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Reto 14

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Consigna: Describe cómo eras de niño como si fueras un personaje de un libro (narrador en tercera persona).



ELLA

Ella era una niña muy linda, pero bastante insegura. A pesar de esos grandes y hermosos ojos protegidos por unas largas, tupidas y risadas pestañas, su mirada solía evitar toparse con la de los otros.

Pero no siempre había sido así. Su primer año escolar había sido el centro de atención. Ella era de esas niñas que no se olvidan. "De esas niñas que le marcan a uno", había dicho la maestra que le vio cursar primer grado y aprender a contar, a escribir y a leer perfectamente bien.

Su estatura no era mucha, su complexión física casi escuálida y ese constante pique por tener mejores calificaciones que la tal Isaura. Pero no es que quisiera ganarle, es solo que se hallaban al mismo nivel. Más con Isaura las cosas eran diferentes, ella siempre buscaba ganar.

Sin embargo la competencia no era la suyo. Menos después de tantas agresiones. Y mucho menos ahora que era cobarde.

¿Le tenía miedo a Isaura?, y a Iveth y a Alma. Ese trio de crueles niñas que le acosaban sin razón. O al menos era así para ella que no recordaba haberles hecho ningún mal y que no sabía defenderse. Pues antes de ellas la violencia no conoció.

Al principio intentó defenderse. Reaccionó quizá por instinto. Pero ellas eran más y eran bastante intimidantes. Eso la cambió. Ahora era callada, y no participaba mucho. Pero era inteligente. Seguía entre los tres primeros lugares del salón, junto a Laura —la mejor de la clase— e Isaura, que siempre peleaba con ella por el número dos.

Y no es que intentara ganarle, ni siquiera lo buscaba. Era algo que solo sucedía y que siempre le causaba problemas y malos ratos.

Más amigas le sobraban. Ella siempre sonreía y atraía a otras chicas, lo que quizá molestaba al trío que no le daba tregua. Era como si quisieran arrancarle la felicidad. Algo que no lograrían, aunque la dejaran con tan poca seguridad.

Ella disfrutaba leer y de eventos participar. Bailables, poesía y música siempre tenían en su vida un lugar. Y le gustaba bordar, y también la pintura. Otros espacios de su vida que intentaron arruinar.

Pero a pesar de darle tanto miedo, nunca la vieron llorar. Ella tenía razones para sonreír, aunque no frente a ellas. Frente a ellas se mostraba seria, y a veces poco molesta. A su manera se defendía. No se mostraba vulnerable, no cuando le quitaron tanto y nadie hizo por defenderla.

Isaura tenía su credibilidad, solía ser lambiscona con las maestras. A cada una de las tutoras se las llevó a la bolsa; en cambio ella solo tenía sus buenas notas y ese perfecto comportamiento que no arruinaría. Pues delatar a Isaura seguramente no le daría más que problemas. Por eso se calló todo, por eso aguantó tanto. A final de cuentas, seis años no parecían demasiado.

Le arrebataron dinero, colores y seguridad. Pero nunca un respuesta violenta, esa no era forma en que supiera actuar. En casa el ambiente era recto, nada fuera de lugar. En todos sus años de vida nunca hizo nada que ameritara un castigo. Casi creía que sus padres no sabían ni gritar.

Más ella era persistente. No quitaba el dedo del renglón. Y con el paso de los años ganó un poco de valentía. Aprendió a reír con sorna en algún lado del camino. Comenzó a disfrutar verse en mejor posición que Isaura, comenzó a esforzarse un poco y ganarle en absolutamente todo, entonces le escupió en la cara cada reconocimiento logrado.

Más no fue la solución. Hacer molestar a Isaura desató cosas peores. Ahora perdió incluso cabello y cayó en mil y una trampas. Desde la desaparición de sus libros y cuadernos, hasta poseer dinero perdido.

Isaura era una niña traviesa cubriendo una horrible alma. Aun en la secundaria, aun cuando ni clase compartían, ella siempre tenía la oportunidad de hacerle una nueva fechoría.

Y en la adolescencia fue muy malo. Más que falta de seguridad, tanto acecho y tanto daño, la dejó sin autoestima. Criticada y rechazada por las que siempre fueron populares, las cosas no le daban nada de risa.

Pero esa es otra historia, una muy triste de contar. Más no perdamos las esperanzas, que la historia de ella acaba de comenzar. Además esta parte de su vida, a estas alturas del camino, ella ha superado.

La historia ha avanzado bastante y las cosas ahora son buenas. Ella aprendió hace años que nadie más podría hacerle daño. A la tal Isaura le ha rechazado todo, incluso la invitación de amistad en Facebook. Una situación hilarante, de no creerse que después de tantos años —y con tantos daños— ella pretenda buscar un contacto.

Y quizá no la ha perdonado, pero miedo ya no le tiene. Además por otros se ha enterado, que a Isaura no le ha ido tan bien, confirmando lo que su madre dijo: Al que hace mal, le va mal.

Y no diré que no le alegra saber de su malhechora las desdichas. Aunque eso la haga mala, saberla sufrir siempre le causa risas. Y es que ella se lo ganó. Es su premio a la mejor maestra, a la que le dio la oportunidad de ser resistente a los golpes y le enseñó a odiar.



Y pues sí, fui niña bullyeada (no sé como se escribe) y la verdad es que recordar es bastante malo. Pero ya pasó y de verdad que ya nadie me hace daño. Ahora soy bastante resistente y un poquitillo cruel U.U aprendí de la mejor. Lo de la solicitud de facebook es verdad o.O no me la creía y me reí de ella, luego la bloqueé.

Gracias por leer otra infortunada parte de mi vida. Parece que en cuestión de traumas tengo mucho que contar xD. 

Besos hermosuras,

52 RETOS DE ESCRITURA 2016¡Lee esta historia GRATIS!