Capítulo 30: Compromisos fallidos

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- Dai, llévate a ese bicho fuera de aquí – le mandó Aomine moviendo las manos indicándole que lo alejara de él.

- ¿Entonces no nos lo podemos quedar? - les preguntó a su padres poniéndoles ojitos.

- La única forma de que se quede ese bicho aquí es si se convierte en el almuerzo del gato – le contestó Aomine.

- Papá, ¿cómo puedes decir algo tan cruel? - le preguntó con tono recriminatorio a la vez que pegaba al ratoncito a su pecho en un gesto protector.

Dai miró al animalito viendo cómo movía su pequeña nariz al olfatearle, haciéndole cosquillas en los dedos con sus bigotes lo cual provocó la risa del pequeño.

- Mirad esta carita, ¿no os da pena? - extendió sus brazos con el roedor entre sus manos acercándolo primero a Aomine.

- Daisuke, ni se te ocurra... aléjalo de mí – gritaba Aomine arrastrándose hacia atrás hasta que se topó con el borde de la mesa.

- No me da miedo usarlo contra... - tuvo que hacer una pausa para estornudar por culpa de la presencia del gato - ...ese nido de enfermedades con patas si se acerca a mí – chilló Akashi extendiendo el bate frente a él al ver que su hijo se había girado hacia él y daba unos pasos.

El pelirrojo vio cómo el niño le miraba ofendido y volvía a proteger al animal pegándolo a su pecho.

- No le escuches, pequeñín, no eres ningún nido de enfermedades con patas, eres una buena mascota – se dirigió al ratón tapándole las pequeñas orejas con una mano.

- Ah, no, no, no. Eso sí que no. Ya tenemos una mascota que me provoca urticaria, no necesito otra más – se opuso Akashi terminando la frase con varios estornudos seguidos.

- Pero...

- Venga, Daisuke, será mejor que nos llevemos a este minino tan mono de aquí antes de que tu padre se ponga peor – intervino Masaomi acercándose al pequeño y quitándole el roedor de los brazos. Era la primera vez que cogía un ratón con sus propias manos pero ni siquiera lo pensó antes de hacerlo.

- ¿Qué vas a hacer con él? - le preguntó preocupado Dai.

- Los ratones prefieren ser libres y vivir aventuras por el mundo, así que lo dejaremos fuera para que recorra el jardín a su antojo, hasta podemos montarle un nido para él – improvisó para tranquilizar al niño – le diré a uno de los sirvientes que nos ayude en la tarea.

- Vale, si es feliz, entonces de acuerdo – le contestó sonriente mientras cogía al gato entre sus brazos – Llevaré a Ki-chan a su cuarto.

- Y después, date una buena ducha de agua caliente y quítate esa ropa – le ordenó Akashi pensando en que su hijo había abrazado al ratón. ¡A saber dónde había estado ese bicho antes!

- Me aseguraré de ello – le tranquilizó Masaomi adivinando los pensamientos de su hijo y acompañando a su nieto - ¿Por qué le has puesto Ki-chan al gato? - le preguntó a Daisuke mientras se marchaban.

- Me recuerda a un amigo de papá por el color de su pelo – oyeron que le contestaba antes de desaparecer por uno de los pasillos.

Al quedarse solos, Aomine y Akashi bajaron por fin de los muebles, aliviados de verse liberados de aquel pequeño monstruo.

- Nosotros también debemos deshacernos de esta ropa y desinfectarnos, y mientras lo hacemos, mandaré a que fumiguen el sofá nuevo – dijo Akashi.

Baloncesto callejero (Kuroko no Basuke, AkaAo)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora