Capitulo 4.

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Seguimos hablando por mucho más tiempo, intercambiamos intereses, gustos y ese tipo de cosas. No hablamos mucho sobre la banda en sí, pero me contó que lo que más le gustaba era cantar y tocar la guitarra. Raramente, y como si se me escapara de los labios, le dije que me gustaba bailar.

-Bailar no es lo mío.-contesta él riendo-¿Y qué bailas?

-Bueno, nunca practiqué nada en realidad, nadie sabe que me gusta.-respondo un poco avergonzada-Pero apenas tenga tiempo y dinero empezaré a bailar hip-hop, o quizás algo de rap.

-¡Grandioso!-exclama Niall-Alguna vez quiero verte hacerlo.

-Solo si yo te escucho cantar.-respondo ingeniosa, y los dos reímos.

Cuando me di cuenta de la hora ya tenía que ver a mi mamá. No quería dejar de hablar con Niall, pero debía irme.

-Es tarde… Debo ir a ver a mi madre.-dije algo decepcionada.

-No hay problema, Sam.-contesta sin perder esa positividad-De todos modos,-continúo-mañana volveré a buscar el papeleo de Zayn.  ¿Quieres ir a tomar algo luego?

-Me encantaría, pero tengo que conseguir trabajo.-contesté apenada, mirando hacia abajo.

-¡Puedo acompañarte!-responde él haciendo un gesto con las manos de superficialidad.

-¿Lo harías?-cuestioné ilusionada.

-¡Claro! Estaré aquí a las 4, quizás venga con los chicos.-dijo mientras se alejaba dando saltitos.- ¡Adiós Sam!

¿Los chicos? ¿Los demás integrantes de One Direction? En realidad no me importaba, si los demás eran así de simpáticos como Niall no tendría ningún problema. Además, ellos conocen Londres y podrían ayudarme.

Después de que Niall se fue, me di cuenta de que estaba muchísimo mejor. Hablar con él me había levantado el ánimo, y también me hizo sentir segura y confiada. Realmente quería volver a verlo, me sentía muy bien estando con él. Pero simplemente de amigos, como buenos amigos.

A los minutos toqué la puerta dónde estaba Brenda, y un guardia abrió una pequeña abertura que había justo debajo del cartel que indicaba que eso era sala de terapia.

-¿Nombre?-preguntó bruscamente asomando sus ojos, los cuales eran muy negros y redondos.

-Sam.-Contesté. Él hizo una pausa esperando a que yo continuara, y ahí me di cuenta de que con un simple “Sam” no lograba nada.-Soy Sam Riddle, hija de Brenda Showicks.

A continuación, el abrió la puerta y me permitió pasar. Cerró rápidamente la puerta detrás de mí, escribió algo en una libreta y se sentó en un pequeño banquito justo delante de la puerta.

La imagen que me tocó ver segundos después no fue nada agradable. Había una seria de camillas en las cuales estaban recostadas muchas personas, y algunas estaban realmente en mal estado. Al lado de algunas camas había personas llorando y otras simplemente sentadas mirando a la persona enferma. Fue algo que a nadie le hubiera gustado ver, el revuelo que producía tu estómago al pasar por allí no era nada deseable. Y aunque no quería entrar ahí, tuve que hacerlo.

Pasé por el medio de las dos hileras, con la mirada fija hacia adelante y evitando ver a alguna otra persona que no sea mi mamá. Finalmente, la vi en la camilla que había al final. Estaba dormida con respirador, y se notaba muy frágil y pálida. Me acerqué a ella y la abracé y, muy débilmente, extendió un brazo hacia mi cuello, en señal de que sabía que yo estaba allí. No pude evitar llorar, fue una situación en la que de verdad sentí que juntas todo era posible.

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