Promesa para el lunes

4.4K 191 42

Desde mi cubículo puedo ver como Iñaki teclea sin descanso, debe estar apresurado por enviar el reporte semanal que espera el jefe. Por fin es viernes,  pero en la oficina es un día de locos, aún peor que el lunes; a veces no sé cuál de los dos es más terrible. No veo la santa hora para salir del encierro y marcharme de ahí, pero apenas vamos por la mitad de la jornada y el pronóstico más acertado es que las horas que restan, avanzaran lenta y tortuosamente.

Justo al ponerle el punto final a mi reporte y antes de enfrascarme por completo en tediosas llamadas telefónicas a proveedores, me levanto por una taza de café. Quiero desperdiciar aunque sea cinco minutos, quizás diez si también doy una breve visita al sanitario. Aún sin definir cual cosa haré primero, detengo el paso justo enseguida de Iñaki.

—¿Quieres café?

Iñaki despega la vista del monitor y me mira con sus grandes ojos azules. Como me gustan sus ojos.

—¿Quieres que me ponga más nervioso? —Levanta una mano y miro como le tiembla ligeramente. Sus están fijos en los míos, tan penetrantes y a la vez tan dulces.

 ¿Al menos se dará una idea de que me gusta? Y si lo sabe, ¿disfrutará de verme como tonta por él?

—¿Nervioso? ¿Tú? Ajá —Contesto en tono burlón, mientras me concentro en su cabello negro y hago un repaso rápido por mi memoria, para tratar de recordar si alguna vez le he tocado el cabello.

Y efectivamente, siempre he encontrado una excusa para hacerlo: "El viento te lo ha despeinado", "Traes una basurita ahí", "¿Qué traes pegado en el cabello?".

—Anda —su voz logra traerme de vuelta al mundo antes de que parezca que alguien ha desconectado mi cerebro—, tráeme una taza. Pero sólo porque no quiero que 'la sargento' te eche bronca.

Paseo mi mirada y efectivamente, Claudia, alías 'la sargento', o sea nuestra supervisora, me dice con una mirada lo que en un documento de word debe ser como un párrafo de ocho líneas, porque de seguro que me recita la política de la empresa de no perder el tiempo, por... ¿décima vez? La verdad, es que he perdido la cuenta, pero de que me lo ha dicho, me lo ha dicho con todo y sus puntos y comas.

—Muy considerado de tu parte. —Digo, poniéndome en movimiento.

Preparo los cafés con una lentitud que hasta yo me sorprendo, casi ocho minutos y no he necesitado pasar al sanitario, donde seguramente me habría tardado otros ocho minutos más.  Cuando llego al cubículo de Iñaki, ya está firmando su reporte y se ha doblado las mangas de su camisa blanca hasta los codos.

Está estresado, es más que evidente y cuando estoy a su lado percibo su perfume un poco más fuerte. Me imagino a su corazón tamborileando contra su pecho. Así que sólo dejo la taza de café en su escritorio, mientras que veo como sus labios se mueven y adivino a que dicen 'gracias'. Soy mala leyendo los labios, aún los de él. Tomó asiento con una sonrisa, le he preparado café y su perfume se ha metido en mis fosas nasales, relajándome por completo.

 Recuerdo como si fuera ayer, la primera vez que lo vi atravesar la puerta, acompañado de 'la sargento' y tomando su lugar, en el que ahora lleva más de un año. Su cabello lucía perfectamente peinado, en comparación a la mata revuelta que lleva el día de hoy.  Y su uniforme lucía tan pulcro como hoy en la mañana. El uniforme de rigor de la empresa, para las mujeres es una falda negra hasta la rodilla y blusa blanca, y para los hombres consta en un saco y pantalón negros con camisa blanca. Definitivamente a él le va mejor que a los demás, no sé si es por lo alto, por lo ancho de sus hombros, por el porte que tiene; o por todo lo anterior.

A partir de ese día, pasé dos semanas observándolo. Desde como sonreía, como se concentraba en su computadora, hasta como era cuando no estaba de humor, lo cual se notaba inmediatamente porque se revolvía el cabello a cada rato y se aclaraba la garganta cada cinco minutos. Descubrí que a cierta hora del día, a eso de las dos de la tarde; tamborilea los dedos sobre el pequeño espacio que queda libre entre el teclado de su computadora y el teléfono.

Promesa para el lunes¡Lee esta historia GRATIS!