Capítulo 15 (II)

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Una picazón en la nariz la despertó y aun así no se levantó, quería seguir durmiendo así que se acomodó un poco más entre las sabanas y lo intentó. De pronto, unos pasos resonaron muy cerca de donde estaba, así que acompasó su respiración para que pensaran que estaba dormida. Se abrió la puerta y sus sentidos se pusieron en alerta. Estaba segura que no se darían cuenta de que había despertado, y aunque sintió una mano en su brazo que parecía inspeccionar la herida, no hizo ningún movimiento extraño.

La voz de Anna se escuchó.

—Tuvo suerte de salir viva de ese ataque.

—Es cierto, parece que la señorita tiene talento para la supervivencia —, dijo una voz desconocida, de mujer.

—Será mejor despertarla. Tiene que comer algo para reponer fuerzas.

Madison suspiró y abrió los ojos de mala gana, su intentó de dormir un poco más tendría que esperar. Frente a ella estaba Anna, y detrás se encontraban dos personas idénticas. La morena no pudo evitar alzar una ceja; eran mujeres y parecían tener por lo menos unos 35 años, una de ellas llevaba el cabello morado oscuro corto, la otra portaba su mata en una trenza; ambas vestían igual.

Una de ellas se acercó a la cama donde reposaba la joven y le dijo.

—Al fin despertaste, nos tenías preocupadas.

—¿En dónde estoy? ¿Quiénes son ustedes? —, dijo la morena mientras se tallaba los ojos.

—Estas en el desierto sonoro de Quimm, en nuestra casa. Nosotras somos Lartër y Fata, unas amigas de Anna —, dijo la señora de la trenza dedicándole un media sonrisa.

— ¿Cómo te sientes? —. La mencionada habló al tiempo que inspeccionaba a Madison con la mirada, en busca de otras heridas.

—Bien, solo un poco adormilada.

—Es normal... ¿Qué viste en tu sueño? —, la pregunta tan directa de la señora de cabellos cortos desconcertó a la joven por unos momentos.

Madison no se esperaba ese cuestionamiento tan pronto, pero cuando vio que no podía engañar a Anna y a las demás, dijo:

—Vi la muerte de Kaila.

—¿Alguna otra cosa? —, la voz de la guardiana sonó normal, pero su semblante no pudo ocultar el dolor que le produjo sus palabras.

—Vi a una chica con muchas cicatrices. Ella fue la que acabo con Kaila.

—¿Alguien más? —, la insistencia de las mujeres incomodó a la morocha, aun así contestó.

—Sí, pero solo escuche su voz. No pude verlo por la oscuridad.

—Anna, ¿No crees que sería mejor que primero comiera, antes de que le hagamos más preguntas? —, dijo Lartër sin borrar esa peculiar sonrisa de su boca.

En ese momento, el estomago de Madison le dio la razón a la mujer. No se había dado cuenta del hambre que tenía. Anna asintió.

—¿Quieres bajar a comer o te traigo algo?

—Mejor bajo. Necesito estirar las piernas.

—Como quieras.

La guardiana ayudó a su amiga a levantarse, y cuando la chica estuvo de pie comenzó a caminar lentamente hacia la puerta. En el momento en que las tres estuvieron solas, Lartër habló.

—Esa chica se salvo de una muerte espantosa.

—Aun no comprendo —, dijo Fata cruzándose de brazos. — Esa persona que mencionó no tiene esa clase de poderes, ¿cómo pudo hacer algo así?

—Madison dijo que no iba sola, así que podemos suponer que alguno de ellos lo posee.

—Entonces, ella aun esta en peligro—, dijo Lartër llevándose una mano a la barbilla, — y lo peor es que no vio quien era el otro.

—Creo que por el momento, lo mejor es que no le digamos nada —, sentenció Fata.

—Pero, ¿y si la vuelve a atacar? ¿La dejaremos desprotegida?

—No te preocupes por eso Anna. Mis poderes no dejaran que algo o alguien la ataque, mientras estén con nosotras ella estará a salvo —. Lartër apoyó su mano en el hombro de la mencionada.

—Pero no podemos quedarnos aquí. Necesitamos avanzar.

—Es cierto... ¿Eso era lo que querías preguntar?— dijo la mujer con trenza, alzando una ceja hasta que se perdió en la espesura de sus cabellos. Anna asintió. —Sabes que no debemos revelar nada de nuestras visiones.

—Lo sé, pero...

—Y supongo que también sabes lo que nos sucedería si te decimos algo —, dijo Fata con una media sonrisa. —Otra marca en nuestro haber.

—Por favor, necesito saber a donde tenemos que ir.

La mujer de cabellos cortos suspiró y miró a su hermana con una ceja en alto. Lartër le devolvió la vista y después, dijo.

—Está bien. Te dejaremos ver tu ruta, pero recuerda que esta puede cambiar en cualquier momento

—Entiendo. No hay problema.

Lartër junto sus manos con las de Fata, y no paso mucho para que un gran cristal se materializara entre las dos. En este comenzaron a verse varias imágenes, las cuales pasaban rápidamente por entre sus bordes. Anna solo se dedicó a seguir con la mirada lo que ocurría y cuando terminaron de aparecer las proyecciones les dijo.

—El país de Liabiric...Les agradezco que me dejaran ver.

—Esperamos que eso que te mostramos pueda ayudarte, mientras proteges a esos muchachos —, dijo Lartër.

—Ahora, creo que lo mejor es ir a desayunar —, advirtió su hermana, señalando la puerta con la mirada. — Los chicos se preguntaran en donde estamos.

Madison había estado escuchando lo que se decían las tres y cuando oyó lo último de Fata caminó lo más rápido que pudo hacia las escaleras, intentando no ser descubierta. Poco a poco fue descendiendo, pero cuando sus pasos empezaron a resonar en la madera aceleró el ritmo. Parecía no tener problemas, hasta que posó sus pies en los últimos escalones. Tropezó con pies, todavía torpes, y se sostuvo del barandal intentando no caer. Unas manos de buen tamaño la agarraron por la cintura, y una voz detrás de ella la reprendió.

—No deberías estar tentando a tu suerte.

—Ah... Carter. Creí que... Olvídalo.

—Pasa tu mano por mi hombro. Te voy a ayudar a bajar.

—No, yo... —, el muchacho alzó una ceja, a lo que Madison terminó dándole la razón. — Esta bien.

Cuando llegaron a la planta baja la soltó con cuidado, le revolvió el cabello con un rápido movimiento de su mano.

—¿No deberías estar en cama? Sigues un poco pálida.

—Ya me siento mejor, además tengo algo de hambre y...

Todavía no terminaba de hablar la morena, pero un calor sofocante comenzó a inundar el lugar y le arrebató las palabras. En ese momento, las tres descendieron y Fata dijo, casi gritando.

—¡Necesito que todos se reúnan en el recibidor! ¡Ahora!


La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!