Capitulo 32.

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Intenté llegar lo más rápido que pude al departamento, pero caminar no era un camino fácil, y tardé bastante. Al llegar, me di cuenta de que estaba muy hambrienta, así que simplemente comí un sándwich. Por supuesto que eso solo no me alcanzó, pero estaba tan ansiosa que no me importó. Me descambié y me puse ropa más cómoda, luego busqué la carta en dónde la había dejado la última vez, y me siento en la mesa. Respiro hondo y abro el sobre largo y blanco. Saco la carta, la cual eran dos hojas escritas de los dos lados. Sentía mi corazón latir muy fuerte, me temblaban las manos. Vuelvo a respirar hondo, la despliego y por fin empiezo a leerla.

Querida Sam:

 

Hola, ¿cómo estás? Soy tu padre, Dan Woompert. Seguramente no tienes mi apellido porque la testaruda de tu madre no habrá querido que tengas algún rastro mío. No la culpo.

Espero que estés leyendo esta carta a corta edad, más o menos a los 12 o 13 años, no a los 20. Me gustaría poder verte a esa edad, y poder reencontrarnos. ¿Qué dices? Sin embargo, si tu madre no te la muestra cuando me hubiera gustado, creo que tampoco la culpo.

Voy a explicarte un par de cosas, empezando por mi familia (también tuya): tengo dos hermanos mayores, Will y Smith Woompert, yo soy el menor. Ellos siempre eran los inteligentes, los que mis padres (tus abuelos, Alicia y David) más querían en la casa. Smith siempre fue auténtico e inteligente para resolver problemas, es por eso que es profesor de matemáticas. Will es arqueólogo, viaja por todo el mundo. En cambio, yo era un ignorante. Vago, sin ganas de nada. Salía todas las noches, tomaba y fumaba. Repetí tercer año de la secundaria dos veces. No tenía muchos amigos, era y soy muy frío y tímido. Quizás era por lo superficiales que son mis hermanos, y por la poca atención que mis padres me daban. Quien sabe que tenía en la cabeza en esos momentos. Cuestión: yo era la vergüenza de la familia.

De todos modos (sin saber cómo), logré llegar a la universidad de medicina. No era una carrera fácil, pero me gustaba mucho el hecho de salvar vidas; creo que siempre fue lo único que quise hacer. Además, mientras más crecía y más maduraba, era más responsable y estudioso. Conseguí hacer amigos, que son los que conservo hasta ahora: Derek y Shoi. Sin embargo, en esa universidad encontré otra cosa más que la amistad verdadera: encontré el amor, y fue amor a primera vista. Como te lo puedes imaginar, esa persona fue tu madre. Me hizo ver la vida desde otra perspectiva, desde otro ángulo; me hizo recapacitar en un montón de cosas. Ella es hermosa y con una gran personalidad y sentido del humor, espero que hayas heredado eso de ella. Y que de mí simplemente hayas heredado los ojos.

Nos graduamos como médicos cuando los dos teníamos 24 años. Luego de eso, empezamos a trabajar en el mismo hospital, y también nos mudamos juntos a un pequeño departamento. Me di cuenta de que más tiempo estaba con ella, más la amaba. Por eso sentía que quería afirmar eso. Por lo tanto, le pedí matrimonio de la manera más vulgar posible. Solo le dije: “¿Te casas conmigo?”. Ella amaba mi sencillez, y aceptó feliz y decidida a estar conmigo por el resto de su vida.

El día de la boda, fue un día muy concurrido. En mi familia, todos estaban felices: mis padres aún no lo creían, y mis hermanos estaban muy expectantes ante la situación. Por fin había logrado algo en mi vida, tener una esposa, una casa y un trabajo digno. Sin embargo, ellos no eran mi verdadera familia, porque nunca me aceptaron como soy. En ese momento, mi única familia era Brenda.

Recuerdo que antes de ingresar a la iglesia, me reúno con ella en la habitación del salón dónde íbamos a casarnos, solo para ver si todo iba bien.

Al entrar noté que lloraba, pero era de felicidad. La abracé, y vi que en sus manos tenía una cajita abierta, no pude leer bien que decía. Luego, me miró a los ojos, y me dijo entre lloriqueos: “Tengo una noticia”. Y fue ahí cuando me lo dijo: estaba embarazada de ti. Me mostró el test y puse los ojos en blanco.

Fue la noticia más shockeante que nunca antes me hayan dicho. Me agarro pánico, ganas de gritar y salir corriendo: no estaba listo. No tenía planeado tener un hijo, solo quería estar con tu mamá y mejorar como médico. Y creo que no lo estaré nunca. Salí del edificio, pedí un taxi y me fui: me fugué. Fue lo más cobarde que jamás haya hecho, pero fue mi única salida en ese momento. Nunca más vi a tu madre, y sentía que no tenía ganas tampoco de verla de nuevo.

Sin embargo, luego de dos años, yo si quería conocerte. Luego de meterme en hospitales de recuperación de drogas y controlar mi adicción por ellas, fui a buscarte al departamento donde tu madre vivía. Como era de esperar, ella no me recibió para nada bien. Me tiró con todo lo que tenía a su alcance, y no dejó que me acerque a ti. Solo vi tu rostro, estabas jugando con un autito de juguete en el medio de la sala. Fue injusto no haber podido conocerte y tenerte en mis brazos, pero si era lo que tu madre quería, yo lo aceptaba, ya que yo fui quien rompió su corazón.

Desde entonces, decidí gastar mi vida en algo que valga la pena: vivo en África ayudando niños en el hospital. Me va bastante bien, me encariñé enserio con algunos niños. Te escribiré cada un mes, para contarte todas mis noticias, y por si algún día quieres visitarme o si quieres que nos encontremos; yo espero que sí.

Más que nada quiero decirte perdón, perdón por ser tan cobarde y estúpido, por no poder aparecer en tu vida antes. Espero que seas muy feliz con tu madre, espero que te críe de la mejor manera posible; como también espero que te entregue mis cartas. Ojala cumplas todos tus sueños, y nunca te rindas. Siempre se tú misma. Intenta no seguir mis mismos pasos: si encuentras el amor, aprovéchalo.

 

PD: Te dejo un pequeño papel en el sobre con mis datos, es por si acaso. Espero que este actualizado para cuando lo leas.

 

Te quiere, papá.

 

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