Capítulo 14

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Pesadillas


—Oye, esto sabe bien —, dijo Robin mientras comía una extraña fruta que se encontraba en unos arbustos cercanos. Madison la reconoció; cuando estaban en casa de Kaila les había ofrecido un poco.

—¿Sabes pescar? – le pregunto la morena a su amiga.

Esta negó y alzó una ceja:

—¿Tú sabes?

Madison sonrió y se acero a la orilla. Desde ahí fue metiendo sus manos al agua, en un intento por sacar los pescados que rondaban el área. Al principio Robin la dejo hacer lo que quisiera, pero después de unos minutos se decidió a hablarle con la verdad.

—Oye Madison, no creo que puedas sacarlos así.

—¿Por qué no?

—Bueno, para empezar no...

Sorprendida, Robin vio como la morocha, en un corto tiempo, ya había sacado del agua dos peces y los tenía en una cama de enormes hojas que había encontrado cerca. Ella no se quiso quedar atrás y siguió recolectando fruta, al tiempo que platicaba un poco con su amiga para pasar el rato.

—Este sitio sí que es... Diferente. Nunca espere encontrarme algo así ni en mil años...

—Sí. Estoy segura de eso —, el tono que uso Madison para hablar fue estridente y con matices claramente sarcásticos.

La castaña le dedicó una media sonrisa a la morocha y dijo.

—No lo digo de mal modo... Me gusta este lugar.

—Ahora, pero no creo que digas lo mismo cuando estemos en problemas—, suspiro su acompañante. — Este no es como tú mundo, y pronto van a descubrir que más vale no fiarse de él.

—Vamos, ya tuvimos un par de problemas y no nos fue tan mal... Por cierto, ahora que me acuerdo, ¿Por qué no saliste del agua tras nosotros? Elliot estaba seguro de que venías detrás, y cuando te vimos en el lomo de esas cosas estuvimos a punto de gritarle a Anna por ayuda.

La morocha dejo salir una pequeña risita y giró los ojos, lo que tomó Robin como una señal de que el humor de su amiga estaba en mejores condiciones.

— Es una historia vergonzosa...

—Confía en mí. No le diré a nadie.

Madison suspiró y resignada le dijo:

—La verdad... Es que no sé nadar.

La castaña parpadeó unas cuantas veces y después habló.

—No te creo que... ¿Hablas en serio?

La chica asintió y bajo la cabeza, a lo que Robin pasó un brazo por el hombro de ella y le dijo:

—No te preocupes, no se lo diré a nadie. Para eso son las amigas.

Después de un tiempo, Madison dijo:

—Espero que alcancen los peces porque ya me canse.

—Yo ya tengo suficiente fruta como para que Steve acabe con ella y le dé una indigestión —, dijo Robin entre risas que pronto acalló —, ¿Crees que Anna llegue antes del anochecer?

—Ojala. La verdad es que este lugar me da un poco de desconfianza; siento como si nos estuvieran observando.

Después de aquel comentario, las dos siguieron platicando por un tiempo. Se encontraban acomodando los alimentos que habían juntado, cuando llego a sus oídos un ruido extraño que provenía de la espesura de la selva. Entre la oscuridad de los arboles.

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!