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Reto 15

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Consigna: Describe un paisaje de tu ciudad que cruces a diario. Céntrate en lossonidos, olores y colores que ves.


DE TODOS LOS DÍAS

El inicio del camino no está nada claro. Dejando atrás las puertas del trabajo solo puedo concentrarme en respirar y dejar, cada metro del camino, un poco más de cansancio atrás.

Siete minutos en auto, después de que he salido, las cosas comienzan a tomar luz. Pero no la suficiente, aún es pronto para respirar profundo, quedan aún nueve o diez minutos a pie para terminar de sacudirme el resto del día de trabajo.

Pero al cabo de ese tiempo se encuentra esa esquina despintada y casi lúgubre que me hace sonreír. Yo sé que atravesar esa calle significa que estoy en casa. Pues, aunque me restan un par de calles para llegar, esas calles ya saben a mi hogar.

Iniciar la cuadra donde la mercería aguarda, con su característico olor a aromatizante de limón, con ese vapor alzándose desde el piso húmedo por el agua con que, seguramente, la chica de la mercería limpió sus estantes, con ese gris intenso —diferente al resto del asfalto debido al agua— me hace completamente feliz.

Se siguen los lotes vacíos y decorados al estilo muladar, donde toda la gente falta de cultura vial deja los desechos de lo que va cargando. Luego la casa de la señora Lucy, donde casi siempre el señor Chuy está sentado en la entrada mientras aromatiza el pórtico —y media calle— con sus cigarrillos.

Del otro lado de la acera no estoy segura que es lo que hay, nunca he visto más allá de lo que quiero ver, y yo doblo la esquina hacia la izquierda. Por eso no he prestado atención a lo que haya más allá de mi campo de visión.

Luego la tienda, esa tienda que le permite a toda la manzana escuchar lo que en la novela pasa, esa tienda cuyo amplio y refrescante espacio hace felices a muchos niños y, de vez en cuando, a mi goloso humor.

Se sigue la casa de Sandra después de un par de terrenos basurientos y con algunos güizaches que sobreviven por sí mismos.

Y la felicidad aumenta. Ya antes de doblar la última esquina, antes de llegar a mi casa, se alcanza a escuchar el jolgorio del parque frente ella. Se oyen los niños gritar, los silbatos anunciando el inicio o el fin de otro set de juego. El tráfico aumenta también, hay coches por doquier y ya ni hablar de personas.

¿A que huele?, huele a todo. Siendo cuatro y media de la tarde, cada casa por que pasamos desprende olor a comida. Soy ya una experta en descifrar que cocinó cada vecina.

Más mi casa es mejor. Tiene esa deliciosa sensación de frescura, ese aroma a tranquilidad, ese ambiente relajado casi en la oscuridad. Y claro que se nota oscuro, afuera es bastante deslumbrante; después de diez minutos al sol, el resto es oscuridad.

Pero solo es mientras mis ojos se habitúan, entonces las paredes vuelven a ser crema y no grises. Entonces todo es brillante, pero no destellante. Todo es normal. Como siempre es volver a mi casa, aún los fines de semana que no hay trabajo, que dejo la casa por mera vagancia, lo mejor es caminar esas calles que me llevan directo ella, a esa casa medio oscura y nunca silencia, esa casa que es mi hogar.


Y pues así es mi camino a casa. Mi paisaje favorito después de  horas de arduo trabajo, un paisaje que promete que, ahora que el trabajo terminó, las cosas irán tranquilas.

Gracias por leer. Besos hermosuras.

52 RETOS DE ESCRITURA 2016¡Lee esta historia GRATIS!