Capítulo 19

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La oficina de la profesora Fitz era una pequeña sala con estantes de caoba roídos, repletos de libros, un gran escritorio en el centro que podría cubrir todo el espacio fácilmente, y dos sillas de segunda mano frente a él. Olía a una rara mezcla de café y papel viejo, y una pequeña radio reproducía un programa sobre el clima. La señora Fitz indicó con su huesuda mano bronceada una de las sillas, y tomé asiento, poniéndome de puntillas sobre mis Vans y apretando mi mochila verde militar en mi regazo.

-Bien, señorita Dayne –me dijo, fingiendo estar interesada en una pila de papeles que revolvía con sus dedos. –Supongo que sabe usted por qué la he citado, ¿no es así?

Sentí que el corazón se estancaba en mi garganta, y que mi estómago lentamente se encogía. Había un nudo del tamaño de una pelota de fútbol en él, causándome retortijones. –Yo… no estoy muy segura.

-Bien –sonrió malintencionadamente, y luego su rostro se volvió serio y agrio. -¿Sabe usted lo que significa el hecho de que se haya estado mensajeando en mi clase?

Mi respiración se aceleró, y sentí la parte posterior de mi cuello erizarse y comenzar a sudar. Fitz me había arrebatado el celular cuando estaba texteándome con Harry, y ella lo había reconocido de inmediato. Todos sabían de él. Al menos la mayoría. 

Desvié la mirada, sintiendo que las lágrimas picaban en mis ojos. Mi pecho se elevaba y bajaba con fuerza una y otra vez, mientras mis ojos se aguaban.

-Significa que yo podría anotar esto en su expediente como una falta grave. Ya conoce los reglamentos –continuó con voz firme. Cuando volví a levantar la mirada, confundida y con el ceño fruncido, ella arqueó una ceja, instándome por una respuesta. 

-¿Qué? –fue todo lo que pude decir. Ella cruzó sus manos sobre la mesa. –Digo, yo pensé que usted… -me corté. “Pensé que usted me acusaría por mensajearme con un gángster”, estuve a punto de decir. 

-Bueno –ella continuó -, supongo que podré dejarlo pasar por esta vez –musitó, frunciendo sus labios. –Pero me gustaría conversar con usted más seguido sobre este asunto.

-¿Asunto? –sondeé nerviosamente. Ella vaciló, y acomodó un papel en su sitio sobre una pila antes de continuar.

-Señorita Dayne, tiene que haber un motivo por el cual usted está tan distraída –musitó, y sentí que su voz se había aflojado un ápice. Bajé la mirada, tragando saliva. -¿No es así?

Entreabrí la boca para decir algo, pero pasaron algunos segundos antes de que yo pudiera responder. –No exactamente… creí que era una de sus mejores alumnas.

-Y lo es –arqueó sus cejas -. Es sólo que… he notado cierto tipo de comportamiento “extraño” en usted –explicó, dando énfasis a la palabra. Algo en su tono de voz era irregular. Es como cuando escuchas a alguien decir una mentira cuando ya sabes toda la verdad, y no puedes parar de interrogarla hasta que suelte todo lo que sabe. Y me parecía que Fitz estaba teniendo esta actitud. Me parecía que ella ya sabía todo.

-¿Q-qué quiere decir?

-Quiero decir que está usted muy nerviosa últimamente, señorita Dayne. Y tememos que eso llegue a afectarle en su nivel académico.

Mirando nerviosamente los papeles encima del escritorio, retorcí las manos por debajo de la mesa de madera, rezando porque ella se detuviera ahora. -¿Alguien más lo sabe?

-Sí. De hecho, en junta directiva discutimos este tipo de cosas –continuó, y luego acercó la silla al escritorio, y me miró fijamente, entrecerrando los ojos. –Dayne, ¿pasa algo en su vida que la esté preocupando?

Lost- segunda temporada-Donde viven las historias. Descúbrelo ahora