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YONGGUK POV

-Todo es culpa de esa bicicleta. Te dije miles de veces que es demasiado pronto para que vayas a todos lados en ella. Si necesitas ir a algún lugar, puedes pedírselo a Yongguk.

Entré a la habitación justo en el momento en que mencionaban mi nombre. Los tres se encontraban mirando en dirección a la puerta, con expresiones de sorpresa.

-No sabía que estabas aquí.

La voz de Daehyun, todavía débil, retumbó en las blancas paredes.

-Esperé a que estos dos te regañaran lo suficiente. Luego, decidí pasar a regañarte yo mismo.

Aquella media sonrisa a la que ni siquiera yo estaba acostumbrado, apareció en mi rostro y otra vez, esas expresiones de sorpresa se hicieron presentes. No entendía bien la razón por la que cada vez que me encontraba con aquel muchacho, tenía las intenciones de hacer que se sintiera mejor y que supiera que tenía alguien en quien apoyarse. No pretendía ser un jefe ni mucho menos un padre, quizá sí, un hermano mayor; algo que se salía por completo de los estándares que les había planteado a los demás. Entonces, hacía favoritismos, quién lo hubiera imaginado. Ese chico de piel morena y sonrisa aniñada, se robó mi corazón como si fuera una adolescente.

Mis deseos de hacer que sonriera, se cumplieron. Otra vez, la calma volvió y pude dejar ir esos nervios que me consumían cuando tenía a Alena cerca. Todo mi cuerpo comenzaba un despertar cada vez que ella se alejaba, y la tierra parecía girar iniciando un nuevo día. Sólo cuando la tenía presente, el tiempo se detenía, sólo cuando podía observar las olas de su cabello, moverse entre el espeso aire de ciudad, cuando veía aquel rostro entristecido y lleno de misterio, mis músculos dejaban de reaccionar y comenzaba aquella lucha contra mí mismo, queriendo salir a su encuentro y tomarla en brazos, pero sin poder hacerlo. El resto del tiempo, todo parecía funcionar bien, las cosas estaban en su lugar, y mis pensamientos también.

-Nos dijeron que podías irte en unas horas, así que nos quedaremos contigo hasta que te den el alta.

-Primero deben comer algo, ¿qué hora es? Junhong, ¿qué pasó con tus amigas?

-Ellas tampoco pudieron ir, me mandaron un mensaje diciendo que les había surgido algo importante.

-¿Iban a una cita doble?

La interrupción de la voz de Himchan provocó risas que también retumbaron en las paredes. Eran momentos como aquellos los que me permitían decir que todo estaba bien, que me encontraba en el mundo y no flotando en fantasías. Ellos eran mi cable a tierra y se los agradecía, aunque no se los dijera directamente.

Luego de un tiempo, Daehyun pudo convencernos de dejarlo para ir a comer. Las dos personas que me acompañaban salieron primero, entre risas. Estaba mucho más tranquilo ahora que los veía tan llenos de energía como siempre. Me quedé un tiempo más al lado de aquel muchacho, disfrutando de su compañía. Él sólo me miraba de vez en cuando, intentado iniciar una conversación. ¿Era así como me veía yo cuando no encontraba las palabras para mantenerme hablando? El aire salió de mi nariz, por lo gracioso de la escena. Al notarlo, sus ojos se dirigieron hacia mi rostro, intentando comprender mi accionar. Yo lo miré de la misma manera inquisidora en la que él lo hacía.

-¿Por qué te sorprende tanto que ría? No soy una piedra como todos piensan.

Agachó su cabeza con tristeza. Seguramente sintió que lo estaba regañando, por eso puse mi mano sobre su hombro, asegurándole que todo estaba bien. Realmente esperaba que lo entendiera. Me dispuse a salir de la habitación como los demás, pero antes de llegar al marco de la puerta, su voz me detuvo.

-¿Crees que puedes pasarme una toalla? Mi cabello sigue mojado...

Asentí y me dirigí hacia el armario que se encontraba en una habitación contigua. Cuando tomé la toalla, la puerta principal se abrió y una mujer hizo su entrada con paso apurado. Su cabello se movía, dejando una estela que contenía una fragancia particular. Al sentirla, mis sentidos se transportaron al mismo lugar en donde me encontraba con Alena cada vez que la veía, ese universo para dos en el que éramos felices juntos. La vi acercarse a la cama de Daehyun, ahora sin la compañía de la otra mujer. En el momento en que tomó las manos del muchacho entre las suyas, mi corazón se escapó de mi pecho y me transformé en un objeto inerte, mis ojos se salieron de sus orbitas y aquel nudo reapareció ¿Por qué? ¿Cómo es que ellos se conocían? ¿Por qué ella agarraba sus manos de esa manera? ¿Quién le había dado a Daehyun el privilegio de sentir el toque de la piel de Alena?

-Sé que mientes, sé que me recuerdas. ¡Lo siento! Nunca debía haberme ido así, sin decirte nada...

Su voz era tan calmada a pesar de la acusación. Inmediatamente, reminiscencias de minutos pasados, cuando la vi saliendo de esa misma habitación, se estrellaron en mi conciencia. Había sido confundido con todas aquellas emociones que me inundaban cuando la tenía frente a mí, que había olvidado por completo intentar cuestionarme su aparición en el hospital. Estaba lleno de dudas, quería entender qué era lo que sucedía entre esos dos. Mis manos se cerraban en puños y se apretaban cada vez más fuerte cuando veía que ella se acercaba más al cuerpo del muchacho. El llanto se ahogaba en mi interior, la rabia afloraba por todas partes.

-No hay necesidad de que finjas. Entiendo que estés enojado pero ¿al menos podemos hablarlo en vez de tener que actuar de esta manera? Realmente quiero saber cómo has estado, si estás comiendo bien, si continúas cantando ¿Es cierto que por fin vas a ser el famoso cantante que siempre quisiste ser? ¿Qué hay de la isla? ¡Dime algo, maldita sea!

Daehyun se mantenía en silencio mientras la miraba directo a los ojos, sin inmutarse ante las lágrimas que caían sobre sus antebrazos, atrapados por el agarre de aquella preciosa criatura. Lo preguntaba de nuevo y miles de veces más ¿Quién le había dado el derecho? Alena no dejaba de llorar y mis ansias por que se detuviera eran gigantes, no podía soportar verla así. Esa rabia que se amontonaba en mi frente, me incitaba a salir de la otra habitación y dirigirme directo hacia ella para sacarla de aquel sufrimiento, pero por supuesto, aquella maldición que caía sobre mí y mi cuerpo me lo impedían.

-Debes irte.

Observé cómo uno de los brazos de la muchacha se levantaba en busca del rostro de Daehyun, su mano tomó la barbilla del muchacho y comenzó a acariciarla. ¿Cuántas veces me había imaginado a mí mismo en esa situación? Siendo bendecido con sus caricias, sintiéndome revivir luego de ser tocado por aquellos pequeños dedos.

-No lo voy a hacer. Ya te dije que lo siento ¿No podemos volver el tiempo atrás?

-¿Para qué? ¿Qué ganaríamos con eso? ¿Qué es lo que quieres de mí?

-Yo...en realidad no lo sé. Sólo quiero que estés en mi vida...quiero...

Comenzó, muy lentamente, a acercar su rostro al del muchacho en frente suyo, sin despegar su mano de su posición. Ambos se miraban, casi sin parpadear. El calor de las gotas comenzó a sentirse en mi cara, caían a toda velocidad y rebotaban en mi chaqueta, mojándola. Deseaba quedarme ciego en aquel instante y no presenciar lo que con la cercanía de sus cuerpos se anunciaba. No estaba preparado para perderla de aquella manera y mucho menos en brazos de esa persona a la que le había entregado mi confianza, ese portador de calma. La inmovilidad desapareció por un instante y pude apretar los párpados para llenarme de oscuridad y no ver lo que estaba por suceder en la otra habitación.

-¡Daehyun!

La puerta se abrió estruendosamente, deteniendo el tiempo y regresando mi corazón junto a sus latidos, al lugar en donde pertenecen. Mis ojos se abrieron y pude ver como Junhong se quedó congelado en la entrada a la habitación, ante la escena que tenía en frente. Dirigía su mirada hacia las dos personas, alternando sorpresa y curiosidad. Nuevamente la fragancia que quedaba luego del paso de Alena, se sintió y ya no la vi más. Dentro de las cuatro paredes blancas sólo quedó Daehyun, al borde del llanto, con la mirada en el vacío, mientras que, detrás de Alena, un consternado Junhong salía corriendo. 

I'm gonna make you love me  [BangYongguk]¡Lee esta historia GRATIS!