Capitulo 25.

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Allí estaba ella, tirada en la cama como un trapo y con el respirador, intentando mostrarse bien aunque cada vez estaba más débil. Me dio mucha pena verla así y más pensar en lo que le esperaba; no se lo merecía. Al verme, su rostro se iluminó, aunque el color gris de su cara se mantuvo.

-Mamá, ¿cómo estás?-dije mientras me abalancé a abrazarla.-Te extrañe mucho.

-Hola mi amor.-dijo con voz muy débil, casi quebrada.-Yo también te extrañe.

A pesar de que hayan sido solo unos días, extrañarla era algo que siempre estaba en mí: es mi mamá, mi otro yo, mi única compañía; es imposible estar sin ella. Por eso tengo tanto miedo de perderla. Empezamos a hablar sobre los días anteriores, sobre cómo me iba en el trabajo, sobre los chicos... La conversación fue muy fluida, creo que logré distraerla. Además, no quería ir directamente con el tema de mi papá. Finalmente, con todo mi valor y de a poco, empecé a contarle sobre lo de Cambridge.

-…Así que creo que es una buena opción asistir, mamá.

-Me gustaría que vayas, te abriría muchas puertas.-responde animada.- Y sé que sale costoso, así que podríamos usar algo de mi tratamiento pa…

-¿Estás loca?-la interrumpí, algo enojada.-Tu eres la prioridad. Yo estoy después.

-Me encantaría que sea al revés, ¿sabes? No me gusta ser el centro de atención.-responde avergonzada, sonriendo por lo bajo.-Y más cuando eres mi hija.

-Sonreí.-Ya soy bastante mayor para saber cómo son las cosas, así que no te preocupes.-respondo.- ¿Y bien? ¿Qué dices?

-Claro que irás, tienes mi apoyo.-responde tomando mi mano.

-Me alegra saber eso.-respondo con una sonrisa de oreja a oreja.- Pero para ingresar tengo que completar una planilla… Necesito que me ayudes.-dije esas palabras muy despacio, eligiéndolas con cuidado, con miedo de cometer algún error.

Saqué la planilla de mi bolso, una birome y empezamos a completar. Comenzamos con las cosas básicas: mis datos personales, mis colegios, estudios, trabajos y esas cosas. También llenamos sus datos, teniendo en cuenta su estado de enfermedad. Al cabo de 15 minutos, no nos faltaba nada: solo datos de mi padre; la parte de mis objetivos y expectativas por supuesto que la haría yo sola.

-Mamá, tengo que… Tengo que completar cosas sobre mi papá.-dije seria, armándome de valor. Ella abrió los ojos de par en par, e hizo algo parecido a una mueca de dolor.-Sé que no quieres hablar de esto, pero lo necesito. Solo ármate de valor y dímelo. Supera esto.

Se quedó unos minutos en silencio, mirando la ventana, pensativa. Me puse muy nerviosa, parecía que nunca iba a responderme. Sin embargo, largó unas simples palabras, unas palabras que derrumbaron mi mundo por completo.

-No voy a responder cosas del hombre que arruinó mi vida.-respondió de la manera más fría que pudo.- Me levanté furiosa de la cama, tirando la planilla, mi bolso y algunas cosas que había arriba de la cama; y dije:

-¿Enserio mamá? ¡¿Enserio?! ¡Toda tu vida ignoraste el tema, es hora de que lo superes! Yo que no se ni siquiera el nombre, que no se ni que fue lo que te hizo para que nunca tengas el coraje de contarme; al menos miro hacia adelante y sigo, y quizás eso sea lo que tú debes hacer. ¡¡Este tema me tiene cansada!!

Esas fueron mis últimas palabras, tome mis cosas rápidamente del piso y me fui, agobiada y llorando. Salí del hospital, mire a ambos lados de la calle, y la única salida que encontré fue la misma plaza en la que estuve la última vez que discutí con Harry. Me causó más aún tristeza pensar en él. Vi un pequeño hueco que había entre un árbol y una casa justo dónde empezaba la plaza; había sombra y claramente no se veía: estaba como escondido. Corrí hasta allí, con los ojos empapados en lágrimas, decidida a llorar en medio de una soledad de la que no iba a poder salir; y lo encontré. ¿Cuántas casualidades podían existir?

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