Tigris
Y le clavo la espada en el corazón sin piedad.
El rey de Tenebris no se notaba cansado, fue una lucha rápida en la que no tuvo que hacer mucho esfuerzo. No sabía porque no lo había intentado antes, se pudo haber ahorrado muchos problemas.
Darius observo la hermosa joven a la que estaba besando hace unos minutos salir de su escondite. La joven se quedó petrificada con una expresión de terror en su rostro al ver al rey de Tigris muerto, manchando con su sangre el piso de la sala real.
-¿Qué has hecho, Darius? -preguntó la chica cuando reacciono después de unos minutos.
-Lo he matado -el rey respondió, sin inmutarse, mientras limpiaba la sangre de su espada.
-¡No era necesario que lo hicieras! -exclamó alterada.
-Si no lo hacía, él iba a matarnos -dijo mientras envainaba su espada.
-¡Él no es así... él no era así!
El rey la miró, la chica tenía sus ojos cristalizados aguantando las lágrimas que amenazaban con salir.
-¡Él era bueno, su pueblo lo adoraba! -prosiguió, unas rebeldes lágrimas se resbalaron por sus mejillas.
Darius se acercó a la muchacha rubia y limpió sus lágrimas.
-Pero me amas a mí, de lo contrario no le hubieses sido infiel a tu esposo - esbozó una pequeña sonrisa.
La rubia no respondió, simplemente se sonrojo y agacho la cabeza mirando hacía el suelo
-Hay que escapar -agarró la mano de la joven e hizo que lo siguiera hasta la ventana-. Los guardias no tardaran en venir.
-No puedo. Soy la reina de Tigris y no quiero dejar a mi pueblo solo, sin reyes que lo gobiernen.
-Si te encuentran aquí pensaran que eres la asesina del rey... te llevaran a la cárcel o te matarán. Tu pueblo se decepcionará de ti, hagas lo que hagas no podrás gobernar Tigris otra vez. Piénsalo bien, Eileen.
Eileen dudó un poco pero al final accedió.
Luego de unos minutos llegaron al mercado del pueblo, ahí escucharon un grito. Las noticias corrían muy rápido.
-¡Asesinaron al rey! -decía un hombre.
Los murmullos comenzaron y parecía que perdurarían por un buen rato.
"No es posible"
"Debe de ser una broma pesada"
"Tiene que estar mintiendo"
"El rey no pudo haber muerto"
"¿Qué haremos sin el rey?"
"¿Y la reina?"
"La reina debe estar devastada"
"¿La reina gobernara sola?"
Murmullos como aquellos se escuchaban muy fuerte y aturdían a Eileen, la cual se sentía culpable. La culpa fue tan fuerte que casi gritó en medio de toda la gente.
-Intenta no escucharlos -susurró Darius.
Esa frase evitó la locura que estaba por hacer la rubia.
Avanzaron rápidamente entre el tumulto de gente que hacía barullo en el mercado.
Llegaron al puerto donde un barco estaba esperando al rey, listo para partir rumbo a Tenebris.
Ambos subieron con cuidado, no podían ser descubiertos. Cuando estuvieron listos Darius dio la orden para zarpar.
-¡Icen las velas! -Gritó Darius con voz potente.
Los subordinados del rey obedecieron.
-Mi rey... -Dijo uno de los subordinados de Darius- Dos embarcaciones de Tigris nos siguen.
Darius simplemente lo pensó unos segundos.
-Mátenlos -Ordenó con voz monótona.
Si los habitantes de Tigris no se hubieran entrometido no estaría por pasar tal masacre.
La ex reina de Tigris, aunque no lo pareciera, adoraba a sus súbditos y al escuchar esas palabras de la boca de su amado se puso histérica.
-¡No puedes hacer eso! -Exclamó dolida. Si le hacían daño a su querido pueblo era como si se lo hicieran a ella misma.
Dos hombres de Tenebris se aproximaron para sujetar por los brazos a la preciosa chica.
-¡Ellos deben de estar buscándome! -Dijo mientras trataba soltarse del agarre de los dos gorilas; si, así los iba a llamar de ahora en adelante- ¡No los mates, por favor! -Le pidió al rey que por primera vez le mostraba su verdadera naturaleza.
Darius le acarició su mejilla. Eileen sintió su mano fría que antes le parecía el tacto más cálido; al igual que su mirada, la cual estaba inexpresiva y se había oscurecido. La persona que estaba frente a ella no era el Darius que conocía, no era el chico que a pesar de ser joven se expresaba muy cordialmente en los eventos, no era el chico que se había ganado su corazón de la manera más dulce que se podría imaginar, consolándola y aconsejándola. En definitiva, él no era su Darius.
-Si no quieres ver, ve a tu recamara -Dijo el rey de corazón de piedra.
Era un monstruo despiadado.
Debió haberse dado cuenta antes, desde que mató por primera vez el mismo le contó que no sentía remordimiento alguno; es más, el le dijo que pensaba que había hecho lo correcto.
Eileen rompió en llanto, lágrimas de cólera e impotencia recorrían su rostro que parecía porcelana.
¿Como pudo haber sido tan ilusa?
Ahora los pobladores de Tigris sufrirían por su culpa.
Escuchaba el sonido metálico de las espadas al chocar entre sí, los gritos de guerra devastadores que le rompían el alma de a poco y ella no podía hacer nada, nada por salvar a su gente.
-¡Por Tenebris y por nuestro rey! -Gritaron en coro y eufóricos los soldados del reino correspondiente. Animándose entre ellos a seguir luchando hasta la muerte.
Hasta los más jóvenes luchaban para defender Tigris, pero por su falta de experiencia caían vencidos a pocos minutos de empezar a pelear.
El barco se empezó a mover. Eileen observó a su querido reino arder en llamas, lo habían destruido sin mucho esfuerzo y sabía con certeza que no sobreviría ningún pueblerino.
Tantas vidas se esfumaron esa noche. Que desgracia.
Lo peor de todo era que en su vientre llevaba un pequeño ser, inocente, del maldito hombre que había logrado conquistar su corazón y que desde hace poco se había convertido en su peor enemigo.
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El príncipe rojo
Teen Fiction¿Y si el destino quiere que te destruyas a ti mismo? ¿Y si no puedes evitarlo? Te encuentras cavando tu propia tumba. Y ni siquiera te das cuenta de cuan enterrado ya estas. Un príncipe cruel, déspota y tirano, pero no totalmente. Luchaba contra sus...
