ver el rostro de Elliot me di cuenta de que lo había hecho en voz alta —No era contigo cariño —aclaré viéndolo avergonzada, él tomó unas toallitas desechables de la mesa de noche y se limpió, luego acomodó su ropa.

—¿Te sucede algo, nena? —cuestionó y negué —Has estado actuando raro desde hace unos días; aún no me perdonas por lo del engaño ¿cierto? —eso era otra cosa y no era lo que me tenía así.

—Sabes que eso jamás lo voy a olvidar, en verdad me dolió Elliot, pero no estoy mal por eso.

—¿Entonces? —no podía decirle, debía sí, pero no podía. 

—Solo he estado exhausta, asimilando todo lo nuevo en mi vida, tratando de convencerme que no soy una asesina —no mentía, pero tampoco era sincera por completo.

Elliot me hizo quedar sentada en su regazo y me abrazó, gesto que agradecí en esos momentos y me entregué a él en totalidad.

—No lo eres y alégrate de sentirte así porque eso es señal de tu buen corazón, si fueras una asesina ya no sintieras remordimiento y ahí sí deberías preocuparte —explicó paciente y supe que tenía razón —y aunque LuzBel es un idiota hasta yo asesinaría por él —confesó y una punzada atravesó mi pecho.

—¿Ya has asesinado? —pregunté y lo sentí tensarse. 

—No directamente —respondió luego de unos segundos y seguido de respirar profundamente —y te aseguro que tuve una buena razón para hacerlo.

—Eso no lo justifica —dije viéndolo a los ojos.

—Tal vez no, pero te juro que lo volvería a hacer por la misma razón que ya antes lo hice —la sinceridad en su voz me hizo sentir escalofríos.

—Sigo pensando que no es justificación —bufé.

—Para mí sí lo es y es la única razón importante para hacerlo las veces que sea necesario —murmuró tomándome del cuello y haciendo que lo viera, antes de que yo pudiese volver a replicar él continuó —Y ahora —dijo y en un rápido movimiento me tumbó en la cama y se colocó entre mis piernas —quiero devolverte el favor y continuar jugando —susurró y no era tonta, quería desviarme del tema. 

Comenzó a besarme y poco a poco bajó sus besos hasta llegar ahí, a aquel lugar donde hacía que todas mis preocupaciones y dudas desaparecieran.

«—Pero te aseguro que sí pensarás en mi cuando él intente superar lo que hicimos en el viejo estudio, pero no lo logrará.»

Recordé aquellas palabras y me maldije porque en esos momentos se estaban cumpliendo, no solo pensaba en él en ese instante, sino que también soñé con él mientras Elliot me besaba.

Éramos unas perras.

Qué bueno que también te incluyeras estúpida conciencia.

***

Era sábado y Elliot me invitó a desayunar en casa de sus tíos.

Él tampoco lo hacía fácil eh.

Corazón de Hielo ® (18+)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora