Capitulo 20.

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Esa noche dormí como nunca antes. Era como si desde que llegue no haya podido conciliar el sueño, y recién esa noche había logrado dormir en paz. Soñé algo hermoso: no podía recordar que, pero fue algo que me hizo sonreír de oreja a oreja a plena noche. Cuando me levanto a las 6.30 (no sabía por qué tan temprano) tomo mi IPod. Siento un ruido proveniente de él, creía que era un mensaje; al verlo reconozco que en realidad era un recordatorio. ¿Cuándo había hecho un recordatorio?

“Espero que no te hayas quedado dormida, porque hoy empiezas a trabajar. Me gustan tus fotos que tienes aquí, aunque nunca serás tan bonita como yo. Y como buen amigo que soy, me encargué de sacarme un par para que tengas. Te quiere, Niall.”

¡¡Hoy empezaba a trabajar!! ¿Cómo pude haberme olvidado? Era imposible… ¿Qué tenía en la mente? En realidad, se me había borrado cualquier pensamiento acerca de eso, ni siquiera había hecho un espacio en mi mente para pensar cuán nerviosa estaría ese día, que iba a decir al presentarme, nada. Que despistada estaba, era muy extraño haberme olvidado. Al menos existía Niall, que, vaya a saber uno cuando, se le ocurrió tomar mi IPod y crear un recordatorio. ¿Qué sería de mí sin él?

Rápidamente fui al baño y me preparé. Intenté ir arreglada pero no tan formal, y lo conseguí extrañamente usando unos jeans blancos, camisa marrón y campera de cuero también marrón. Obviamente, mi bolso y zapatos combinaban. Revisé mi horario (el cual me costó unos diez minutos encontrar), y tenía que dar 6 horas de clases con intervalos de 30 minutos cada dos horas. Las primeras clases eran inglés a 2º y 3º grado, y las últimas dos a 7º grado. Bien, los nervios se iban apoderando de mí a medida que se venía la hora de empezar. Salí del departamento algo ataviada, con una ansiedad total sobre mí; pedí un taxi y fui hasta el colegio. Luego de unos quince minutos bastante frustrantes (tuve que memorizar algunas calles o señales que me ayuden a volver), finalmente llegué. Por fin el día había llegado: era momento de enfrentar mis miedos y cumplir mis nuevos objetivos, sin vueltas, sin posponer nada; solo había que juntar valor y empezar.

El edificio estaba tal y cual como lo había visto por primera vez: desvencijado, pero con algo que lo hacía moderno. Entré por la puerta principal, la cual estaba más abarrotada que cuando fui con Harry: muchos padres saludaban a sus hijos y se iban, otros llegaban caminando, y la gran mayoría en un gran autobús amarillo. Cuestión: chicos por todos lados. Mientras iba caminando por la galería, claramente se divisaban quienes eran los más chicos y quienes los más grandes: había niños con autitos hasta chicos más maduros caminando con aire decidido; también había niñas jugando con las muñecas, y había otras ya más bonitas, peinadas, capturando la mirada de todos. Era interesante ver como disfrutaban la mejor etapa de su vida, la pre-adolescencia, la cual yo disfruté como ninguna otra.

Seguí caminando hasta que llegue al final de la extensa galería, donde estaba el quiosco. Había una mujer bastante tenebrosa diría yo, gorda y repugnante, que me dirigió una mirada de asco; nada agradable. Doblé en una esquina hasta traspasar los salones, y llegar al otro pasillo en el que estaban las salas de los profesores y directores. Muchos ya estaban en marcha: había un par de charlando y tomando café, otros revolviendo en sus maletines, entre otras cosas. Algunos me saludaron de pasada, sin verme, como acostumbrados a decirse “buen día”. Otros, en cambio, no me miraron con buena cara y siguieron su camino. Caminé unos pasos más y llegue a la sala de la directora. Toqué la puerta y a los segundos salió Beatrix, la directora. Luego de saludarnos entro y tomo asiento en su escritorio, en frente de ella. Beatrix cerró la puerta, rodeó su escritorio y se sentó, sonriente.

-Me alegra tener a alguien tan pronto, Sam.-dice con un tono alegre, quitándose los anteojos.- Te agradezco tu predisposición, aun siendo tan joven.

-Es un placer para mí señora direc…

-Dime Beatrix, no me gusta tener tanta autoridad.-me interrumpe, dejando ver sus dientes detrás de una sonrisa: los tenía blancos y muy arreglados, me recordaban a alguien…

Rápidamente, empezó a hablarme sobre los más “llamativos” de algunos cursos, quienes siempre buscaban problemas, como debía comportarme en el salón, etcétera. Todas esas cosas yo ya las tenía claras, también fui al colegio y se cómo son las cosas; pero supuse que era su trabajo remarcármelas. Una vez que ya estaba en el umbral de la puerta para irme y empezar a trabajar, formuló una pregunta que no esperaba.

-¿Y cómo esta Harry?

-Oh, emm…-empecé a balbucear, no sabía porque me preguntaba por él.-Harry está bien...

-Es encantador, estoy muy agradecida de que sea parte de mi familia.-contestó algo orgullosa.

-¿Ustedes son…?

-Oh, seguro no te lo dijo: soy hermana de Anne, la mamá de Harry.

Automáticamente puse los ojos como platos, Harry nunca mencionó eso. ¿Por qué nunca me lo dijo? Qué extraño… En fin, solo sonreí y le di las gracias a Beatrix para poder irme y por fin, empezar.

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