Capitulo 26.

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Allí estaba Harry: sentado con sus codos en las rodillas mirando hacia adelante pero sin ver, con su hermosa mirada y un gorro azul. Le temblaban las manos, se notaba que tenía frío; y sus destellantes ojos verdes resaltaban con el oscuro día. Giró la mirada para verme y se levantó, sorprendido. Me tomó de las manos y empezó a frotarlas, las suyas estaban más congeladas que las mías.

-Por dios Sam, ¿estás bien? ¿Qué haces aquí?-dijo preocupado, sin dejar de frotar mis manos.

-Simplemente no lo soporto Harry, no puedo más.-dije sin más preámbulos y rompí en llanto.

Harry me abrazó muy fuerte por la cintura, y yo le rodeé el cuello con mis manos; hice puntas de pie, él era más alto que yo. Sentí de nuevo ese sentimiento que me producía cuando él estaba conmigo, sentí esa compañía que él me ofrecía. Sin embargo, mis lágrimas aún caían, y parecía que nada ni nadie podía frenarlas. Luego de unos segundos, nos separamos un poco y me rozó la mejilla con su mano mientras me miraba fijamente. Sus ojos me hipnotizaban, podría quedarme viéndolos horas, días, meses.

Al cabo de unos instantes, Harry se sentó y me hizo un gesto para que me siente a su lado. Lo hice, apoyé mi cabeza en su hombro y él me rodeó con sus brazos. Nadie nos veía, estábamos en un “hueco” que era especialmente nuestro. Nos quedamos así por varios minutos, en la misma posición: abrazados, conteniéndonos el uno al otro. Sin embargo, Harry estaba ahí por algo, una persona no elige estar solo teniendo el mundo a sus pies solo porque sí. ¿Se habrá peleado con Taylor? ¿Se peleó con alguno de los chicos? ¿O simplemente buscaba soledad? Había un silencio que inundaba la situación, sin embargo, no era incómodo: era cálido, se sentía como si sin necesidad de decir nada supiéramos todo.

-Sabes…-empecé suspirando, ya más calmada y sin lágrimas; enderezándome, pero con Harry abrazándome aún.-No logro soportarte del todo, pero cuando necesito a alguien siempre sé que tu estarás ahí, y no necesito a más nadie.

-Sonrió-¿No me soportas?

-Solo un poco.-contesto bromeando.- ¿Y por qué estás aquí?-pregunto sin rodeos.

-Cuando estoy confundido o cansado, salir a caminar y sentarte en una plaza no es nada malo.-responde mirando hacia delante, pensativo, pero muy decidido en lo que decía.

-A mi también me gusta salir cuando estoy triste.-respondo girando mi cabeza para verlo. Su mirada se veía apagada.

-Igual creo que sería mejor que habláramos de ti, ¿no?-dijo sonriendo de manera triste, y su rostro se apagó aún más.- ¿Por qué llorabas?

-¿Tienes tiempo?

-¿Me ves muy apresurado?-contestó ingenuo.

Le expliqué todo lo sucedido, con cada detalle: desde el sentirme sola, pasando por lo de Cambridge y resaltando lo de mi mamá y mi papá. Como siempre pasaba cuando estábamos solos, él se presentó muy atento, no como cuando estaba Taylor o los chicos: ahora éramos solo él y yo.

-Sam, tranquila.-dijo mirándome fijo, una vez que termine de contar todo.-Si tu mamá no quiere hablar del tema, debes entenderla, porque no sabes qué fue lo que en realidad pasó. Y si, sé que te llena de ira, –añadió viendo que iba a contestarle.- pero la solución no es enojarte. Hay que tomarnos las cosas con calma. Y si te sientes sola –agregó sonriendo, esta vez con el rostro iluminado.- yo me aseguraré de que sepas que siempre voy a estar contigo.

-¿Harías eso por mí?-susurro, con más lágrimas cayendo sobre mis mejillas.

-Claro que si.-dijo mientras se acercaba a mí lentamente. Me volvió a mirar fijo, respirando muy cerca de mí, cada vez se acercaba más: nuestros labios casi rozaban.

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