Capitulo 21.

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Tocó la campana (la cual era muy irritante) y, con gran alboroto, todos fueron hacia sus salones. Me dirigí hacia el salón de segundo, donde estaba mi primera clase. Subí una escalera y doblé a la derecha, donde me topé con una puerta de madera oscura. Entré con aire decidido y todos se callaron.

-Buen día.-saludo cálidamente.- Ellos solo respondieron entre muchas voces, no se entendió nada.

-Bien, yo soy Sam, su nueva maestra de inglés.-empecé con todas mis ganas.-Espero no tener problemas y que nos llevemos bien hasta el final. Ahora empezaremos en la página 15…

Di la clase de lo más normal y tranquila posible, no hubo ningún alboroto ni problema. Al ser tan pequeños, no oponían resistencia a nada; simplemente obedecían. Con tercer grado fue exactamente igual, todos trabajaron a gusto y yo me concentré en lo que también me gustaba: aprender cosas nuevas.

Más tarde, cuando estaba en mi intervalo de 30 minutos antes de dar mi última clase, me dirigí a la sala de profesores. Allí no había nadie, aparentemente yo era la única que tenía ese intervalo libre. Dejé mis cosas, me preparé un café con la máquina que había a un costado y me senté alrededor de la gran mesa redonda. Empecé a observar la habitación: era extrañamente redonda, había cuadros con marcos dorados por todas partes (los cuales contenían diplomas, fotografías de antiguos profesores y datos sobre la creación del colegio), y muchas estanterías con libros. Me quedé ensimismada mirando un cuadro más grande que los demás dónde aparecía Beatrix con todos los profesores el día de inauguración del colegio. Tenía la sonrisa muy parecida a la de Harry… Y automáticamente empecé a pensar en él… ¿Por qué siempre estaba en mi mente? De una manera u otra, siempre en un momento del día él aparecía en mi cabeza, y eso me frustraba. Por suerte, entra una persona precipitadamente en la sala despejándome de mis pensamientos.

-No lo sé en este momento Ben, pero puedo ayudarte luego.-Estaba diciéndole a un chico bajito y rechoncho antes de cerrar la puerta ante sus narices. Giró sobre sus talones y dijo-: Oh, disculpa…-Se quedó petrificado al verme. Era como si yo fuera un fantasma y temiera que le hiciera algo; parecía más asustado que sorprendido. Era una persona alta, tenía bigote de morsa y unos anteojos pequeños muy redondos que escondían unas pupilas negras muy pequeñas. Vestía un traje beige y una corbata roja; tenía aspecto gracioso.

 -Hola.-digo intentando romper la tensión y el incómodo silencio.- Soy Sam, maestra reemplazante de…

-¿Cómo te llamas?-preguntó bruscamente, observándome de pies a cabeza, como si estuviera intentando recordar quien soy, o como si no pudiera reconocerme.

-Soy Sam Riddle, maestra reemplazante de inglés.-Hubo un corto silencio (el cuál pareció eterno) hasta que al fin dijo, algo confundido:

-Disculpa, creía que eras otra persona. Soy Smith, profesor de matemática.

-Un placer.-respondo y le tiendo la mano. Él la estrecha, aún más extrañado, y luego digo -: Debo ir a dar clases, un gusto conocerlo Sr. Smith.- Él solo sonrió y se sentó, absorto en sus pensamientos.

Finalmente dejé la sala de profesores y me dirigí hacia séptimo grado. Subí la misma escalera que antes y esta vez doblé hacia la izquierda. Pasé por un estrecho pasillo, dejando la biblioteca y el salón de química atrás. Cuando me encontré con otra puerta de madera oscura con un cartel que rezaba: “Séptimo grado”, entré con el mismo aire decidido que antes.

Estos eran los más grandes, ya no iban a tener el mismo respeto que los más chicos; iba a ser distinto. Cuando irrumpí en el salón, vi que todos estaban todos tirándose con cosas muy risueños, algunos escuchando música, y un grupo de chicas se estaba tomando fotos. Cuando me vieron llegar, reconocí sus reacciones: puños al aire “festejando” tener una maestra reemplazante tan joven. Dejé mis cosas en el escritorio y chequeé como siempre se dividían los cursos: los más tímidos y aplicados al frente, los más egocéntricos y llamativos atrás.

-Buen día, soy Sam, su nueva profesora de inglés.-dije igual de amigable y confiable como en los otros dos cursos. Creo que eso les gustó, ya que muchos sonrieron.- Hoy empezaremos con la voz pasiva, así que saquen sus libros y busquen la página 124…

Luego de explicar tranquilamente el tema (con mucha participación de la mayoría de los alumnos), empezaron todos a hacer una actividad. Así que me dediqué a pasear por los bancos a ver que hacían. Luego de explicar otra vez el tema a unas chicas que no lo habían entendido, llegué al final de las hileras dónde había una chica de cabello grasoso y ojos negros, muy tímida, a la que estaban molestando; así que tuve que intervenir.

-¿Qué están haciendo ustedes dos?-dije en tono desafiante dirigiéndome a los dos chicos de adelante, quienes la molestaban.

-Solo le pedíamos ayuda para hacer un ejercicio, profesora.-contestó educadamente uno de ellos, intentando disimular algo.

-Para eso estoy yo.-contesté intentando imponer autoridad, aunque no quería ser así con ellos, así que continué-: Hagan su trabajo, y díganme Sam.-terminé de decir sonriendo.-Se dieron vuelta rápidamente y siguieron con lo suyo. Sin embargo, quería conocer y saber cómo se sentía la chica perjudicada.- ¿Y cómo te llamas linda?-pregunté mientras me acercaba un poco a su asiento, sonriendo amigable.

-Em… Eh... Soy Stephanie.-contestó tímida, tartamudeando.

Apenas vi su reacción de timidez me recordó a mí a su edad. Yo era igual, me molestaban mucho y dejaba que eso me afectara, era muy cerrada en mi misma y no tenía muchos amigos. Fue triste ver como con una simple mirada Stephanie me transmitía todo eso.

-Qué lindo nombre.-contesté alegre, saliendo de mi ensimismamiento.- ¿Necesitas ayuda con algo?-pregunté amable.

-No, no… Creo que estoy bien.-contestó agarrando un lápiz simulando hacer el ejercicio, nerviosa.

Yo sonreí intentando calmarla; acto seguido, iba a girar sobre mis talones para volver adelante, cuando vi una foto de los chicos sobre el banco: estaban todos ellos y sus firmas, era una clase de poster. Quizás los conocía, y eso significaba que sabía que yo los conocía, y eso también demostraba su nerviosismo.

-¿Eres fan de One Direction, Stephanie?

-Oh, em… Sí, me fascinan.-responde ella tomando el poster y observándolo. Yo solo sonreí y asentí. Tenía una gran idea en mente.

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