Veinticuatro

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Ya era de noche cuando Caitlin y Caleb despertaron. Estaban acostados juntos sobre la arena. La brisa era cálida y los iluminaba una hermosa luna llena.

La playa todavía estaba vacía y el sonido del romper de las olas los acunaba. Se quedaron allí desnudos, abrazados. Habían usado sus abrigos para cubrirse y Rose estaba junto a ellos.

Ambos habían cambiado mucho.

Se miraron a los ojos y volvieron a besarse perezosamente.

Su relación había cambiado para siempre. Caitlin también, y no había nada que pudiera hacerla más feliz.

Ya no eran solamente dos personas o amigos reunidos al azar para cumplir una misión. Ahora eran amantes. Eran una pareja. Y estaban juntos.

Caitlin sólo esperaba que eso durara para siempre.

Había muchas preguntas que quería hacer, como «¿Y ahora qué?». Él había roto una ley; su amor estaba prohibido. ¿Qué iba a suceder si lo encontraban?, ¿lo matarían?... ¿Lo había arriesgado todo por ella?... ¿Creía que ella lo valía?

Y ahora, después de lo que había pasado, ¿la iba a abandonar?, ¿existía algún modo de permanecer juntos, de que su relación durara?

¿Qué les depararía el futuro?

Caitlin estaba demasiado emocionada de saber lo que Caleb había sacrificado por ella.

-Tengo miedo -expresó en voz baja.

-¿De qué? -preguntó él.

-De nosotros -contestó-. De morir. Tú vivirás para siempre, pero -le costaba trabajo articular las palabras- yo... no -masculló-. Quiero estar contigo, quiero ser como tú. Inmortal -concluyó.

El semblante de Caleb se tornó sombrío. Se vistió con calma y se levantó.

Miró al mar.

Ella también se vistió. Agradeciendo el calor que le proporcionaba su abrigo, tocó el bolsillo para asegurarse de que el diario y el medio pergamino siguieran allí. Luego se puso en pie junto a su compañero.

-Yo también quiero estar contigo -dijo Caleb-, pero créeme, ser inmortal no es agradable. Es una maldición. Morir es mucho mejor; poder comenzar limpio, de cero. Empezar una nueva vida en otro lugar, en otro tiempo y con otro cuerpo. No tener que recordar. Permitir que el ciclo de la vida siga su curso. Nosotros, los vampiros, somos... antinaturales.

La miró.

-Nada me gustaría más que tenerte a mi lado, pero volverse inmortal sólo para estar conmigo para siempre no vale la pena.

-Por favor -le dijo ella cogiéndolo de la mano-. Eso es lo que yo deseo. Conviérteme -le imploró mirándolo a los ojos-. Conviérteme para que pueda ser una vampira de verdad; para que pueda estar contigo para siempre.

Caleb tenía los ojos llenos de lágrimas.

-No podría hacer eso jamás a pesar de lo mucho que te amo -le explicó- . Quedarías atrapada en el limbo para siempre. No podrías procrear y a mí no me gustaría causarte ese dolor. Ni siquiera en mi propio beneficio. Además, si te convirtiera sin autorización, mi castigo sería muy duro.

Caitlin sintió que se le encogía el corazón. Tal vez nunca tendría lo que deseaba, después de todo.

Caleb la cogió de la mano en silencio.

-Si vamos a pasar la noche aquí, lo mejor será que busquemos refugio y encendamos una fogata -sugirió, y luego caminó con ella por los acantilados-. Creo que he visto un lugar hace rato, cuando montábamos a caballo. Era una cueva. Allí -dijo señalando.

Amores (Libro #2 de Diario de un Vampiro)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora