Capítulo 15

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Gemelas


Madison se intentó incorporar, pero no lo consiguió debido al mareo que la azotaba. Robin puso una mano en su hombro y le dijo.

—Es mejor que no te intentes levantar. Perdiste algo de sangre y debes estar débil.

—Necesito pararme. Quiero un poco de agua.

—Yo te la traigo. Espera.

Robin se levantó y fue hacia el río. Apenas había pasado una hora desde el suceso con la chica de las cicatrices y todavía no amanecía. Aun así, ninguno de ellos quiso volver a dormir después de lo que había ocurrido con Madison. Hacía un rato que la hemorragia de su brazo había cedido, pero no dejaban que se levantara.

Por su parte, ella no les había contado lo que había visto en su pesadilla. Solo comentó que soñaba que alguien la atacaba y que no sabía quién era. Los chicos le creyeron y después, tanto Elliot como Steve fueron a buscar un poco más de leña.

Robin regreso con el agua, la cual llevaba en una hoja enorme con forma curveada en su centro. Cuando se la pasó a Madison, esta solo asintió y tomó lo más rápido que pudo. Se encontraba demasiado sedienta, como si hubiera estado corriendo un enorme tramo de camino. Mientras tomaba, Robin le limpiaba la herida. La castaña estaba preocupada por su amiga, esa herida se veía extraña. No parecía normal y mucho menos su nacimiento. Cuando Madison terminó el agua le dijo a Robin.

—Olvídalo. Ya paso.

—Que olvídalo ni que nada. Eso que te paso no es normal y necesitamos saber por qué ocurrió.

Madison no dijo nada. Solo posó la vista en la hoja.

—¿Hay algo que quieras contarme? –, dijo Robin con una ceja en alto. – Sabes que puedes confiar en mí.

A Madison la tomo por sorpresa lo que dijo Robin, aun así le dijo:

— Ya les conté todo, ¿crees que hay algo más?

—No se... Se me hace extraño que te haya sucedido esto y creí que tal vez tu sabias él por qué.

—Para nada. Ojala supiera algo.

Las chicas se quedaron calladas por un tiempo, absortas en sus propios pensamientos. De pronto, un extraño ruido llamo su atención y Robin se levantó diciendo.

—Deja de hacer el tonto Steve, ya sabemos que eres tú.

La castaña se acercó a donde se escuchaba el ruido. La morena apenas estaba saliendo de sus ensoñaciones cuando su amiga comenzó a retroceder. Su cara reflejaba el espanto en toda su expresión. Al llegar a donde estaba Madison, la tomó de los brazos y la levantó apoyando su brazo en su espalda. Perpleja, Madison le preguntó.

—¿Qué sucede?

—Ese no es Steve —, fue lo único que dijo Robin mientras se alejaban.

Unos segundos después, una creatura salió de entre los arbustos. Parecía un gato montés, pero este era más grande y con los colmillos más anchos. El animal tenía un extraño tono naranja oscuro en su pelaje, sus ojos ámbar las miraban sin parpadear. Robin temblaba como hoja al lado de Madison. La morena sabía que debía estar como su amiga, pero no podía. Se sentía extraña. La cabeza le daba vueltas y el acido sabor de la bilis se apoderó de su boca. El gato comenzó a acercarse hacia donde estaban, a lo que la castaña retrocedió lentamente mientras agarraba a Madison.

Aquel felino apuntó su nariz a ellas y comenzó a enseñar los dientes. La castaña retrocedió otro par de pasos mientras buscaba con la mirada algo que pudieran usar para defenderse. El gato estaba listo para atacarlas. En ese momento, Mudya salió de entre los árboles y se puso frente al animal mientras mostraba los dientes. Los dos estaban agazapados frente al otro cuando Elliot y Steve salieron de entre los árboles, ambos traían unas ramas bastante gruesas, que no tardaron en alzar para amenazar al intruso. Viendo su desventaja, el felino dio media vuelta y se perdió en la espesura.

Cuando estuvieron seguros de que ya no volvería, Mudya se tranquilizó y fue hacia ambos chicos, que le rascaron tras las orejas.

—Estuviste perfecto, amigo.

—Somos un buen equipo, para la próxima ya tengo mi compañero de riñas... Es mejor que tú y Carter juntos.

—Chicos... —. La voz de Robin interrumpió a ambos justo a tiempo.

La castaña aun sostenía a Madison del brazo pero no por mucho tiempo, su amiga comenzaba a desmayares. Elliot llego a donde estaban en unas cuantas zancadas y tomó a Madison de la cintura, cargándola mientras la llevaba al pie del árbol. Esta entreabrió los ojos y dijo, con voz pastosa.

—Siento como si me hubiera arrollado una aplanadora.

—¿Alguna vez te ha arrollado una? —, dijo el moreno en tono de broma, mientras intentaba mantenerla despierta.

—No, pero supongo que así es como se siente.

Madison ya no veía muy bien. Sus ojos apenas y podían enfocar al chico, este se dio cuenta de que estaba a punto de quedar inconsciente, así que comenzó a darle pequeñas palmadas en la mejilla y habló.

—Necesito que no te duermas, ¿Crees poder hacerlo?... Steve aviva la fogata. Robin ve por agua al río.

—De acuerdo —, dijo Robin mientras agarraba la hoja del piso e iba por mas liquido.

Steve se acercó al fuego y comenzó a lanzar las pocas ramitas que todavía quedaban, estas tardaron un poco en arder. Cuando llegó Robin con el agua, apenas comenzaban a ser consumidas.

—Cuéntame cualquier cosa, Madison. Mantente despierta.

La chica estaba tan atontada que solo dijo.

—Mudya se portó muy bien hace un rato.

—Sí, es cierto.

—¿Esa cosa era un puma?

—No, creo que los pumas son mas grandes —, la joven cabeceó y lanzó un fuerte suspiro.

—¿No le hizo daño a nadie?

—Todos estamos bien...Bueno, casi todos —, dijo Steve con una pequeña sonrisa al final de sus palabras.

—¿Casi ? —, la voz de la chica comenzaba a perder fuerza.

Se. Creo que Robin se llevo un susto de muerte —, el pelirrojo seguía intentando avivar las llamas, pero la sonrisa que se asomaba por sus labios lo delataba.

—¿Tú que hubieras sentido si te encontraras con una cosa así frente a ti y...?

—No peleen. No es el momento —, junto con sus palabras, el moreno señaló a Madison. La chica estaba semiinconsciente y su cara se veía cada vez más pálida.

Robin se acercó un poco más a ella y dijo.

—...Madison, ¿puedes escucharme?

—Claro, no estoy sorda —, dijo la chica con una media sonrisa, — solo un poco mareada.

—¿No quieres agua?

—No. Estoy bien así...

Madison sentía su cuerpo entumecido y sus ojos comenzaban a cerrarse. Los chicos parecían estar hablándole pero ella no podía responder, cada momento que pasaba se percibía más débil.

Una voz familiar comenzó a escucharse en la lejanía.

—¿Están bien chicos? ¿No falta ninguno? —, era la voz de su amiga.

—¿Anna?

Ahora que la había escuchado ya no tenía por qué preocuparse. Estaba segura de que solucionaría todo.

La voz de Elliot respondió casi al grito.

—Necesitamos ayuda. Madison esta herida.

Varios pasos comenzaron escucharse por entre la espesura de los arboles. Madison se hallaba demasiado cansada, así que se dejó llevar por esa neblina que empezaba a cubrirla. No era tan malo. Estaba segura de que ahora si podría dormir sin ninguna clase de pesadilla.

Una cálida mano se posó en su mejilla, al mismo tiempo la voz de Elliot le dijo.

—Vas a estar bien. Ya llegaron por nosotros—, el movimiento que hizo con la cabeza apenas y lo notó. — Descansa.

Tras esas palabras, la morocha se hundió en la profunda neblina...


La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!