Capitulo 3.

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CAPITULO 3.

Llegamos al hospital y, corriendo y hablando con términos que yo no entendía, la llevaron a sala de urgencias. No me permitieron entrar allí por más desesperada y angustiada que me demostrara. Me senté en una hilera de sillas que había al lado de recepción. Me sentí sola y desconcertada, sin apoyo alguno. No sabía que podía pasarle, si era grave o si solo fue un “susto”. Simplemente no sabía nada, y lo único que podía hacer era sentarme a esperar. Intenté no llorar, pero definitivamente supe que algunas pesadas lágrimas caían sobre mis mejillas. Tapé mi cara con mis manos, totalmente triste y angustiada. Unos minutos más tarde, sentí que alguien se sentaba a mi lado, por lo que despejé mi cara y sequé un poco mis lágrimas. Una voz tranquilizadora y paciente hizo que por fin giré mi cabeza.

-Cariño, ¿tú eres hija de Brenda?-Era un hombre alto y delgado, muy buen mozo, con algunos rulos que salían de su cabeza. Tenía un aspecto muy simpático.

-Sí, soy yo.-contesté con voz temblorosa-Soy Sam.

-Hola Sam, yo soy el médico de tu mamá.-contesto con una sonrisa sincera-Puedes decirme Doc.

-Hola Doc.-digo intentando formar una sonrisa mientras le tiendo la mano.

-No hace falta que finjas una sonrisa, ¿sabes?-dice Doc un poco apenado-Quiero que sepas que yo también puedo ayudarte con lo que necesites.-continúa más animado, con una gran sonrisa-Puedes llamarme cuando quieras, o cuando te sientas sola también puedes venir y hablar conmigo. Quiero que sepas eso.

Era un poco extraño el hecho de comprobar que un simple médico me ofrezca ayuda cuando más lo necesitaba. Era raro, algo fuera de lo común en una persona normal. Quizás la gente en Londres era así de educada, o simplemente tuve suerte en encontrarme con alguien como Doc.

-Si es lo que me ofreces, seguramente lo tomaré.-respondí y él río.

-Eres muy simpática.-dice mientras me miraba fijamente-Ahora bien, debo decirte que paso con tu madre, ¿no?-Por cuestión de segundos, había olvidado eso. Era como si Doc me transmitiera cierta alegría, o más bien alivio.-Tuvo un pequeño paro cardíaco provocado por el tumor.-continúo poniéndose serio y endureciendo la voz.-Fue bastante grave, pero viendo la situación en la que esta fue solo un pequeño susto.

-¡¿Un paro cardíaco?!-dije gritando, desconcertada. Algunas personas se dieron vuelta para verme.

-Tranquila corazón, la estamos tratando con médicos de alta calidad.-contestó intentando calmarme.-Además, llamaste muy rápido al hospital y eso fue bueno. Debes saber que cuanto antes este cuidada bajo un médico mejor.

-¿Y cuándo empieza el tratamiento sobre el tumor?-dije brutamente, ignorando lo que él dijo antes.

-Debería empezarlo en dos días, pero ya que está aquí empezará hoy.

-¿Y cuándo puedo verla?-dije con los ojos brillosos.

-Bueno, aquí tienes la planilla en donde están los horarios de visita.-dijo mientras me entrega un sobre marrón alargado.-Hoy te dejaremos verla, pero solo unos minutos. Todo está indicado en ese informe. Seguramente de aquí a una semana cambia, todo depende del estado de Brenda.

-Está bien, gracias Doc.-digo ojeando el sobre.

-Ahora debo irme, tengo cosas que hacer.-dice él mientras hurgaba en los bolsillos de su delantal blanco-Ten, esta es mi tarjeta. Estoy a tu disposición, Sam.

-Gracias, enserio.-respondo tomando la tarjeta, él sonríe, se levanta y se va.

En ese momento, sentí que mi vida se estaba derrumbando de a poco. Mi mamá había tenido un paro cardíaco. ¿Y si yo no encontraba el número del hospital a tiempo? ¿Habría muerto ahí, en mis brazos? ¿Qué haría yo aquí sola sin ella, y sin ni siquiera un trabajo o plan de vida? Mi mente pensaba tanto que sentía que se prendía fuego.

Me levanté y me dirigí hacia el pasillo donde encaminaba hacia la sala de mi mamá. Al llegar frente a la puerta número 88, había un cartel que decía: “Terapia intensiva. Ingresar con médico autorizado o autorización.” El estómago me dio una vuelta. Encima de todo lo que pasaba mi mamá estaba en terapia. Genial.

Me senté en unos de los bancos en la sala de espera, obviamente, a esperar. Aún faltaban como dos horas según lo que indicaba la hoja dentro del sobre, así que, ¿qué podía hacer? Si hubiera estado con un gran humor, hubiera ido a caminar y recorrer la hermosa ciudad en la que estaba. Pero no, no podía ni quería. Necesitaba ver a mi mamá. Además, tenía tantos pensamientos en mente que ni siquiera sabía que pensaba en realidad.

Al cabo de 15 minutos de estar totalmente dentro de mí, un chico rubio con hermoso ojos azules se me acerca sigilosamente.

-Hey, ¿estás bien?-dice con una voz rasposa, pero seria a la vez.

-Em… S-s-sí, estoy bien-contesté balbuceando, saliendo de mi ensimismamiento.

-Tu rostro no dice lo mismo…-dijo en forma tierna. En ese momento, me di cuenta de que algunas lágrimas habían vuelto a surgir de mis ojos, y no entendía como no me había dado cuenta.

-Oh…-digo secando mis lágrimas rápidamente-No me di cuenta de que lloraba.

-¿Cómo alguien no se da cuenta de eso?-contesta él sentándose a mi lado y entregándome un pañuelo descartable.

-sonrío hacia abajo-No lo sé.-contesto y tomo el pañuelo para terminar de secarme bien la cara.

-Bien, si tú dices…-responde con aire despistado mirando hacia el techo-Por cierto, soy Niall.-terminó de decir muy amablemente con una sonrisa.

-Hola Niall, soy Sam.-contesto aún con la mirada apagada.

-¿Sam? Qué lindo nombre.-contestó alegre. Tenía voz soñadora, e irradiaba una positividad increíble.

-¡Gracias!-respondo aún más animada. No sabía por qué, pero él me generaba eso, buen humor.- ¿Y qué haces aquí?

-Oh… Lo mío es muy torpe. -dice mientras reía por lo bajo-Mi amigo Zayn se lastimó el tobillo jugando al fútbol. Louis y yo vinimos a que le hagan una revisión por las dudas, ya sabes.-Louis, Zayn… ¿Por qué de repente todos esos nombres se me hicieron conocidos?-¿Y tú?

-Bueno, yo…-no quería decirlo, por más amable y alegre que Niall sea seguía siendo un desconocido para mí. Pero, después de todo, hacer un amigo no estaría nada mal.-Mi mamá tiene cáncer, y viaje desde Argentina para ver si hay alguna cura.

-Él hizo una expresión de angustia y sorpresa, y luego contestó, apenado-: Lo siento, no debí haber preguntado.

-Está bien,-digo mirándolo fijamente con una sonrisa- lo lógico sería que me preguntes eso. ¿Y que más puedo saber de ti?

-Niall volvió a reír hacia abajo-Estoy en una banda, One Direction.

-¡Yo sabía!-exclamo algo orgullosa-Todos esos nombres eran conocidos de alguna parte…-Niall se angustió un poco al verme decir eso. Claramente, y sin mucho tiempo de pensarlo, me di cuenta de que no quería que lo tomen como “Niall de One Direction”, sino simplemente “Niall”. Que este en una banda famosa y conocida a mí no me presentaba ninguna inquietud, y mucho menos fanatismo. Así que, ya que yo estaba realmente sola y sin nadie, iba a asegurarme de tener un nuevo amigo.-Tranquilo, no voy a desesperarme por tener una estrella al lado mío.-continúo dándole una palmada en el hombro, haciendo que él se sintiera más relajado.-Hoy hiciste una nueva amiga.

-Él sonríe muy alegre, como si lo que hubiera dicho hubiera cambiado su vida entera, y luego dice-: Me alegra saber eso, gracias amiga nueva.

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