Capitulo 18.

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El frío helado me pegaba fuertemente en la cara. Las lágrimas se extendían cada vez más cuando el viento arrasaba, mis manos temblaban y estaban frías; se me secaba la garganta. Cosas que usualmente me pasan cuando estoy triste, o mejor dicho: cuando la tristeza termina conmigo. Y para empeorar la situación, volví a pensar en que podía perder a mi mamá, volví a pensar en el hermoso abrazo de Harry; y no podía parar de llorar. ¿De verdad tenía razón yo con lo que le dije a Harry? ¿Era mi orgullo el que no me dejaba ver la realidad? ¿Así era mi manera de enfrentar los problemas, irme? ¿O era él el cobarde que no quería ayudarme? Quizás él tenía razón cuando me decía que siempre le criticaba algo. O quizás, simplemente, estaba cada vez más pendiente de él.

Intentando despejarme un poco, me levanto y voy caminando hasta mi departamento; como suelo hacer. Había dejado de llorar, pero aún no sabía si toda esa tristeza que sentía era por Harry. Más que nada, era un rejunte de cosas, y lo que paso con él claramente no me ayudaba nada. Cuando llegué al departamento, fui directamente a mi habitación, tiré la lista de horarios antigua de visitas de mi mamá y coloqué en el pequeño pedacito de corcho la nueva. Decidí que necesitaba un cambio: necesitaba cambiar.

Para eso, empecé a buscar revistas, colores, fibras, temperas y cosas de pintura. Comencé a hacer recortes y escribir cosas en cartulinas con frases que me gustaban e inspiraban. Pegué algunas en la heladera, otras en algunos muebles, y la mayoría en mi pequeña pared de corcho de mi habitación. Luego, empecé a revolver algunas cosas de mi mamá y encontré cortinas, manteles y algunos juegos de cubiertos y platos; todo en tonalidad verde. No sabía cómo había llegado todo eso ahí, o de dónde venían, porque yo no las recordaba. Rápidamente, renové todo el comedor y cocina. También cambié de lugar las cosas en el living, giré el sillón y también el televisor. Extendí una manta de todos colores que estaba en la habitación de mi mamá en él. Eché un vistazo rápido y me di cuenta de que lo único que me faltaba eran fotos: para sentirme completa necesitaba tener fotos de mis amigos y de mi familia. Busqué de nuevo en la vieja valija de mi mamá y encontré las mismas que había visto la última vez; y las ubiqué por todas partes. De todos modos, mi vida no estaba completa; así que mientras pase el tiempo más fotos iría sacando y más iría pegando. Acto seguido me coloqué en un punto central de todo el departamento, y vi como había quedado. Ahora si me gustaba en donde estaba: había más espacio, más creatividad, había más de mí misma.

Luego de eso, vi que ya era media tarde, el tiempo se había pasado muy rápido. En realidad, cuando hacemos algo que nos entretiene o nos gusta, el tiempo pasa volando. Tampoco recordé lo de Harry en ese período, lo cual fue bueno. Pero ahora que me había puesto a pensar en ello, quizás fui muy grosera. Él se había tomado el tiempo de ir y ayudarme, de preocuparse por mí, ¿y así se lo devuelvo? Me tiré en el sillón intentando pensar que hacer, si ir a verlo, si llamarlo o simplemente hacer algo; pero el sueño pudo conmigo y me quedé dormida al instante.

Estaba corriendo hacia Harry tan fuerte que sentía que iba a caerme de cara. El camino era soleado, y alrededor había árboles con copas muy grandes; era un lugar que yo conocía, aunque no sabía cuál. Él estaba feliz de verme, lo sentía, lo veía en su sonrisa. Yo también lo estaba, la felicidad sobrepasaba mis límites. Pero todo lo que estaba corriendo no servía de nada, ya que Harry se alejaba cada vez más de mí. Su sonrisa se borraba de a poco, me gritaba cosas que yo no oía… Se estaba enojando y por eso se quería escapar. ¿Qué hice de malo? ¿A qué estaba jugando? Estiré mi mano más rápido para llegar a él cuando lo tenía a solo unos centímetros y…

¡TOC TOC!

Me levanté de un salto. Sentía que el corazón se me iba a salir de la garganta si no respiraba pausadamente. Lo hice, pero los sonidos no cesaban y me levanté. Cuando me despabilé un poco, supe que ese ruido provenía de afuera; y caí en la cuenta de que estaban tocando la puerta, que yo estaba soñando y me habían despertado de golpe.

-¡Hey Sam!-dijo Perrie, alegre, mientras le abría la puerta.- ¿Estabas durmiendo?-continúa con una risita.-Tienes los ojos cansados.

-Descuida.-empecé mientras me rasgaba los ojos para sacarme un poco de lagañas.-No es horario para dormir. Ven, pasa.-digo apartándome para que entrara.

-¿Pasar?-dijo ella arqueando las cejas.-No hay tiempo para eso. Nos vamos de compras con las chicas.

-¿Ahora?-exclamo sorprendida.

-¡Claro!-dijo largando una carcajada.- ¿Recuerdas que te dije que iríamos? Ve a cambiarte, te espero abajo en el auto.

-Está bien, no me tardo.-respondo con una pequeña sonrisa.

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