Capitulo 13.

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El viernes por la mañana, me levante esperando algún llamado de Harry. Fue inútil, ya que él no lo hizo y simplemente conseguí ilusionarme para nada. Luego de desayunar, salí a correr, como acostumbro a hacer. Cuando ya eran las dos de la tarde y no sabía que más hacer, recordé que los chicos vendrían más tarde. Eso suponía, ya que no había hablado con nadie para confirmar. ¿Y qué mejor que llamar a Niall?

-Hey Niall, ¿cómo estás?

-¡Sam! Yo estoy bien, ¿y tú?

-Estoy aburrida…-digo con un suspiro. La verdad era que me sentía muy sola, y definitivamente necesitaba a alguien que quiera estar conmigo.- ¿Vendrán hoy, no?

-¡Claro que sí!-responde Niall emocionado.-Seguro que nos quedamos hasta la noche, así que prepara comida o…

-Río y lo interrumpo-: No te preocupes, tengo todo solucionado.

-Mejor así. Quizás las chicas lleguen antes. ¡Adiós Sam!

Colgué alegre, sonriendo, y ya sabía el motivo: Niall me hacía muy bien. Hasta el momento, no había conocido a nadie que tenga tanta capacidad de hacerme sentir así de plena; era como mi salvación. Me hubiera gustado hablar más con él, sentía que necesitaba descargar con alguien lo que me pasaba con Harry. Sin embargo, más lo pensaba peor era.

El día se estaba tornando cada vez más frío y lluvioso. Amo ese clima, es ideal para mirar películas o simplemente para dormir con alguien. Pero, para mi gran depresión y soledad, aún no tenía a nadie. Intentando no pensar más, empecé a ordenar un poco, acomodar valijas, cosas que habían quedado pendientes y que no había podido acomodar desde que llegué. Miro debajo del sillón y había una pequeña valija de mano color verde moco, parecía ser muy vieja; aunque creo que era de mi mamá. La abro y me encontré con varias cosas: revistas y diarios muy viejos y dañados, fotos en blanco y negro, una cámara fotográfica aún más vieja y varias cartas. Saqué todo y examiné la cámara. Increíblemente, era una de esas que imprimen la foto al momento de tomarla. Me sorprendí mucho ya que, si era de mi mamá, para su época era algo muy avanzado. La dejé a un lado y decidí darle uso, ya que parecía estar en condiciones. Luego, observé las fotos detenidamente. La mayoría eran mías de pequeña (yo en el jardín de infantes, en mi primer día de colegio, en mi graduación, mi cumpleaños), había también algunas de mis abuelos y muchas de mi madre y yo. Muchísimos recuerdos venían a mi mente, mi infancia y pre-adolescencia había sido mi única buena etapa. Me gustaría poder retroceder el tiempo y volver a vivir todo eso, volver a vivir momentos en los cuales fui verdaderamente feliz. Seguí revolviendo un poco entre las cartas (que eran todas entre mis abuelos y mi mamá) y encontré una que en el dorso del decía “Sam”. Adelante no tenía el nombre de quien la había mandado, pero si había una fecha: 15 de febrero de 1994, el día de mi cumpleaños. De curiosa (y además porque tenía mi nombre), lo abrí. Lo primero que llegue a leer en la parte interior del sobre fue el nombre de mi papá. Automáticamente cerré el sobre de nuevo y lo guardé en el cajón de mi mesa de luz. Me senté en la cama y empecé a pensar en por qué podría haberla escrito. ¿Acaso quería verme? ¿Por qué mi mamá no me la entregó nunca? ¿Tendría algo que yo no podía saber? ¿En realidad no nos abandonó? Mi mente pensaba a mil por hora y, finalmente, de me di cuenta de que este tema solo me lastimaba. Si él hubiera querido venir a verme, ¿no lo hubiera hecho cuando pudo? No sabía que más pensar, así que simplemente me senté en la mesa del comedor, puse algo de música con mi IPod y empecé a pintar mandalas; que era algo que desde pequeña me relajaba y distraía. Así me pasé toda la tarde pintando, hasta que la realidad tocó mi puerta y llegaron los chicos.

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