Capitulo 36.

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Al día siguiente, me levanté con unas extrañas ganas de empezar el día. Veía todo de buena manera, sin importar la carta de mi padre y mis nuevos descubrimientos; todo estaba bien y en orden en mi mente, sabía que tenía qué hacer con cada problema. Había estado toda la noche pensando en mi conversación con Brenda, y también que usar esta misma noche para salir con Harry. Si todo salía como lo planeaba, el día sería perfecto.

Cuando voy a trabajar, no me encuentro con mi supuesto tío Smith. Me decepcioné bastante, porque me hubiera gustado hablar con él; y además era muy raro que no esté, porque no faltaba nunca. Sin embargo, no le presté mucha atención a eso, ya que el tema de ver a Harry esta noche me mantuvo muy distraída. Volví al departamento para descansar un rato antes de ir a ver a mi mamá al hospital. Sinceramente, nunca tuve tantas ganas de verla: quería pedirle perdón por haberle gritado la última vez (ahora que sabía la verdad supe que no se lo merecía), y estaba más que decidida a contarle sobre la carta y reprocharle muchas cosas.

Casi llegando al hospital suena mi celular, y era Niall.

-Hey Sam.-dice tranquilo y relajado, tal como es él.- ¿Todo en orden?

-Qué bueno que me llamas Niall, ¡tengo varias noticias para darte!-contesto alegre.

-Tengo una entrevista a las 2.30, ¿quieres que nos veamos a las 4?-propone animado.

-Sería genial, te veo en el Starbucks que hay frente a la plaza.-respondo, y cuelgo.

Era extraño, porque siempre que quiero hablar con alguien Niall está ahí para mí. Quería contarle todas mis novedades, incluyendo el tema de Liam y Danielle y el de Stephanie; sabía que sería bueno contarle todo a él.

Una vez que entro en el hospital, me encuentro con el médico justo en el principio del mostrador de la recepción.

-¡Sam! Es muy bueno verte.-dice escribiendo algo en unos papeles, echándome un ojo.-Brenda está muy decaída desde la última vez que te fuiste, tiene las defensas demasiado bajas. Si puedes hacer algo para que eso cambie…

-Lo intentaré.-contesto mientras me alejo.

En ese momento, me sentí una basura. Desde que me fui la última vez, no me interese por su estado de ánimo, ni por cómo podía afectarle eso. Sin embargo, iba a enfrentarla tal y cual como lo planeé, sin pena. Tenía que hacer y arreglar las cosas, por lo menos un poco. Voy hasta su habitación, y cuando entro, la veo como la última vez que la deje: triste, pálida, sin ganas de nada.

-Hola mamá.-digo con voz suave, pero firme.- ¿Cómo estás?

-Eso depende de cómo estés tú, hija.-responde con la voz quebrada.

-Estoy bien, Harry me invitó a salir.-digo mientras me siento a su lado, para calmar un poco la tensión.

-¿Enserio?-responde Brenda, y su mirada se iluminó un poco.

-Iremos a un bar, ya sabes, a tomar algo y bailar un rato.-digo intentando parecer calmada, pero saber todo lo que tenía que decirle hacia que me sienta muy alterada.

-Ten mucho cuidado. No quiero que bebas ni fumes, ¿está bien?-dice intentando imitar esa voz de mandona que nunca consigue.

-Lo haré, no te preocupes.-respondo con voz cansina.- Ahora… Quiero hablarte de otra cosa, y creo que ya sabes que es.

-Hija, si quieres que hable de…

-No, hablaré yo.-la interrumpo, firme y decidida.-Encontré esto en una pequeña valija en el departamento.-digo entregándole la carta. Ella la toma, y su rostro empalideció cuando vio mi nombre escrito en el dorso.- Gracias a eso pude completar mi ficha para Cambridge, si no, no entraba. Me dolió más que nunca tener que leer eso, tener que saber que nos abandonaron. Y peor aún fue saber que tu corazón se había hecho pedazos, sabiendo lo gran persona que eres. Pero fuiste una cobarde, mamá. Yo si tenía todo el derecho del mundo a conocer a mi papá, por más basura que sea, y tú no lo quisiste; por lo tanto, hoy estoy aquí, con 19 años y sin un padre.-hago una pequeña pausa, ver sus lágrimas caer por sus mejillas hacían que me debilite.- Tendrías que haberme dado las cartas, tendrías que haber pensado en mí y no tanto en que podía pasarte a ti si volvías a verlo.-continúo firme, respirando agitadamente.- Sin embargo, no te culpo, porque sé que fuiste una persona muy fuerte, y seguro que no fue nada fácil criar a una hija tu sola. Lo que quiero ahora, es que me des esas cartas, porque yo si quiero conocer a mi papá.-Hice una pausa, y Brenda se secó las lágrimas. Para mi gran sorpresa, ella contestó:

-Yo sabía que cuando sepas pensarías que soy una cobarde.-dice con la voz quebrada.-Fue mi error, y lo sé. Pero con tan solo pensar en que él podía volver a abandonarnos me aterraba, y no quería arriesgarme a eso. Las cartas están en el departamento, en un cajón del baño. Y no hay una por cada mes, hay una por cada un año.-Agrega viendo mi cara de sorpresa.- Espero que algún día me perdones, pero yo solo quería lo mejor para ti.

Sin darme cuenta, yo también estaba llorando. Fue triste ver su terror reflejado en el rostro, su miedo a ser abandonada de nuevo. Me dolió en el alma entender como pude haberse sentido ella, seguro no fue nada fácil. Sin embargo, no conocer a mi padre fue en parte su culpa, y eso me hacía sentir mucho rencor. Pero no era el momento oportuno para enojarse.

-No estoy enojada contigo, porque los dos tuvieron la culpa de todo lo que paso. Pero quiero que superes esto y veas que la vida continúa. Y quiero que confíes en mí.

-Eres mi hija, y jamás quisiera lastimarte.-responde, y me abraza.

Le devolví el abrazo con ganas, con fuerza. Yo amo a mi mamá, y saber que hizo lo que hizo para protegerme me hacía saber que era una gran madre. Por más de que quizás haya hecho muchas cosas mal, nunca lo hizo pensando en ella, sino en mí; y eso era por lo que la apreciaba tanto.

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