Capítulo 23| Editado.

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[Gia]

Después de desahogarme con Alex, fui al lago. Me senté en una roca algo cómoda a decir verdad. Mire hacia la nada, extrañaba a mi hermanito. Me arrepiento mucho por haberme quedado dormida. Casi todas las noches no duermo por el sólo presentimiento de que alguien pueda hacerle algo a la manada o a Alexander.

Limpié la lágrimas que caían de mis claros ojos, seguramente han de estar rojos e hinchados.

Nunca fui una chica de las que muestra sus sentimientos a las demás personas, mucho menos después de que mi ex mejor amigo me había visto llorar y saco una foto mostrándoles a todos lo débil que era porque un chico me gustaba, y éste prefería a la típica chica popular lo cual era la porrista del equipo Sangre seca.

Cuando era chica me sentía muy como decirlo, bicho raro, ya que siempre llevaba unas gafas un poco más grandes de lo que debían ser, en ese momento me era mucho más cómodo que sean así y no chicos, también usaba ropa holgada pero en vez de mujer era de hombre, siempre fui y quiero ser original, pero luego de que se llevaran a mi hermano, me hundí en los más oscuro del "Tártaro" y empecé a vestirme como chica mala, todo era negro a mi alrededor. Mis padres me habían echado la culpa de todo, me corrieron de la casa una semana por lo que pase las noches bajo un puente de la manada o aquí mismo, eso sí, siempre en mi forma lobuna porque si no me moría de frío.

Encendí un cigarrillo y lo lleve a mi boca, inspire y solté el humo. Estaba sola, sola como siempre lo he estado antes de que apareciera mi mate. Aunque tuviera un hermano y sobrino, no era lo mismo, ellos no estaban aquí. Sé que fumar me hace mal, pero, ¿qué puedo hacer?

Recuerdo que una vez intente cortarme las muñecas pero reflexione y me di cuenta que no valía la pena hacerlo. Entonces busque otra solución; salir en busca de él. Estuve unos cincuenta años buscándolo pero jamás di con él, hasta que Matthew me dijo que Evaristo estaba robando niños de las otras manadas y ahí fue que comencé a buscarlo pero parecía que el destino no quería que lo encontrara. Y cuando más espere, encontré su rastro. Así es, la casa de Alexander.

Rio entre dientes cuando recuerdo como lo conocí, primero no me había dado cuenta de su presencia pero luego, cuando sentí un olor precioso, lo vi, lo deje con su familia cuando me imagine viéndolo sufrir por mí, por su familia y por lo que le esperaba.
Es tan hermoso, sus ojos me enloquecen cada vez que los veo, es un poco tierno e idiota a la vez, se que no me lo merezco, que mejor sería dejarlo ir y que conozca a otras chicas que sí lo merezcan pero me es inevitable ser egoísta con Él.

Sentí un filo recorrer por mi cuello, me asuste tanto que tire el cigarrillo a mis dedos.

-¡¡Ah!! -chillé.

-Estúpida, me quitaste a Alex, maldita. Esta me las vas a pagar -me amenazó la hija de Evaristo.

-¿Así? ¿Cómo? -pregunté desafiante.

-Elena -miró atrás mío.

Cuando me di la vuelta, sentí como se traspasaba algo por mi estomago, joder, me apuñalo. Pero eso para ellas no era suficiente por lo que lo hicieron dos veces más.

-Cobarde -susurré con la poca fuerza que me quedaba.

-Sí, sí, lo que tú digas -me pegó Elena en donde me habían apuñalado.

Sentí como mi alma quería salir de mi cuerpo, y empecé a cerrar los ojos.

Su Luno © TERMINADA.¡Lee esta historia GRATIS!