Capítulo 23 - El Ultimátum

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Las semanas corrieron y Vince notó que efectivamente el ritmo de vida al que estaba acostumbrado no era algo que pudiera costear por sí solo, se mentiría a sí mismo si se dijera que aquello no lo frustraba pero se negaba a dar su brazo a torcer, sin embargo, un mes después de la pelea se sentía con algo menos de decisión, tenía que encontrar una solución, tenía cosas de valor... quizá si las vendía podría irla pasando... pero su colegiatura era alta para pagarla con sus nulos ingresos. Quizá podría dejar la escuela y buscar un trabajo, podría trabajar uno o dos años para juntar lo suficiente para terminar la carrera, pero pensarlo le dolió. Era cierto, muchos lo hacían pero era por necesidad... no porque su padre simplemente le diera la espalda.

Vince comenzaba a deprimirse cuando tocaron a su puerta.

-Adelante- habló sin mucho ánimo, esperando que no fuera su madre intentando aconsejarle que fuera a disculparse con su papá.

-¿Vince?- la voz modulada y grave le dejó congelado. Incrédulo levantó lentamente el rostro, no era un error; "él" estaba ahí.

-¿Paul?- preguntó como si fuera posible que el espejismo de la nada se desvaneciera.

-Hola- le saludó y Vince frunció el ceño.

-¿Qué haces aquí?- Paul no pareció afectado por su tono brusco.

-Vine a verte, me enteré de lo que está pasando con tu padre- aclaró y Vince se levantó indignado.

-¡Si mi padre te envió a hablar conmigo puedes ahorrártelo, no me interesa lo que tengas que decirme!- gruñó, pero Paul no se movió de dónde estaba y aunque su rostro permaneció imperturbable algo en su mirada le dijo a Vince que lo había lastimado. Inmediatamente se arrepintió aunque no dijo nada al respecto.

-No vine porque tu padre me enviara, solo pensé que querrías ver esto- el chico sacó un papel de su bolsillo y se lo tendió, Vince dudó, pero sin nada que perder tomó el papel y a regañadientes lo abrió y leyó, mientras avanzaba, línea tras línea, el enfado fue borrado de su rostro para dejar solo sorpresa.

-¿Yo puedo solicitar esto?- preguntó, era una beca completa por parte de la escuela, sabía algo de ellas pero no tenía idea de cómo funcionaban, pero según decía ahí le condonarían las colegiaturas y le brindarían una mensualidad para sus gastos, que tendría que remunerar con la escuela al graduarse, pagando así una beca a algún otro estudiante- Mi situación económica...- miró su alrededor, lo viera por donde lo viera la escuela no querría darle dinero a él.

Paul se sentó en la cama y miró el lugar a su lado, Vince conocía el gesto, le pedía silenciosamente que se sentara a su lado y lo hizo, la situación era tan irreal que no le pareció extraño sentarse dócilmente a su lado.

-No estoy seguro de que tan grave sea la situación con tu papá, pero si te emancipas legalmente estarías desamparado económicamente. Tienes un buen promedio y sé que cualquiera de tus profesores daría una recomendación a tu favor- Vince miró el papel.

-¿Emanciparme?- su rostro mostró contrariedad, no sabía si podía dar un paso como ése. Él sabía que sería difícil sin el dinero de sus padres pero lo que más temía no era eso.

-¿Qué ocurre?- Vince soltó un pequeño suspiro y al contemplar la hoja los ojos se le aguaron, aunque se negó a llorar, no lo haría, especialmente no frente a Paul.

-No lo entenderías- Paul tenía todo el apoyo de su padre, era el hijo perfecto y amado, no como él.

-Pruébame- le pidió con paciencia y Vince pareció un poco mas derrotado.

-Si me voy, romperé el único lazo que aún tengo con mi papá... no hay nada que nos una, no hay nada en mí que le guste, sólo acepta que soy su hijo porque vivo aquí, si me voy... si me voy, creo que no lo volveré a ver jamás, quizá nunca vuelva a hablarme...- y pensarlo le dolía, dolía, tenía un nudo en la garganta y giró el rostro cuando no pudo retener mas una solitaria lágrima que corrió por una de sus mejillas.

-Lo entiendo...- Paul suspiró y miró al frente, si Vince no quería que lo observara no lo haría- Cuando alguien amado te da la espalda y no tienes idea de cómo lograr que vuelva a mirarte... pensar que si dejas de esforzarte un poco te dejará atrás y se olvidará por completo de ti, se lo que se siente Vince, créeme. Pero en tu caso... tu papá te ama, te ama tanto que no se rinde en aquello que cree que es lo mejor para ti- Vince negó.

-No lo creo- murmuró.

-Deberías, yo lo he escuchado... él cree que eres demasiado bueno para el mundo y que no te das cuenta de ello- Vince gruñó.

-Si, cómo no- Paul volvió la vista a Vince por primera vez y se inclinó al frente buscando su rostro.

-Yo creo que eres aun más maravilloso de lo que él cree y no se ha dado cuenta, dale tiempo Vince...- Vince levantó la mirada, Paul tenía unos ojos firmes, intimidantes y terriblemente honestos.

-¿Por qué haces esto por mi?- levantó ligeramente la hoja en su mano- Traerme los papeles de la beca, intentar animarme... Sabes que mi padre se enfadaría contigo si se entera ¿no?- y Paul se encogió de hombros.

-No me importa- se enderezó de nuevo – y sobre por qué lo hago- negó un poco- puede que para ti las cosas cambiaran- y su mirada nuevamente buscó la de Vince- pero no para mi, tu aún eres especial, nunca dejaste de serlo- y por alguna razón Vince sintió como su rostro se calentaba sin control y algo de ese calor viajaba directo a su corazón.

-Siempre podemos intentar retomarlo donde lo dejamos- Y esas simples palabras lograron algo que Vince no había visto en mucho tiempo, Paul le sonrió con el mismo cariño con el que lo había hecho años atrás... ¿cómo es que no había notado la falta de aquella expresión hasta ahora?

-Eso me gustaría- y Vince contagiado por su sonrisa le regaló una algo más tímida que emocionó el corazón de Paul, era la primera vez que una de las sonrisas que tanto adoraba volvía a estar dirigida a él- De haber sabido que una beca haría que volvieras a hablarme, te la habría buscado desde secundaria- Vince se avergonzó pero también sonrió un poco más, se observaron y sin ninguna razón en especial la risa brotó desde su garganta, quizá desde un poco más dentro, directo de sus corazones.

Fue solo un instante en que sus ojos se contemplaron y la alegría los inundo, como si nunca se hubieran distanciado, como si el tiempo que se había detenido dentro de ellos comenzara a correr de nuevo.

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