capitulo 25

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-¡Mamá! –grité guturalmente frente al teléfono. Pero, obviamente, ella no podía escucharme. Se había cortado la comunicación entre ambas tan pronto como la señal comenzó a distorsionarse. Mirando al teléfono, con el ceño fruncido, mi cuerpo escondía un montón de remolinos de pensamientos especuladores dentro de mi pequeña mente consumida por el alcohol esa madrugada. Mi vista iba y venía, y estaba segura de que mis jodidos pies estaban liándose contra mí una vez más, sin la más mínima intención de moverse de ahí. Pero, hey, sorpresa, no vas a resolver una mierda quedándote ahí sentada esperando a teletransportarte. 

Bajé de la roca. Mis pies enredándose frente a mí y mi cuerpo cayendo en picada. Mi aterrizaje fue seco y apenas doloroso sobre mi espalda encima de un trozo de tierra cubierto con polvo que entró en mis fosas nasales, picando. El frenesí haciéndose cargo de mí mientras todas mis extremidades temblaban, quizás de miedo, o de ira, o de pura impotencia. Alguien podría estar haciéndole daño a mi madre ahora mismo y yo ni tan siquiera estaba cerca de casa. Y además, el alcohol me había vuelto lenta, alucinante, como si me moviera debajo del agua. 

Unas manos cálidas rodearon mis hombros, y sentí una suave respiración cosquillear en mi cuello.

-Sky, calma, todo estará bien –ronroneó Harry, acariciando mis hombros.

-¡No me digas que va a estar bien, Harry! ¡No intentes tranquilizarme ahora! 

-Hey, calma –arqueó las cejas, como si yo estuviera loca. Me solté de su agarre, aproximándome hacia la motocicleta.

-¡Alguien puede estar haciéndole daño a mi madre y tú sólo me pides que me tranquilice! –bramé, y seguidamente, pateé la motocicleta, pero ni siquiera sentí dolor en mi pie descalzo. Probablemente se me formara un moratón y se me hinchara más tarde. -¡¿Cómo coño arranco yo esta mierda?! –insistí, chillando y jalando los manubrios de la moto. 

Entonces, más rápido de lo que pude imaginarme, la moto estuvo en movimiento.

***********

Me bajé de un salto, sintiendo algo agudo punzar en mi planta fría y rígida. No me dolía todavía. Sólo sentía un pequeño dolor agudo en mi estómago, pero seguramente habría de ser por algún aire dentro de mí. O quizás sólo era el asma. O quizás era sólo que el cabrón del anónimo podría estarle haciendo algo malo a mi madre, o incluso a Byron. 

La calle estaba tranquila. No habían cintas amarillas de seguridad rodeando la casa, y no habían rastros de pisadas o ventanas rotas, cuerpos muertos, ni tan siquiera notas espeluznantes pintadas con sangre, como en las películas. En parte, me reconfortaba. Nadie estaba herido, o al menos aparentemente, nadie lo estaba. Pero al mismo tiempo, sentía como que, en cualquier momento iba a pasar algo. Algo malo. Terrible.

Corrí directo hacia la puerta principal blanca de la casa de Byron, empujándola. El interior estaba calmado, normal. Todo estaba curiosamente en su sitio. ¿El anónimo me habría hecho una broma, acaso? ¿Me había traído a casa para esconder algo? ¿Qué diablos pasaba? Harry entró junto a mí, mirando en todas partes, y asomándose con cautela por encima de las cosas. Solté la manija de la puerta, y mis pies descalzos dieron pequeños pasos hacia delante, mientras yo respiraba agitadamente. No pasaba absolutamente nada. Mierda.

Unos pasos se escucharon desde las escaleras, y entonces vi a mi madre de pie donde las mismas morían, con sus pequeños y delgados brazos sobre su pecho. Instintivamente, corrí hacia ella como una mariposilla atolondrada, y me lancé contra ella, rodeando su cintura con mis brazos y jadeando en su pecho, apretando los párpados.

-Dios, estás bien –sollocé, aspirando su intenso olor a splash de frutas y champú de fresas.

-Por supuesto que estoy bien –respondió ella con aridez, sin devolverme el abrazo. Me detuve, y fruncí el entrecejo. Cuando subí la mirada, su expresión era fría y distante, y una de sus cejas estaba arqueada hacia arriba. Doble mierda.

Lost- segunda temporada-Donde viven las historias. Descúbrelo ahora