Capítulo XXI

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Kawi Pamea, heredero de la tradición de la Serpiente Estelar

Mi madre nos llamó al comedor un rato después. Se quitó las zapatillas de tacón alto y la cambió por sus viejas sandalias de andar en casa. Se movía como una hormiguita por la cocina. Traía cosas a la mesa, me abrazaba y lloraba. Después se iba y seguía trabajando con cacerolas, sartenes y la licuadora.

Nos trajo tazas con agua hirviendo para todos y dejó el frasco de café instantáneo y la azúcar en la mesa.
William se levantó y le ayudó muy caballerosamente con una sartén rebosante de huevos revueltos y otra más, con frijoles refritos.
Eran de lata, pero aun así, se antojaba. Un enorme montón de tortillas calientes y un puñado de chiles verdes completaron el menú.

¡El desayuno más delicioso que se me puede ocurrir!

Yo, la verdad, ataqué mi plato.
Estaba más que hambriento.
Lo último que comí... Creo que fue veinticuatro horas antes y me parece recordar que fue una manzana.

Ni hablamos. Los idiotas también comieron como náufragos rescatados. Mi mamá nos miraba comer, con los ojos brillantes y enrojecidos.
Sé que estaba emocionada.
¡Algo tienen las mamás con que sus hijos coman bien! Como que se emocionan.

Cuando logramos desaparecer toda la comida y ayudamos a limpiar la mesa, nos sentamos de nuevo.
Entonces mamá me atacó... Bueno, es que ella es del tipo mamá monstruo. Se transforma. Puede pasar de llorar y besarme con emoción a darme un golpe y decirme tarado.

Eso hizo. Me dio una palmada en la nuca que me lanzó sobre la mesa.

— ¡Tarado! —Me llovió encima a golpes con sus palmas abiertas. Me cayeron manazos en la espalda y en la cabeza

— ¡Desconsiderado! ¿Cómo se te ocurre? ¡Largarte! ¿De parranda? ¡Y dejar a ese tarado que tienes de novio! ¿Cómo pudiste hacerme esto?

Cuando dijo eso dejó de golpearme y se puso a llorar otra vez.

Pues si me dolían más o menos sus golpes, pero me dolió más cómo se dejó caer sobre la silla a mi lado, se cubrió con las manos el rostro y comenzó a llorar.

— ¡Mamá! —La abracé—. ¡No fue a propósito! Tuvimos un accidente. Josué y yo. El auto se rompió. ¡En el desierto y yo, ni siquiera sé si está vivo o si...!

— ¿Accidente? —Dejó de llorar como si apagara sus lágrimas.

¡Te digo que es mamá Transformer! Se limpió las mejillas con las manos extendidas y los dedos rígidos, como hacen las mujeres cuando se cuidan las uñas. Las de ella, como siempre, estaban impecables, pintadas color salmón, aunque no muy largas y su argolla de matrimonio a la que, sinceramente, jamás he prestado mucha atención. Pero que estoy seguro que nunca se quita.

—El padre de Josué nunca dijo nada de un accidente. Todo lo que supe fue que "su hijo"... —. ¿Te dije que mi mamá odia a Josué?—...y tú habían peleado, por tu culpa, obviamente! ¡Y que lo dejaste abandonado en un restaurante de la carretera y te fuiste con otro hombre! ¡Uno con el que estuviste coqueteando! El auto se descompuso después de que lo abandonaste y tuvo que arriesgarse a caminar por el desierto.

Cuando mi mamá mencionó eso, de que me fui con otro, ella miró a Serpiente con odio y después sonrió brevemente a Will.

Creo que mi mamá supo quién de los dos era en que me gustaba. Y tal vez pensó que el otro me había rescatado.
Un día de estos le voy a preguntar.

Pero bueno, decía yo que...

¡Ah sí!
¡En serio! Yo no podía creer lo que dijo.
Se levantó y fue a buscar su bolsa. Regresó fumando y eso siempre, siempre, es una mala señal. Ella sólo fuma cuando está hecha una furia.

Ba ' Wa¡Lee esta historia GRATIS!