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"Ya me aburrí de que siempre me estén molestando con lo mismo. Por Dios ¿Cuándo van a entender que cuando digo no es no? Por favor. No es tan difícil de comprender, simplemente cuando no quiero hacerle caso a un niño, es porque no me interesa..."


Con ese párrafo por escrito en su diario, Lilly cerró el libro y lo dejo en el cajón de su mesita de noche. Ya se le estaba haciendo tarde para ir a la escuela, y no podía llegar después de la hora. Sobre todo por que quien le daba matemáticas tres a primera hora, era el profesor Valdez. El director de la escuela.

Con una gran mueca de fastidio en su rostro, bajo las escaleras y salió de la casa, en donde su madre ya la estaba esperando, con el auto en marcha y lista para arrancarlo.

—¿Ahora por qué tan tarde Lilly? ¿Qué escusa vas a poner?

La jovencita le sonrió con ganas a su progenitora y suspiro.

—Fui al baño.

—Si, como no.

Con esa frase, su madre se puso en marcha y acorto las distancias entre ellas y la escuela de su hija.

—¿Y bien? ¿Ya conseguiste solucionar el problema con tu amiga? Esa que dijo que le querías robar al novio.

—¿Mimí? No. Le dije que quien me estaba buscando era Luis, pero ella sigue de necia que yo soy quien quiere algo con él.

—Ah, Lilly. Yo no entiendo porque no le buscas una solución a esto. En vez de estar soñando con tus cosas, deberías buscar un chico amable y bueno, para que le platiques tus cosas y dejes de pasar tiempo con los novios de tus amigas. Por eso se hacer los malos entendidos.

Lo último lo dijo la señora, con una mueca severa en su rostro. La mujer era madre soltera, y le costaba mucho trabajo sacar adelante a su hija y ver por la casa donde vivían.

Por ello, no quería seguir perdiendo el tiempo con cosas, que desde su punto de vista eran problemas típicos de cualquier chica de secundaria.

—¿Un chico que me escuche?

—Si Lilly. Deberías darle la oportunidad de conocerte, a alguien que no tenga ningún compromiso y que estés segura, pueda ser digno de tu confianza. Yo creo que así, los otros muchachos van a dejar de buscarte y tus amigas te volverán a hablar.

Su mamá quería decir, que conociera a alguien poco a poco y compartiera algo de ella con esa persona; pero la conclusión a la que Lilly llego, fue que necesitaba conseguirse un novio con urgencia. Quien fuera. Lo único que importaba es que tuviera uno, para que las chicas de su clase dejaran de aplicarle la ley del hielo, y volviera a tener amigas.

—Sólo piénsalo linda. Estoy segura de que debe de haber alguien en tu salón o en tu grado, que tenga los mismos gustos que tú tienes.

—Si ma, creo que voy a hacer lo que me dijiste. Voy a ir, y voy a encontrar a alguien que le guste lo mismo que a mí.

—Esa es mi chica. Ve con la frente en alto, y no dejes que ninguna de las muchachas se meta contigo mientras lo encuentras... Estoy segura de que lo conseguirás.

Aparcando en la fila para dejar a los muchachos en la secundaria, la señora le dio dos besos y su bendición a Lilly. Dedicándole una gran sonrisa, al tiempo que seguía sus pasos y veía que entrara a la escuela.

En el salón, Lilly dejo sus cosas sobre el pupitre y se sentó. Estaba dedicándoles un vistazo a varios de los muchachos que ya estaban ahí, contemplándolos y calificando, para ver cuál de ellos era apto para ser su novio temporal.

Una de sus amigas entro a la clase, y como siempre desde hacía unos días, no le prestó atención y tomo asiento en la parte de atrás. Aquella actitud en Mónica, hizo que Lilly por fin le pusiera una fecha límite a su búsqueda de novio.

Necesitaba encontrar a alguien simpático, pero que a la vez fuera bueno con ella y no se intentara propasar con sus intensiones. Y si se podía, que no estuviera de mal ver y que fuera de su mismo grado.

Claro que los primeros requisitos, descalificaban a la mayor parte de sus compañeros de segundo. Casi todos eran unos aburridos, que sólo les gustaba hablar de futbol y salir con sus amigos a cada rato.

Con ese pensamiento en su cabeza, se pregunto el por qué para sus amigas era tan importante tener un novio, sobre todo viendo la clase de chicos que abundaban en su grado. Ese era uno de los motivos, por los que necesitaba elegir al candidato idóneo.

No quería ser asociada con un bruto, que la exhibiera como si se tratara de un trofeo de campeonato.

Graciosamente, aquello le trajo a la mente la figura de Antonio.

Si había alguien que no se pareciera en nada a los otros chicos, ese era el pequeño Antonio. A pesar de ser más joven que todos ellos, les demostraba todos los días el por qué había sido promovido de grado hacia unos meses.

El chico era inteligente y considerado, pero como era uno de primero que se había saltado un grado, pocos eran los que se acercaban a conversar con él. La mayor parte, muchachos que no pertenecían a ningún grupo, o que no podían ser considerados populares con los demás.

Aquel chico siempre le pareció algo serio. Por eso se sorprendió tanto, cuando le regalo aquel libro y la caja de bombones con fresa, en san Valentín.

Una de las políticas de Lilly era no rechazar los obsequios que le daban, sobre todo en esa fecha. Sin embargo, la mayoría eran rosas y cartas, cosas que con el tiempo se iban desgastando y morían, al igual que el interés por ella.

Estaba consciente de que sólo la buscaban por cómo se veía. Nadie se acercaba a preguntarle como estaba, o le pedía la tarea o un consejo en algo. Ella era tratada como cualquier chica banal, y por eso le impacto tanto aquel regalo de parte del muchacho.

Al principio no esperaba mucho del libro, pero se sorprendió con creces. Aquella novela en verdad captó su atención. Era intensa, pero tenía un par de momentos en los que el autor, le permitía respirar con tranquilidad.

Por supuesto, los bombones tampoco fueron un regalo al azar. Aquellos dulces la hicieron sentirse como cualquier chica normal, sin tener que pensar en los kilos de más. Estaban muy ricos, y de verdad agradecía el gesto por parte de Antonio.

Con sorpresa, se pregunto qué pasaría si le diera una oportunidad al chico. Pero no una como su tapadera temporal, sino algo real entre ellos.

Desecho la idea de inmediato.

El muchacho no le había hecho nada malo, y era claro que sentía algo por ella. Aunque fuera una mínima parte, no le parecía bien jugar con él y con sus sentimientos.

No obstante, el decirle que si a alguno de los tontos del salón, le atraía aun menos.

Por eso, y tras meditar aquello toda la primera parte de la mañana, llego a la conclusión de que se acercaría a Antonio e intentaría hacerse su amiga, pero si veía que el comenzaba a apegarse a ella, entonces lo dejaría por la paz y se alejaría de el cuanto antes.

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